Hugo Daniel Curzel
Edición Impresa | 9 de Octubre de 2020 | 03:16
Su trayectoria como médico, fue ejemplar, pero quienes lo conocieron destacaron además que fue un profesional de valores y gran sencillez, un ser singular que supo ganarse el afecto en los distintos círculos sociales a los que se vinculó; por eso el fallecimiento de Hugo Daniel Curzel provocó numerosas muestras de pesar.
Nació en La Plata, el 11 de octubre de 1961, sus padres fueron Alcira Elena Paoli y Tomás Andrés Curzel. Cursó la primaria en la Escuela N°10 y la secundaria, en el Liceo Víctor Mercante. Después integró la Compañía “C” Talcahuano, clase 1961, del Regimiento 7, un ámbito en el que se hizo de amistades duraderas.
Luego ingresó a la facultad de Ciencias Médicas de la Universidad Nacional de La Plata, de la que egresó el 21 de noviembre de 1989. Más tarde se especializó en Clínica Médica, el 30 de junio de 2005 se convirtió en especialista jerarquizado y a partir del 14 de julio de 2010 fue especialista consultor.
Con relación a su vida profesional, desde 1990 fue docente en la Cátedra “B” de Medicina Interna de la Facultad de Ciencias Médicas de la UNLP y fue médico clínico del Hospital Naval Río Santiago, desde 1991 a 1997.
Desde 1990 fue médico del Servicio de Clínica Médica del Instituto Médico “Mater Dei” y director de la Residencia de Clínica Médica, a partir de noviembre de 2019.
Además fue jefe de Departamento Salud Ocupacional de la Dirección de Sanidad del Ministerio de Seguridad de la Provincia hasta noviembre de 2017, fecha en la que se jubiló.
Su experiencia profesional también lo llevó a desempeñarse como médico auditor de la Dirección de Bienestar de la Armada, desde 1994 y fue perito Médico en la Especialidad Clínica Médica de la Cámaras 1º y 2º de Apelación de la Provincia de Buenos Aires, desde 1995.
Cumplió el proyecto de formar su propia familia junto a María Laura Altamirano, con quien se casó el 8 de febrero de 1985; luego llegaron sus hijos María Cecilia, María Victoria, María Daniela, Hugo Martín y María Pilar y tuvo la alegría de convertirse en abuelo de Justina, Faustino y Salvador.
En el terreno deportivo fue simpatizante de Gimnasia y Esgrima; practicó Sipalki Do, disciplina en la que alcanzó el nivel sabon – equivalente a cinturón negro- y le gustaba andar en bicicleta.
En el tiempo libre también disfrutaba de los almuerzos en familia y cada domingo lo encontraba como un gran anfitrión de los asados.
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