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Guerra de guerrillas: cómo ganó el Oscar “Parasite” en la era Trump

El presidente odia los productos culturales extranjeros, los votantes de la Academia nunca habían premiado a un filme extranjero... A eso se impuso la cinta surcoreana

Guerra de guerrillas: cómo ganó el Oscar “Parasite” en la era Trump

El elenco de “Parasite” en los Oscar: en el medio, Miky Lee, la madre de la bestia

22 de Febrero de 2020 | 05:35
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“¿Qué tan mal fueron los premios de la Academia este año? ¿Por qué demonios hicieron eso? Ya tenemos suficientes problemas con Corea del Sur en el comercio. Además de eso, les dan el premio a la mejor película del año. ¿Fue algo bueno? No lo sé”: el monólogo es de Donald Trump, candidato al presidente más escandaloso de la historia, y su diatriba contra el cine “extranjero” y el triunfo de “Parasite” en los Oscar fue lanzada su durante un mitin de campaña el jueves en Colorado Springs.

Trump pidió “tener de vuelta algo como ‘Lo que el viento se llevó’, ‘El ocaso de una vida’, tantas películas excelentes”, en alusión a la era de oro de la industria estadounidense. “Vamos a recuperar Lo que el viento se llevó. ¿Podemos recuperar Lo que el viento se llevó, por favor?. Tantas películas geniales...¡Y la ganadora es de Corea del Sur! Pensé que era la mejor película extranjera”.

Y, en realidad, sus declaraciones no sorprenden, teniendo en cuenta que el presidente ganó las elecciones prometiéndole a los desocupados y subocupados de EE UU que los trabajos que las industrias extranjeras se habían llevado, volverían al país, enarbolando el eslogan “Estados Unidos primero”. Lo que sí sorprende, claro, es que “Parasite” se haya convertido en la primera cinta de habla no inglesa en ganar un Oscar, justo en tiempos de Trump.

Una hazaña que no fue fácil. Es cierto, Hollywood, de mayoría demócrata y valores progresistas, odia a Trump, y de alguna manera el clima político actual colaboró con las intenciones de “Parasite”: estaba la mesa servida para que la industria diera el ejemplo rompiendo muros (en lugar de levantarlos) y entregara su principal galardón a una película de otro país.

Pero, por otro lado, más allá del viento a favor que sopla en estos tiempos, la Academia es una institución profundamente conservadora: sus votantes, que promedian más de 60 años y que son en su mayoría blancos y hombres, volvieron a dejar afuera de la nómina de dirección a las realizadoras mujeres, que solo ganaron una vez, suelen discriminar a los actores y directores negros y, claro, nunca habían entregado su preciada estatuilla principal a un filme con subtítulos.

EL PODER DEL LOBBY

“Parasite” tenía que romper con estas “tradiciones”, y lo consiguió gracias a, según señaló esta semana el director del filme surcoreano, Bong Joon-ho, “una guerra de guerrillas”.

“Todas las candidatas hicieron lo posible para ganar un Oscar, pero nuestro equipo tuvo que librar una guerra de guerrillas con un presupuesto menor en comparación con los estudios de renombre y Netflix”, afirmó Bong desde Seúl: una mención curiosa teniendo en cuenta, claro, que la guerra de guerrillas fue la táctica utilizada por VietCong en Vietnam, para resistir al poderoso ejército estadounidense con muchas menos armas y recursos.

El director explicó cómo él y el actor Song Kang-ho, que interpreta al padre de la familia Kim en la película, tuvieron que realizar cientos de entrevistas y presidir cientos de proyecciones para promocionar la cinta durante los seis meses que duró la campaña de los Oscar. Un trajín espectacular pero que no sería en vano: Bong dijo que hacia el final de la promoción comprendió que así funciona la industria cinematográfica estadounidense.

La Academia es una institución conservadora: nunca habían premiado un filme extranjero

 

Y los propios votantes de la Academia le dieron la razón esta temporada, declarando antes de los premios que no habían visto varias de las películas en danza y que no habían nominado a Adam Sandler y Jennifer Lopez por prejuicio. Por eso, conseguir que la mayor cantidad de votantes vean la película era una de las claves, más teniendo en cuenta que se trata de un filme extranjero: los mismos que ningunean a Sandler seguramente no se hubieran molestado en verla y saltar ese “muro de un centímetro” que son los subtítulos en Estados Unidos.

La que diseñó la estrategia y sacó a pasear a Bong por el mundo, hasta agotarlo, fue Miky Lee: arma secreta de “Parasite” y la gran ganadora de la temporada de premios, la heredera del imperio Samsung y madrina de la globalización del k-pop enfrentó y ganó en el principal mercado cultural del mundo, que es también un territorio particularmente proteccionista.

QUIÉN ES MIKY

Miky Lee, el nombre “occidental” de Lee Mie-Kyung (un “apodo” occidental que denota la clase social, como cuenta, justamente, “Parasite”) es esa dama sonriente que habló en el escenario luego de que la película de Bong ganara el premio a mejor cinta. Su padre fue Lee Maeng-hee, hijo de Lee Byung-chul, el fundador de Samsung. Pero era una entre diez hermanos, y las disputas familiares y su divorcio (muy mal visto en la tradición coreana) la dejaron con un “vuelto” en la repartija: la procesadora de alimentos Cheil Jedang, rebautizada CJ, el aspecto menos lucrativo de la empresa.

El camino de CJ de distribuidora de alimentos a la mayor empresa de entretenimiento de Corea del Sur es sinuoso, y se desarrolló en los 90, en paralelo con la decisión de su país de producir y exportar cultura, según cuenta la leyenda, un asesor del Presidente surcoreano Kim Young-sam le explicó que las ganancias de “Jurassic Park” fueron equivalentes a la exportación de 60 mil automóviles Hyundai. Comenzó así una política expansionista que necesitó alianzas en el sector de la tecnología para producir las películas.

Samsung quiso imitar a la japonesa Sony y adquirir productoras estadounidenses en primera instancia (Dreamworks pudo haber sido de la empresa de tecnología) pero tras algunos años, Miky y su hermano Lee Jae-hyun se enfocaría finalmente en transformar la distribuidora de alimentos CJ en una empresa de entretenimiento, lo que marcó el inicio de la industria cinematográfica coreana moderna: en los primeros años del 200, CJ Entertainment estrenó las exitosas “Joint Security Area” y “Oldboy”, que encabezaron la nueva ola del cine coreano y comenzaron a colarse en el mercado internacional.

Fue también el inicio de un fenómeno que hoy copa las pantallas de Netflix, la televisión de aire y los canales de Spotify: la industria cinematográfica surcoreana produjo $1.61 billones de dólares en 2019, contra $370 millones de dólares registrados en 2004. CJ Entertainment, en tanto, obtuvo ingresos de $4 mil millones dólares en 2019 entre series de televisión, conciertos de k-pop y películas. Por eso, Miky lanzó desde el escenario del Teatro Dolby hace dos semanas: “Este triunfo se siente como un momento muy oportuno en la historia.

 

 

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