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Mabel Perelstein: murió la mezzo platense que conquistó el mundo

Víctima de coronavirus, dijo adiós en Madrid la artista formada en el Conservatorio, que cantó con figuras como Montserrat Caballé

30 de Marzo de 2020 | 06:05
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El coronavirus dejó ayer un gran vacío en la historia lírica de nuestra ciudad: la mezzosoprano Mabel Perelstein, formada en el Conservatorio Gilardo Gilardi y parte del coro estable del Teatro Argentino en su juventud, falleció a los 66 años víctima de la epidemia, tras desarrollar una exitosísima carrera en España que la llevó a compartir escenarios con artistas de la talla de Plácido Domingo, José Carreras y Montserrat Caballé, entre otros.

La mezzosoprano nació en La Plata, en 1954, “frente al Diario El Día”, recuerda Susana D’Agostino, vecina, amiga de la infancia y compañera en los tiempos en que frecuentaban el Conservatorio, donde estudiaron con Noemí Souza. Perelstein, alumna del Normal 2, había participado de varios coro vocacionales de joven, y estudió el profesorado de canto en el Conservatorio, donde la recordada Souza “la había adoptado como su alumna dilecta”, recuerda Carlos Iaquinta, otro colega que formó parte de su círculo íntimo en los últimos años. Para la destacada mezzo bahiense, Perelstein era “como su hija”, suma Ana María Ruggeri, amiga también de los días del Conservatorio, donde ya se percibía que “tenía una voz especial, sin lugar a dudas, era maravillosa”.

“Fue una cantante que llegó a los máximos límites que se pueden cantar en su registro de mezzo”, agrega Ruggeri, mientras que Luis Clemente, director del Coro Universitario y durante muchos años director del Coro del Teatro Argentino, cuenta que “tenía una voz muy importante, por el volumen. Y si bien era mezzosoprano, tenía una voz de mezzo con muchos graves, algo poco habitual”.

Pero, advierte el Maestro Clemente, “un artista no solo es la voz”: sus compañeros de aventuras en la juventud recuerdan a Mabel como una voz prodigiosa, pero también “muy estudiosa”, según D’Agostino, una mujer que entregó todo por su carrera.

“Tenía una alegría, entraba en el Conservatorio y era el centro de todo. Brillaba, siempre tuvo un brillo propio, tenía una personalidad arrasadora”, recuerda Ruggeri.

TALENTO Y TESÓN

Fue esa combinación de talento y tesón la que la llevó, en su primer año en el coro del Teatro Argentino, a ganar una beca para estudiar en la Escuela Superior de Canto en Madrid: muy joven, a fines de 1979 empacó las valijas y viajó con la esperanza de forjar una carrera internacional.

“Nos fuimos muy decididos a lo que queríamos hacer”, dice Carlos Sampedro, cantante e hijo del virtuoso violinista que también fue becado, y vecino suyo en aquel viaje a Madrid. Se suponía que tenía que ser un viaje de solo un año, para obtener el título de “Cantante Especializada en Ópera y Concierto”, pero Perelstein se quedaría allí el resto de su vida, perfeccionando los diferentes estilos con Christa Ludwig, Gina Cigna, Vera Rozsa y Mark Deller.

Dividiendo su actividad profesional entre la ópera, el recital y el oratorio, con un repertorio que abarcó desde el barroco hasta la música contemporánea, llegó a actuar en escenarios de todo el mundo, desde Japón y Australia hasta Estados Unidos y Puerto Rico, junto a los grandes nombres de la lírica, cantantes como Plácido Domingo, Alfredo Kraus, José Carreras, Montserrat Caballé, Mirella Freni, Mariella Devia, Renata Scotto, Ileana Cotrubas y Elena Obratzova, entre otros. Mientras, conocía a su futuro marido, también cantante y español, con el que se casó hace 36 años

Su carrera despegó enseguida: recuerda María de las Mercedes Bernal, compañera y amiga en aquel año que Perelstein pasó en el Argentino, que ya en su primera temporada en España fue parte de una ópera, “Otello”, donde compartió elenco con Plácido Domingo: con el tenor compartiría también algunas grabaciones, poniendo por ejemplo voz a Frasquita de “El Gato Montés”.

EL REGRESO

Perelstein regresaba fugazmente, entre temporadas, a la Ciudad, para visitar a sus afectos, y solamente se instaló temporalmente en La Plata tras su partida para cuidar a su padre antes de su muerte. Aunque algunos creían recordar una actuación de Perelstein en La Plata como favor a un viejo maestro, Oriente Monreal, que había dirigido el Coral Platense en la juventud de la mezzo, solo quedan registros de una sola actuación de la artista en su ciudad natal: en 2003, presentó “La hija del regimiento”, de Donizetti, en el Teatro Argentino, con dirección artística de Alicia Zanca y dirección orquestal de Fernando Alvarez. “Estoy totalmente conmovida y emocionada por cantar en mi ciudad, con mi familia y amigos entre el público, y con mucho afecto de la gente”, señalaba entonces la cantante, que antes solo se había presentado en el país con una puesta de ”Il Trovatore” en el Colón.

Por entonces, Perelstein ya comenzaba a sufrir algunos problemas de salud, y sospechaba, como lo contó a algunos miembros del elenco, que aquella podía ser la única oportunidad de cantar ante su gente. La mezzo sufría diabetes, y años después atravesaría un doble transplante de riñón, luego de que fallara el primer intento.

Pero “Mabel era una persona de un carácter muy fuerte, una luchadora, con un gran tesón y un gran talento. No tenía los mejores medios económicos, pero era muy trabajadora, una persona para admirar, que superó dos trasplantes de riñón”, recuerda Sampedro. “Siempre la luchaba como una leona”, agrega Ruggeri. “Siempre fue muy luchadora y enfrentó todo”, suma Clemente.

Los problemas de salud terminarían sin embargo por cortar una carrera muy importante. La mezzo se bajó de los escenarios, aunque, cuenta Iaquinta, “seguía dando clases en su casa, y daba clases magistrales en un conservatorio en Madrid: tenía muy buena reputación”.

Hace dos semanas, Iaquinta se había comunicado con ella en medio del avance del coronavirus en España: ella le había comentado que la situación en el país era terrible y que estaba preocupada, ya que sus problemas de salud la ponían en grave riesgo de contraer coronavirus (además de los comentados, Perelstein combatía ahora una leucemia).

Una semana más tarde, el 24 de marzo, Perelstein ingresó al hospital, y se comprobó que había sido infectada por el virus que le quitó la vida ayer por la mañana.

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