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“Alimentación inteligente”: las familias cambian rutinas a la hora de cocinar en cuarentena

Ahora se impone analizar qué comprar para saber cómo abastecerse también para los días en que no se saldrá a la calle. Qué estrategias ensayan y cómo organizan el “día a día”

“Alimentación inteligente”: las familias cambian rutinas a la hora de cocinar en cuarentena

“Cocinar es la diversión del día y sirve para que las chicas dejen de comer tantas galletitas en los desayunos y meriendas”. Morena y Olivia, hijas de Desirée y Sebastián Barrio Hipódromo

Por: Mónica Pérez
mperez@eldia.com

6 de Abril de 2020 | 01:25
Edición impresa

La amenaza del coronavirus no solamente produjo el aislamiento social, sino que también ingresó en los hogares para modificar algunas rutinas vinculadas a la forma de comer. Así, mientras algunas personas ansiosas, al no poder abrir la puerta de calle, lo hacen una y otra vez con la de la heladera, otras tratan de mantener los mismos hábitos de comida que antes de la cuarentena. De acuerdo a un relevamiento realizado por EL DIA, los nutricionistas opinan que no hay excusa para variar la alimentación y las familias consultadas indican que la razón por lo que más salen de sus casas es para comprar productos frescos y de almacén y lo hacen cada cuatro o cinco días.

A fuerza de tener que estar encerrados el mayor tiempo posible, aún en los hogares en los que no se hacían listas de alimentos, ahora se impone analizar qué comprar para saber cómo abastecerse en función de tener un menú posible para cada uno de esos días en los que no se piensa poner un pie en la calle.

Cuando Maite y Nicolás supieron que la cuarentena era algo inminente fueron a un hipermercado para proveerse de aquellos productos básicos que su familia consume todos los meses, pero reforzaron las cantidades de leche larga vida, aceite, arroz, fideos y productos de limpieza.

En su casa no variaron la forma de comer y hasta hacen planes de cocina para que sus hijas Lila - 11- y Jana -7- ayuden y de paso se entretengan. En cuanto a las comidas, Maite asegura que lo peor es que se repiten las propuestas porque no pueden salir a comprar como cuando se les ocurría cambiar de menú a último momento.

“En la verdulería o la carnicería hacemos compras un poco más grandes para que nos duren varios días o para poder freezar”, cuenta Maite desde su casa de Tolosa y agrega que también hace pedidos a una cooperativa de verduras que se los entrega a domicilio.

Las meriendas son uno de los momentos preferidos de Lila y Jana, pero en estos días de encierro se encontraron con que ya no les quedaban galletitas o dulces, sin embargo con tiempo y algunos ingredientes pudieron salir del paso y comer rico.

“Buscamos la manera de suplir lo que falta haciendo algo casero, como por ejemplo panqueques y si no tenemos dulce de leche, les ponemos azúcar o los hacemos salados; si nos falta manteca , hacemos pan casero o pochoclos para pasar el rato mientras vemos películas”, asegura la madre que respeta a rajatabla la decisión de salir de su casa cada cuatro o cinco días.

Hay hogares en los que sólo salen a comprar alimentos frescos cada cuatro o cinco días

Si bien para algunos ir al supermercado o a la verdulería es tomar contacto con el mundo exterior, no son pocos los que se angustian ante el hecho de no saber con qué precios se encontrarán, si habrá desabastecimiento de alimentos esenciales o si el almacén de cercanía habrá cerrado ante lo caótico del panorama. Eso es lo que le pasa a Aldana cada vez que tiene que traspasar el umbral de su casa y por eso busca las claves para consumir todos los alimentos en stock, aún aquellos que hasta hace unas semanas miraba de costado.

En ese marco, ahora ve programas de cocina y hasta se animar a elaborar con el resto de un guiso de arroz y algo de avena y huevo, una hamburguesa vegetariana. “Vivo sola con mi mamá y tratamos de no tirar nada de lo que nos sobra, odio tener que salir a comprar comida y no saber con qué me voy a encontrar”, dice desde su departamento de la zona de Plaza Moreno.

¿Hoy qué comemos? Es la pregunta que suele alterar a quien cocina, por eso programar las comidas parece ser la clave para no desesperarse. Ahora con tiempo de sobra para estar en casa, Ingrid y Daniel acordaron turnarse y cuando él que se encarga del almuerzo, ella hace la cena. Cada tres días salen a hacer una compra de carne, pollo, frutas y verduras, algunas cosas de almacén y de panadería. Pero después de eso, aunque descubran que se olvidaron de algo, evitan volver a la calle.

“Si una tarde llueve preparamos alguna torta frita, pero se trata de usar todo lo que haya en casa para no tener que hacer mandados”, resume Ingrid.

En esa familia de City Bell una de las cosas que se extraña es no poder entrar y salir cuando lo deseen para comprar eso que se les antoja comer.

“Ahora nos armamos una lista y hasta vemos el pronóstico del tiempo porque si va a llover el fin de semana, en lugar de asado hacemos unas pastas”, dice Ingrid que, en este nuevo esquema familiar que se impone por la cuarentena, opta junto a Daniel por ser más flexibles con todos los horarios.

En su casa de barrio Hipódromo, Desirée, Sebastián y sus hijas , Olivia -6- y Morena -13- dicen que la cuarentena les planteó otra manera de vincularse con la comida.

Si bien Desirée reconoce que nunca le gustó cocinar, ahora se anima a experimentar recetas con lo que tiene en casa y un producto que siempre ignoró olímpicamente, como es la harina, es de los ingredientes que no pueden faltar para “seguir haciendo cualquier invento”.

Las salidas a comprar productos frescos se hacen cada 5 días, pero Desirée reconoce que cuando se le van acabando algunos productos se pone muy ansiosa y siente la necesidad de salir.

“Cocinar es la diversión del día y sirve para que las chicas dejen de comer tantas galletitas en los desayunos y meriendas”, afirma.

En ese hogar se reconoce que los horarios son lo más disfuncional de la cuarentena y llegan a almorzar a las 5 de la tarde. “Los hábitos saludables se fueron al diablo, comemos muchos hidratos de carbono, pero lo que sí hacemos es cocinar todas las comidas del día, antes lo hacíamos una vez y para que sobrara “, cuenta mientras asocia ese “comer de todo” a los días de vacaciones.

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“En la verdulería o la carnicería hacemos compras un poco más grandes para que nos duren varios días o para poder freezar”. Maite y Nicolás con sus hijas Lila y Jana, Tolosa

“Cocinar es la diversión del día y sirve para que las chicas dejen de comer tantas galletitas en los desayunos y meriendas”. Morena y Olivia, hijas de Desirée y Sebastián Barrio Hipódromo

“Si una tarde llueve preparamos alguna torta frita, pero se trata de usar todo lo que haya en casa para no tener que hacer mandados”. Familia de Ingrid y Daniel, De City Bell

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