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Revista Domingo |LOS JÓVENES, CON LA VIDA AL REVÉS
Tendencia: la adolescencia en cuarentena

Ya llevan dos meses sin previas, ni boliches, ni juntadas. ¿Cómo la pasan? Para muchos especialistas, constituyen uno de los grupos más vulnerables por el aislamiento. El rol de los adultos a la hora de ayudar

Tendencia: la adolescencia en cuarentena

Los adolescentes extrañan el contacto físico con sus pares

24 de Mayo de 2020 | 06:24
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Dos meses de “aislamiento social, preventivo y obligatorio”. Tiempos en los que todo lo común y cotidiano cambió de un día para el otro sin saber aún cuánto va a durar, donde lo simple ahora es complicado, a veces prohibido, separados de amigos, con rutinas cambiadas. El aislamiento trae problemas, y uno de los grupos más vulnerables, aseguran los especialistas, es el de los adolescentes. ¿Cómo la están pasando?

Kevin, de 17 años, cuenta que con el aislamiento “estoy muy aburrido, la verdad que es muy nuevo todo esto. No me adapto. Me gustaba salir con mis amigos. Estoy siempre en mi pieza, salgo a comer con mis padres y después me vuelvo a meter. Ojalá que la pandemia pase pronto y todo pueda volver a la normalidad”.

Vera, de 15 , refiere que “para pasar los días hacemos “Netflix partys”, videollamadas, escribo, y la verdad es que tengo mucha tarea, lo que me ayuda a ordenar un poco las cosas. Me siento bien, tranquila, aunque es muy importante salir de casa, juntarme con amigos y otras actividades afuera. Tengo amigos que ya están teniendo problemas con la ansiedad. En mi caso con mis papás me llevo bien, la única discusión que tenemos es con el horario, me acuesto y me levanto tarde. A mis amigos les pasa lo mismo, vivimos al revés y eso les molesta a los padres”.

Olivia, también de 15 años, dice que “últimamente me siento muy bajoneada, extraño mi vida de antes. Me distraigo cosiendo, mirando series, pintando, escuchando música, pero no hago nada más. Con mis padres nos estamos llevando muy bien, charlamos bastante. No hablamos de sexualidad o consumo de alcohol, pero hablamos de otras cosas”.

LA VIDA AL REVES

Para los especialistas en adolescencia, “los adultos deben darles su espacio a los chicos de esta edad durante la cuarentena por la pandemia de coronavirus, dejarlos vivir “a contramano” y “acostarse a cualquier hora” para que puedan conectarse con sus pares con intimidad y, además, buscar compartir actividades con ellos y estar abiertos al diálogo, sobre todo si es una inquietud de ellos”.

Agustina Germade, psicóloga especialista en adolescentes, refiere que “en la adolescencia se necesitan espacios diferenciados y no compartidos con la familia. Es frecuente el cambio de horarios, que se viva a contramano de los demás en la casa para usar los espacios en momentos de silencios o tener la casa disponible para conectarse con sus amigos, ya que están todos encerrados por la cuarentena”.

“Que necesiten de este espacio -añadió- no quiere decir que la familia tiene que desaparecer, siguen siendo dependientes y necesitan de la familia presente. Pero hay que ofrecer terrenos para la charla y que no haya otros estímulos. Aprovechar un momento privilegiado para la comunicación como este, contarse algo del día, compartir frustraciones y enojos en esta situación, sin hablar con ellos desde un lugar “moralista”. El mayor padecimiento de los adolescentes no está en el aislamiento social, porque se genera un contacto por redes con amigos, sino más bien el padecimiento corporal, no estar cerca del otro. En la adolescencia es un momento donde se toma distancia corporalmente de los padres y se acerca a los pares”.

En la misma línea, Silvina Valente, ginecóloga y sexóloga clínica, resalta que “hay que buscar alguna actividad, un momento para compartir con un hijo adolescente. Hay que escucharlos, buscar acercarse a hablar, respetarle los tiempos y los espacios. Toda la vida la sexualidad fue un tabú. Los chicos no lo toman como algo tan natural para hablar con los padres. Se puede hablar de cosas puntuales como si saben del preservativo y cómo usarlo, si saben de los anticonceptivos, pero siempre hablar en base a lo que pregunten. El interés viene desde que esté habilitado el diálogo, lo importante es lo que le pasa a los chicos con esos temas, no a los padres.

Desde la Sedronar, en tanto, su titular, Gabriela Torres, señala que “los adolescentes están muy solos con lo que creen que es el consumo y lo que consumen. Es un tema que se habla poco, que entra en un cono de silencio. Es un tiempo donde con los adolescentes hay que empezar a comunicarse de otra manera. No con interrogatorios sino conocerlos, saber qué les pasa, cómo están. Compartir actividades, comentar algo, ver videos, ver qué les causa gracia, conocer la identidad de ese adolescente. Con la pandemia es un contexto difícil para los adultos, pero los adolescentes la pasan peor”.

La psiconalista especializada en niñas, niños y adolescentes Paula Sterren, explica por su parte que “una de las mayores incógnitas sobre la adolescencia en cuarentena es cómo están realizando uno de los trabajos psíquicos propios de esta etapa del desarrollo, que es la construcción de espacios extrafamiliares, ya que están recluidos con sus familias”.

“No solo la pandemia sino también el aislamiento obligatorio es inédito, y es difícil reflexionar sobre los efectos que tiene en los adolescentes. Y si bien uno puede pensar desde otras catástrofes que hayan interrumpido la vida social de forma masiva, tal como se está dando ahora no se había dado nunca antes”, agregó Sterren.

“La adolescencia -apuntó la psicóloga- es un momento donde uno de los trabajos psíquicos es construir lo extrafamiliar como una transición hacia la personalidad adulta: nos preguntamos qué nuevas formas puede asumir este proceso y cómo podemos acompañarlo o sostenerlo en esta circunstancia en que nos encontramos.Y en este proceso, la función de los pares es fundamental, pero como la interacción cara a cara se ve dificultada por la suspensión de la asistencia a la escuela, que es uno de los espacios donde el vínculo con los pares se va construyendo, esta situación impone o exige al adolescente hacerlo de otra manera. Parecería que la tecnología, como herramienta para los encuentros virtuales, puede ser una de las formas en que se pueden sostener esos lazos con los amigos, con los grupos u otras pertenencias que pueden tener”.

EL MIEDO AL CORONAVIRUS

Respecto a que es lo que puede producir el aislamiento social en los adolescentes, el doctor en Psicología Educacional e investigador principal del CONICET, Sebastián Urquijo, define que “tienen más miedos, enojo e incertidumbre, además del alto nivel de estrés que sienten en sus casas y que ven en las noticias. Sintonizan nuestros estados emocionales, perciben la exposición al coronavirus como una amenaza, aumentan sus niveles de ansiedad y aparecen en comportamientos desafiantes como enojarse, gritar o discutir, más que en llanto, tristeza o preocupación. Queremos saber lo que sienten, pero no les damos el ejemplo, no compartimos sentimientos o mentimos, tratando de mostrar una falsa seguridad que no se refleja en cómo estamos. Usamos lenguaje técnico para minimizar la angustia y la ausencia de emociones en las conversaciones, aumenta los niveles de ansiedad”.

Cabe destacar, por otra parte, que un trabajo reciente de investigadores italianos y españoles informó que el 85% de madres y padres notaron cambios en el estado emocional y el comportamiento de sus hijos y que el síntoma más frecuente fue la dificultad para concentrarse, seguido de aburrimiento, irritabilidad, inquietud, nerviosismo, sentimientos de soledad y preocupación. Todos pasaron mucho tiempo frente a pantallas, hicieron menos actividad física y durmieron más horas durante la cuarentena.

“Resultados de nuestra investigación en Argentina -señala el doctor Urquijo- indican que los más jóvenes tienen más depresión, ansiedad y afecto negativo que otros grupos de edad. Son los más afectados a medida que pasa la cuarentena. Mas de un 20% informó niveles moderados o graves de depresión al inicio y, dos semanas después, subió al 25%. No poder acceder a espacios abiertos empeoró los resultados. Y lo que más los preocupa son los cambios en su vida social”.

“Frente a esto -concluye Urquijo- ser auténticos y honestos sobre la incertidumbre y los desafíos de la pandemia les da permiso para que hablen de sus sentimientos. Muchas noticias y mucho tiempo ante pantallas, no son cosas buenas. Es muy importante pasar un rato al aire libre o hacer ejercicio. Si no se puede salir, ayuda mirar por la ventana, especialmente la luz del día. Las interacciones sociales por videoconferencias, teléfono, mensajes en línea son importantísimas y mejor, si son a la misma hora todos los días. Las siestas no hacen bien, nunca más de media hora. Evitar pantallas de noche, porque la luz azul inhibe la hormona que nos ayuda a dormir. Si se quejan y patalean por la falta de fiestas de cumpleaños, de previas, salidas y encuentros con amigos, es importante validar la tristeza y la frustración, reconocer las pérdidas, escucharlos con empatía y reconocer sus pensamientos, sentimientos y emociones, además de ayudarlos o promover que los exploren y comuniquen”.

 

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