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“La conquista de las ruinas”: destruir para construir el futuro

Esta noche a las 20, por Cine.Ar, un hipnótico documental recorre el camino de la destrucción a la construcción, y reflexiona sobre la expansión de las ciudades

“La conquista de las ruinas”: destruir para construir el futuro
13 de Agosto de 2020 | 09:00

Entre el documental y el ensayo, un puñado de personajes recorre el camino de la destrucción a la construcción, en ambos sentidos: el relato de “La Conquista de las ruinas”, que se estrena esta noche, a las 20, por Cine.Ar TV (repite el sábado, a la misma hora), va desde el extractivismo de la cantera y la detonación de cargas para llegar al corazón de la montaña, pasando por la construcción de altos edificios en las grandes urbes y la profanación de cementerios indígenas en manos de ambiciosos proyectos inmobiliarios, hasta el inmenso desierto patagónico y el rescate de restos paleontológicos de los animales que nos precedieron.

Se trata de una coproducción entre Argentina, Bolivia y España, rodada en blanco y negro y dirigida por el boliviano Eduardo Gómez, que reflexiona acerca del poder de destrucción y construcción del ser humano como depredador y al mismo tiempo arquitecto de su propia realidad. “Un documental que expone varias capas relacionadas a los efectos que derivan las construcciones y las maneras en que socialmente las hemos readaptado. Internamente, el documental descansa bajo una metáfora simple, que avanza paralelamente a toda la trama observable. El paso del tiempo, sobre la ley intrínseca de destruir para poder crear. Y la necesidad constante de reconstruirse, no sólo a través de lo vivo, sino también de lo perdido, de aquello que podemos llamar ruinas, y esto está expresado sobre todo por los personajes”, define el realizador.

La cinta, cuenta Gómez, nació cuando “me encontraba realizando una serie de fotografías fuera de la ciudad. Y en una ocasión ingresaron al bus dos obreros que habían salido recién del trabajo dentro una calera, que es un horno de calcinación de piedra caliza. Ambos obreros estaban cubiertos con el mineral blanquecino, producto de la trituración y diseminación de la piedra. Parecían fantasmas, los ojos los tenían irritados a causa de la polvareda dentro de estos ambientes. A partir de ese momento inició un proceso de investigación e interés en conocer estos trabajos que están en la base del extenso camino que lleva la construcción. También me interesó conocer de dónde provenía la materia prima y posteriormente, reconocer los efectos que tenía la masiva o descontrolada expansión de las construcciones”.

La película expone así de forma metafórica el complejo entramado que va desde la destrucción y la explotación de la mano de obra hasta fastuosos proyectos inmobiliarios y la expansión de las ciudades que borra las huellas del pasado, al punto de reducir las posibilidades de estudios antropológicos e incluso amenazar constantemente con imponerse sobre las tierras de las comunidades indígenas.

“El trasfondo del documental cruza todos estos contextos expuestos. El documental no sólo trata de exponer la transformación de algo material, de una piedra que termina convertida en un edificio, sino que también expone las manifestaciones de lo muerto, de aquellas creencias internas que tienen los personajes sobre lo inmaterial, pero que está presente, y que muchas veces es más real que la propia materia”, analiza el cineasta.

Pero a pesar de todos estos elementos teóricos, el filme es ante todo una experiencia hipnótica, marcada por climas suntuosos y pintada de blanco y negro: “Busqué en el tratamiento estético y visual una determinada atmósfera o clima”, refiere al respecto Gómez. “En el caso específico del documental, la cantera y la ciudad tienen definidos estos aspectos. Contraluces altos, simetrías determinadas por las luces y sombras, o donde la arquitectura expresa una sensación laberíntica equilibraba a la sensación de encierro y misterio de la cantera”.

El filme fue rodado durante ocho meses en Argentina y Bolivia, porque, cuenta el director, “se exponen los efectos que provoca la construcción masiva o acelerada de una ciudad: es por eso que el documental nace en Bolivia, porque puede observarse el crecimiento de una industria que cada día más incrementa su mancha urbana; y termina en Argentina porque si bien en Bolivia se está gestando esta aceleración, en Argentina ya se manifiestan sus efectos colaterales. Los paralelismos entre ambos países y contextos generan un debate de hacia dónde nos dirigimos con estas formas de expansión o modernización, si funcionan o no y qué consecuencias debemos estar conscientes de aceptar si vivimos en estos contextos”.

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