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Espectáculos |DEBATES
Sexualizadas y traumadas: el destino inexorable de las “lolitas”

La industria les ofrece fama, pero a cambio las vuelve objetos fetiche. Casi ninguna puede superar el estigma y la violencia

Sexualizadas y traumadas: el destino inexorable de las “lolitas”

Natalie Portman en "El perfecto asesino"

13 de Agosto de 2020 | 04:53
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“Abrí emocionada mi primera carta de un fan para leer una fantasía sobre una violación que un hombre me había escrito y un programa de radio inició una cuenta atrás hasta mi dieciocho cumpleaños, la fecha en que sería legal acostarse conmigo. Los críticos de cine hablaban en sus reseñas sobre mis pechos en ciernes. Entendí rápidamente, aún teniendo 13 años, que si me expresaba sexualmente, me sentiría insegura y que los hombres se sentirían con derecho a discutir y objetivar mi cuerpo para mi gran incomodidad”: el relato es de Natalie Portman, tiempo después de haberse convertido en una de las tantas menores de edad sexualizadas por la industria, tras su papel, con apenas 12 años, en “El perfecto asesino”.

Portman cargó con ese volverse objeto sexual, y tan temprano en la vida, que es común a las llamadas “lolitas” de Hollywood, e incluso era la señalada para ponerse en el papel de Dolores Haze en la adaptación de “Lolita” que realizó Adrian Lyne en 1997, cuando Portman tenía solo 16 años. La actriz declinó la oferta, buscando roles que la despegaran del papel de chica precoz que la había vuelto famosa.

Y el papel en la criticada cinta (se estrenó meses después del asesinato de JonBenet Ramsey, una reina de la belleza de seis años -hay un estremecedor documental en Netflix al respecto-, y el debate sobre la sexualización de los menores estaba muy presente) fue a parar a Dominique Swain, que ganó el papel en una audición de la que participaron unas 2.500 adolescentes, entre ellas Christina Ricci, Melissa Joan Hart y Jennifer Love Hewitt: Swain cumplió hace unos días 40 años y, como recordó un artículo de Eva Güimil en El País, su nombre ha sido olvidado mientras ella ha seguido el destino casi inexorable de todas las lolitas de la industria.

Un fenómeno que no es reciente, desde ya: la primera Lolita, Sue Lyon, protagonista de la adaptación de 1962 de la novela de Vladimir Nabokov, advirtió poco antes de morir que participar en esa cinta “me expuso a tentaciones a las que ninguna niña de esa edad debía ser sometida. Desafío a cualquier chica bonita a ser catapultada al estrellato a los 14 años y poder mantenerse en ese nivel de ahí en adelante”.

Swain y Lyon compartieron ese destino: catapultadas a la fama precoz y sexualizadas, pasaron sus días rodeadas de miradas lascivas, soportaron como pudieron las presiones de la fama temprana y, a la vez, fueron expuestas a todo tipo de sustancias. Sus carreras sufrieron: Lyon se casó con apenas 18 años por primera vez, realizó una serie de papeles menores en películas de bajo presupuesto y poco prestigio, y diez años después de “Lolita” trabajaba como camarera mientras sostenía un tórrido matrimonio con un ex convicto; Swain se entregó rápido a la bebida mientras en su carrera se sucedieron una serie de películas que explotaban su imagen de “lolita”, hasta que fue demasiado “grande” (ya había cumplido 20 años, después de todo) para continuar ejerciendo el rol y vio cómo su carrera se desmoronaba.

Los ejemplos son infinitos. Jane March protagonizó escenas de alto voltaje en “El amante”, interpretando a una adolescente de 15 años (tenía 19) y, encasillada por el papel, se desvaneció del medio tras interpretar otro thriller de alto voltaje erótico. Brooke Shields fue empujada de muy joven a actuar por su familia, y con apenas 13 años fue abordada por el cineasta francés Louis Malle, quien buscaba una niña para el papel protagónico de su polémica película “Pretty Baby”. El compromiso pactado con Malle fue permitir que la niña posara desnuda, a cambio de que su madre estuviera presente en el plató como supervisora. Su última película relevante data de dos años después: fue “El lago azul”, donde interpretaba, otra vez, a una jovencita que atraviesa su despertar sexual.

Casos emblemáticos de lo que es una costumbre en la industria del cine y la televisión: en las pantallas, las jóvenes se convierten en objetos fetiches, reduciendo todo valor a su sexualidad precoz. Como dijo Portman, el público sentía la libertad de opinar sobre sus cuerpos, algo que, desde ya, se ha disparado en el presente con la hipermediatización de las experiencias: redes sociales como Instagram impulsan a millones de jóvenes a replicar ese modelo hipersexualizado y precoz de mujer para ganar “likes” y atención.

En los albores del siglo, esa tendencia ya se vio en Argentina. Los realities ofrecían una especie de preámbulo del “mostrarse siempre y mostrar todo” de las redes sociales, todo por un minuto de fama, y por aquellos años, en 2002, debutó “SuperM”, programa dedicado a encontrar a la próxima supermodelo. De aquel envío fue parte Jazmín de Grazia, que con apenas 17 años se sometió al escrutinio de los jurados y de millones de espectadores: fue finalista e inició su carrera como modelo, un rol del que se quiso deshacer, sin éxito, durante el resto de su carrera. De Grazia moriría nueve años después de su paso por “SuperM”, ahogada en su bañadera tras ingerir una mezcla de cocaína y Rivotril.

Años después, Marcela Kloosterboer contaría que con apenas 15 años compañeros de elenco del doble o el triple de edad la abordaban con insistencia y pocos escrúpulos. También Malena Solda confesó que con apenas 20 años, tras su paso por “Montaña Rusa”, un director la convocó en un hotel “para hablar del personaje” a las 11 de la noche, una hora antes del momento fijado para el rodaje. Y, entre más casos, Antonella Costa contó que con la misma edad mostraron en un rodaje la escena sin editar donde ella se bañaba, en pleno set, que actor y director hablaban de “meterle mano” en las escenas delante de ella sin consultarle, y que incluso los extras aprovecharon una toma para manosearla.

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