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Revista Domingo |IMPACTOS PSICOLÓGICOS DEL COVID
Tendencias: languidecer, la nueva emoción que aflora en tiempos de pandemia

Es un término que se aplica para definir uno de los estados emocionales que provoca la situación del coronavirus, caracterizado por la falta de alegría y la ausencia de bienestar

Tendencias: languidecer, la nueva emoción que aflora en tiempos de pandemia
25 de Abril de 2021 | 04:00
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Con ya más de un año de pandemia encima, y mientras los científicos y médicos trabajan para tratar y curar los síntomas físicos del Covid, muchas personas están luchando con el largo recorrido emocional de la pandemia. Y sociólogos y psicólogos acuñan un nuevo término para definir un estado emocional que se está sintiendo como cada vez más marcado, el de la languidez, algo que no es agotamiento, ni depresión, sino una falta de alegría que en muchos casos hace perder el rumbo.

Los profesionales de la salud mental definen al languidecer como una sensación de estancamiento y vacío, un estado emocional que podría ser el dominante, pandemia mediante, en estos tiempos.

Es el vacío entre la depresión y la prosperidad: la ausencia de bienestar

 

“En psicología -explica el licenciado Adam Grant- pensamos a la salud mental en un espectro que va desde la depresión hasta la prosperidad. Florecer es la cima del bienestar, cuando se tiene un fuerte sentido de significado, dominio e importancia para los demás. La depresión es el valle del malestar, cuando el individuo se siente abatido, agotado y sin valor. La languidez es el hijo del medio descuidado de la salud mental. Es el vacío entre la depresión y la prosperidad: la ausencia de bienestar. No tiene síntomas de enfermedad mental, pero tampoco es la imagen de la salud mental, quien lo padece no está funcionando a plena capacidad. El languidecer embota la motivación, interrumpe la capacidad de concentración y triplica las probabilidades de que se reduzca el trabajo. Parece ser más común que la depresión mayor y, de alguna manera, puede ser un factor de riesgo mayor de enfermedad mental”.

En los primeros e inciertos días de la pandemia, el año pasado, es probable que el sistema de detección de amenazas del cerebro, llamado amígdala, estuviera en alerta máxima para luchar o huir. Y como aprendió que los barbijos ayudaban a protegernos, probablemente desarrolló rutinas que aliviaran la sensación de pavor. Pero la pandemia se ha prolongado y el agudo estado de angustia ha dado paso, en muchos casos, a una condición crónica de languidez.

El término fue acuñado por un sociólogo llamado Corey Keyes, quien se sorprendió de que muchas personas que no estaban deprimidas tampoco estaban prosperando en su vida diaria. Su investigación sugiere que las personas con más probabilidades de experimentar depresión mayor y trastornos de ansiedad en la próxima década no son las que tienen esos síntomas en la actualidad, sino que son las personas que languidecen en este momento. Y la nueva evidencia de los trabajadores de la salud pandémica en Italia muestra que aquellos que languidecían en la primavera de 2020 tenían tres veces más probabilidades que sus pares de ser diagnosticados con trastorno de estrés postraumático.

Según señalan los especialistas que estudian el tema, parte del peligro es que, cuando languidece, es posible que el paciente no note el embotamiento del placer o la disminución del impulso, no se sorprenda deslizándose lentamente hacia la soledad, y es indiferente a su propia indiferencia. Y cuando no puede ver su propio sufrimiento, no busca ayuda ni hace mucho para ayudarse a sí mismo.

ESTRATEGIAS PARA GANARLE A LA LANGUIDEZ

Los psicólogos encuentran que una de las mejores estrategias para manejar las emociones es nombrarlas.

En Estados Unidos, durante la primera y aguda angustia de la pandemia, la publicación más viral en la historia de Harvard Business Review fue un artículo que describía el malestar colectivo como dolor. Junto con la pérdida de seres queridos y la pérdida de la normalidad, la palabra “dolor” ofreció un vocabulario familiar para comprender lo que se había sentido como una experiencia desconocida.

“Todavía tenemos mucho que aprender sobre las causas de la languidez y cómo curarla – señala Grant - pero nombrarla podría ser un primer paso. Podría ayudar a desempañar nuestra visión, dándonos una ventana más clara a lo que había sido una experiencia borrosa. Podría recordarnos que no estamos solos, ya que languidecer es algo común y compartido”.

“El languidecer embota la motivación, interrumpe la capacidad de concentración y triplica las probabilidades de que se reduzca el trabajo.

Adam Grant,
licenciado

 

“Un concepto llamado “flujo” -señala el especialista – podría ser un antídoto para languidecer. El flujo es ese estado esquivo de absorción en un desafío significativo o un vínculo momentáneo, donde el sentido del tiempo, el lugar y el yo se desvanecen. Durante los primeros días de la pandemia, el mejor predictor del bienestar no era el optimismo o la atención plena, era el flujo, y las personas que se sumergieron más en sus proyectos lograron evitar languidecer y mantuvieron su felicidad prepandémica”.

Si bien encontrar nuevos desafíos, experiencias agradables y un trabajo significativo son todos los posibles remedios para la languidez, es difícil lograrlo cuando se pierde la concentración. Es por eso que los especialistas recomiendan concentrarse en pequeños desafíos.

“La pandemia fue y es una gran pérdida -señala Grant- por lo que para trascender la languidez, es bueno comenzar con pequeñas ganancias, como el pequeño triunfo de descubrir una novela o jugar juegos con amigos, ya que uno de los caminos más claros para fluir es una dificultad simplemente manejable, un desafío que amplíe habilidades y aumente la capacidad de resolución, lo que implica dedicar tiempo diario para concentrarse en un desafío que importe, un proyecto interesante, una meta que valga la pena, una conversación significativa. A veces es un pequeño paso para redescubrir parte de la energía y el entusiasmo que se ha perdido durante todos estos meses, ya que la languidez no está meramente en nuestra cabeza, sino también en nuestras circunstancias”.

“Hay mucho que aprender sobre las causas de la languidez y cómo curarla”

 

“Todavía – concluye Grant - vivimos en un mundo que normaliza los problemas de salud física pero que estigmatiza los problemas de salud mental. Pero a medida que nos adentramos en una nueva realidad pospandémica, es hora de repensar nuestra comprensión de la salud y el bienestar mental. No deprimido no significa que no se esté luchando contra la depresión; no quemado no significa que se esté encendido. Al reconocer que muchos de nosotros estamos languideciendo, podremos empezar a dar voz a la desesperación silenciosa e iluminar un camino para salir del vacío”.

 

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