Estimado lector, muchas gracias por su interés en nuestras notas. Hemos incorporado el registro con el objetivo de mejorar la información que le brindamos de acuerdo a sus intereses. Para más información haga clic aquí

Enviar Sugerencia
Conectarse a través de Whatsapp
Buscar
Dólar Oficial $104,88
Dólar Ahorro/Turista $173.05
Dólar Blue $187,50
Euro $120,94
Riesgo País 1639
Policiales |El caso que tiene movilizado a Brandsen
Juicio al Pochoclero: “Verlo me lleva al pasado, pero es hora que esto se termine de una vez”

Lo dijo Samanta Nagode, una de las mujeres que acusó a Daniel Elizalde de abuso. No lo juzgan por eso, sino por atacar a su madre

Juicio al Pochoclero: “Verlo me lleva al pasado, pero es hora que esto se termine de una vez”

Gabriela, samanta, su hermano, molina y gascón, en el dia/d. ripoll

19 de Septiembre de 2021 | 03:15
Edición impresa

Samanta Nagode tiene ahora 33 años y es una de las tres mujeres que denunciaron por abuso sexual a Daniel Elizalde, conocido como el “pochoclero de Brandsen”, cuando ellas tenían entre 8 y 12 años. Elizalde está preso y desde el jueves pasado es juzgado por el Tribunal Oral V de La Plata, aunque no por aquellas tremendas acusaciones, sino por lo que pasó el 16 de abril de 2017 frente a la comisaría del pueblo, cuando atacó a “batazos” a los padres de Samanta. La madre, Gabriela de Gaetano, casi muere. En este tiempo clave, ellas dos mantuvieron una larga charla con EL DIA, de la que también participaron Romina (otra de las denunciantes por abuso), el hermano de Samanta y los abogados que representan a su familia, Miguel Molina y Alfredo Gascón.

“Verlo (en el juicio) me lleva al pasado, pero la expectativa es que esto se termine y pueda soltar; porque es pasado y quiero que no duela más”, dijo Samanta.

A ese día en que casi muere, Gabriela lo revive de a retazos. Recuerda, por ejemplo, cuando abrió la puerta de su casa y escuchó a su hija hablar por teléfono y llorar como lloraba “cuando me contó de los abusos”. La chica no llegó a explicarle que su marido había tenido un incidente con Elizalde un rato antes y que iban a la comisaría a denunciarlo; no hizo falta. Los padres de Samanta la acompañaron allí. “Al llegar vi a este individuo con un bate de beisbol”, recuerda Gabriela, como recuerda a Elizalde diciéndole “te voy a matar”. Después, silencio. La mujer pasó un mes internada, aunque las primeras 24 horas fueron críticas y Samanta no se movió de su lado.

“Volví a ser una nena”, dice Nagode, “tuve la sensación de perderla” y “no vi ni a mis hijos”. Samanta es mamá de dos nenes de 10 y 13 años que están al tanto de todo: “No me gusta ocultarles nada”, explica.

El terror a que sus padres murieran (ese día el padre sufrió también heridas) está directamente conectado con las amenazas que Elizalde le habría lanzado durante todos estos años. “Siempre amenazaba con matar a nuestros papás”, ratifica Romina.

Las secuelas del ataque con el bate todavía persisten. De Gaetano, por ejemplo, perdió definitivamente el gusto y el olfato, condición que ha puesto en peligro su vida y la de su familia, como aquella vez que no registró que estaba incendiándose su casa.

El juicio contra Daniel Elizalde comenzó el jueves y está previsto que termine el miércoles

Elizalde enfrenta cargos por “tentativa de homicidio, lesiones y coacción agravada” contra una de sus denunciantes. La defensa pidió que en el juicio no se ventilen las acusaciones de abuso, pero el TOC V avaló la postura del particular damnificado, para que eso ocurra.

“Es imposible no explicar el origen del conflicto”, argumentó Molina. “Les pegó porque iban a denunciar los abusos”, apunta Gascón.

Las mujeres que acusaron al “pochoclero” son tres, y aunque “se habla de cinco casos”, lo concreto es que los judicializados (ya prescriptos) ocurrieron hace 20 años, entre los 8 y los 11 años de las chicas.

“A todas nos preguntaba cuándo nos hacíamos señoritas”, recordó Romina, “cuando yo le dije que sí, no me tocó nunca más”. Sin embargo, “a las víctimas las coaccionaba y mantenía bajo amenazas a lo largo de los años”, insiste Molina, convencido de que el imputado es “un matón” y no sólo con las mujeres que lo acusaron de abuso.

“Yo era delivery”, cuenta el hermano de Samanta, “y cada vez que me cruzaban (apunta a Elizalde, a su esposa y a los hijos de la pareja), me bajaban de la moto y me pegaban. Yo los he corrido con el casco en la mano hasta la comisaría, pero ¿sabés qué me decían?: ‘pasá por otro lado’”. Y hay más: “Yo me tuve que ir de dos escuelas para no tener de compañeros a los hijos (de Elizalde)”, agregó el joven.

Pese a todos los aprietes, la familia Nagode y las de las otras jóvenes, se quedaron en Brandsen y ahora, con el paso del tiempo, se sienten respaldadas por sus vecinos. “No nos vamos a ir de nuestro pueblo; no sería justo”, resalta Samanta. Romina no podría estar más de acuerdo: “No somos nosotros los que tenemos que irnos. Ellos deberían tener vergüenza”.

Gascón no pasa por alto el cambio de época y de legislación: “En el momento en que se hicieron las denuncias estaba instalado eso de que era difícil probar los dichos de la víctima; ahora todo evolucionó”. Gabriela recuerda que cuando su hija le contó lo sucedido llamó a la casa de Elizalde y la atendió su mujer: “Me dijo que mi hija lo provocaba”, deslizó, indignada.

Según figura en las denuncias, el acusado se acercaba a las familias de las víctimas para tener acceso a ellas. Ahora “queremos justicia, que esté preso y vivir tranquilos. Ya padecimos demasiado”, cerró Samanta..

 

Las noticias locales nunca fueron tan importantes
SUSCRIBITE

+ Comentarios

Debe iniciar sesión para continuar

cargando...
Básico promocional
Acceso ilimitado a www.eldia.com
$30.-

POR MES*

*Costo por 3 meses. Luego $305.-/mes
Mustang Cloud - CMS para portales de noticias

¿Querés recibir notificaciones de alertas?

Para ver nuestro sitio correctamente gire la pantalla