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Información General |EL ARTE, EN el foco
Cultura de la cancelación: critican a “1984” y se reabre el debate por la objeción cultural

Una universidad británica cuestionó aspectos del libro de George Orwell y reactivó la discusión en torno a lo que el mundo artístico debe mostrar y revisar de sus propias obras

Cultura de la cancelación: critican a “1984” y se reabre el debate por la objeción cultural

¿Orwell cancelado? Una mirada sobre su novela reavivó el debate

27 de Enero de 2022 | 04:10
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En un nuevo capítulo de las polémicas cancelatorias en el campo de la cultura, la Universidad de Northampton de Reino Unido emitió un aviso de advertencia a la lectura de la novela “1984” de George Orwell y sostuvo que incluye “material explícito” que algunos estudiantes pueden considerar como “ofensivo y molesto”, un gesto que generó una gran polémica entre los críticos, quienes argumentaron que precisamente la novela, considerada una de las más importantes del siglo XX, es una crítica a ese tipo de acciones.

Los estudiantes que cursan la materia “Identidad bajo construcción” fueron prevenidos por el programa de que la materia “aborda temas desafiantes relacionados con la violencia, el género, la sexualidad, la clase, la raza, los abusos, el abuso sexual, las ideas políticas y el lenguaje ofensivo”. En esa advertencia, señalan la obra de Orwell y, además, otros libros que también puede resultar “ofensivos y molestos”, como “Final de partida” de Samuel Beckett o la novela gráfica “V de vendetta”, de Alan Moore.

“Somos conscientes de que algunos textos pueden ser desafiantes para algunos estudiantes y lo hemos tenido en cuenta al desarrollar nuestros cursos”, aclaró la casa de estudios en un breve comunicado.

Polémica

La decisión de la universidad generó polémica en Gran Bretaña y fue una nueva instancia de los debates por la cancelación en distintas áreas de la cultura y la educación. El parlamentario Andrew Bridgen se pronunció sobre la medida en el diario Mail Online: “Hay una cierta ironía en que los estudiantes de ahora reciban avisos previos a la lectura de 1984. Nuestros campus universitarios se están convirtiendo rápidamente en zonas distópicas del Gran Hermano donde se practica la ‘neolengua’ (término utilizado por el propio Orwell en su novela) para disminuir el rango de pensamiento intelectual y cancelar a los hablantes que no se ajustan a él”, sostuvo.

Lo que intenta esta cultura de la cancelación es negar al sujeto histórico

Por su parte, David Taylor, biógrafo de George Orwell, argumentó que “si bien los adolescentes pueden encontrar alguna de las escenas de la novela como perturbadoras, nadie en edad universitaria puede sorprenderse por el libro”.

EN DEBATE

Cancelar o impugnar determinada voz cuando genera incomodidad o rechazo se ha convertido hoy en una marca de época, surgida muchas veces del debate en las redes sociales. La operación de traer al presente un episodio pretérito para desacreditar una obra incómoda por sus formulaciones o por los posicionamientos personales de quien la suscribe, es solo una de las variantes del fenómeno cancelatorio. Se puede ser incorrecto a través del pensamiento pero también por un género o color de piel: tiempo atrás Marieke Lucas Rijneveld, la persona holandesa que se define como no binaria y que cobró notoriedad al ganar en el 2020 el International Booker Prize, se retiró de un proyecto para traducir el trabajo de la poeta afroamericana Amanda Gorman tras las reacciones violentas generadas por la crítica de una activista para quien la traducción debía estar en manos de un especialista de raza negra como la autora.

En tren de sumar ejemplos también se podría citar el caso -comentado y ridiculizado en las redes- de la harina Blancaflor, firma que el año pasado decidió quitar de su paquete a la clásica “negrita” que formó parte del logo durante medio siglo.

Un paso más allá del imperativo de acompañar un pensamiento con una vida privada libre de actos cuestionables o ideológicamente inaceptables -como podrían ser examinados los posicionamientos próximos al nazismo de Louis Ferdinand Céline o en su momento el propio Günter Grass,- se suma por estos tiempos una nueva demanda que exige ajustar los comportamientos de los personajes al ideario de su creador o creadora. Así, el autor de la obra y su protagonista deben reflejar el credo bien pensante de la mayoría.

¿Se puede escribir, pintar o componer desde un imperativo moral? “Toda intervención política hoy de un artista, ya sea en un libro, en redes o en una nota periodística, es un riesgo. Por eso valoro tanto a los artistas o escritores que lo hacen de verdad, no para subrayar lo subrayado y estar con las causas ganadas. Y por supuesto que no se le puede exigir moralidad a un artista ¿Qué hacemos con Joyce, con Dostoievski , con Céline? -se pregunta la escritora Ariana Harwicz-. ¿Por qué se ataca el arte? Porque atacando el arte se ataca el imaginario y nada más fuerte y poderoso que el imaginario de una época. Pensamos a través de ellos”.

La escritora radicada en Francia debutó en la literatura con “Matate, amor”, una novela sobre la maternidad que le valió la nominación al prestigioso premio Man Booker International pero que paradójicamente le genera el bloqueo de su cuenta de Twitter cada vez que pretende mencionarla, ya que para esa red social el título funciona como una “incitación” a la autolesión.

“Lo que intenta esta cultura de la cancelación es negar al sujeto histórico, trata de negar eso. Me parece una iniciativa de la negación que se inscribe en sociedades capitalistas y negadoras que dicen que las dictaduras o Auschwitz ya pasaron y damos por cerrados los procesos históricos como si se tratara del capítulo de un libro, como si los sobrevivientes de los campos de concentración no se siguieran suicidando o los hijos de desaparecidos de la última dictadura teniendo pesadillas y traumas”, plantea.

“escrache fascista”

El escritor y crítico Daniel Molina, por su parte, opina que “la cancelación es hija del escrache fascista que inventaron los militantes que seguían a Mussolini hace un siglo para aterrorizar a cualquiera que se pusiera en su camino hacia el poder. Y el escrache fascista es hijo de las hogueras de la Inquisición medieval. Es una misma familia de violencia: siempre según el estilo de la época. Se escracha, se quema o se cancela a los ‘enemigos’ religiosos, culturales, morales, políticos (o todo esto junto, por lo general)”.

Para Harwicz, “cultura de la cancelación es de por sí un oxímoron, una contradicción que marca un eje de marketing, mejor dicho, la semántica del horror del marketing en la cual vivimos. Acá en Francia la irrigación y la sumisión a lo que irradia Estados Unidos es total, igual que en Inglaterra, Alemania, España, Italia o los países de Europa del Este: la lógica ideológica es la misma. No hay más Muro de Berlín, no hay más Guerra Fría. Entonces, el poderío de la cancelación es caprichoso, diabólico y se muerde la cola, porque muchos de los que gritan y cancelan a otros son a su vez luego cancelados”.

 

 

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