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Información General |Sus vivencias en el Hipódromo de La Plata y más allá
Jocketas: cuando la pasión por competir puede más que los obstáculos

Las historias de María Scaldaferri, Romina Villegas y Andrea Marinhas. Cómo se abrieron camino en un ambiente marcadamente masculino hasta destacarse en las carreras de caballos

Jocketas: cuando la pasión por competir puede más que los obstáculos

Romina Villegas, la promesa tucumana que nació “entre las patas de un caballo”

Camila Moreno
Camila Moreno

26 de Noviembre de 2022 | 01:39
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Los caballos cruzaron el disco y entre los gritos de la tribuna se oyó a un curioso que preguntaba asombrado quién era el jockey que montaba al ganador. En ese mismo momento María se quitó el casco, desplegó la melena que mantuvo oculta durante toda la carrera y reveló su identidad para la desilusión del curioso que balbuceó enojado “ah era la chica”. Ella sólo río y disfrutó un nuevo triunfo y la oportunidad de demostrar, una vez más, de qué estaba hecha.

Desde la irrupción de Marina Lezcano en el turf en la década del ‘70, considerada la mejor jocketa de la historia, las mujeres se fueron abriendo espacio en la escena del deporte, pero aún hoy son muy pocas las que tienen lugar en la disciplina. Tal es así que en su página el Hipódromo de La Plata exhibe el ranking de los jockeys que participaron de todas las carreras que se realizaron durante 2022, en total fueron 114 corredores de los cuales solo 9 eran mujeres.

Pero en el pelotón de los primeros 15 resalta el nombre de una mujer, ella es Romina Villegas, una jocketa tucumana que se radicó en La Plata hace algunos años y supo instalarse como una promesa del deporte nacional.

“Nací entre las patas de los caballos”

“Prácticamente nací entre las patas de los caballos”, aseguró Romina, quien proviene de una familia compuesta por jockeys y cuidadores. Pero el principal pilar en sus inicios fue su hermano José, él le enseñó a montar sus primeros pura sangre y la motivó para que se convierta en jocketa.

Así dio sus primeros pasos en el deporte y ante la falta de caídas del caballo, la vida le tenía preparada una serie de duros golpes. Primero sufrió la pérdida de su hermano José, su gran compañero, quien se quitó la vida hace 11 años. Luego le siguieron las muertes de su padre Ángel y su madre Antonia. Pero ante la adversidad, Romina elige quedarse con los buenos recuerdos, como su debut victorioso en San Isidro, el que pudo festejar junto a su madre que había viajado para la ocasión y el acompañamiento a la distancia de sus otros dos hermanos, también jockeys retirados.

El turf es un “ambiente muy lindo pero complicado para la mujer”, reconoce Romina y calcula que del total de corredores un 90 por ciento son hombres y sólo un 10 por ciento son mujeres, que deben lidiar con los prejuicios dentro de los hipódromos.

María Scaldaferri, la joven que escondía deliberadamente su cabellera bajo el casco para que no notaran que era mujer, también arrancó su carrera ligada a su padre, pero a regañadientes de este. Él fue el que la llevó de pequeña a los studs de sus amigos en su Pergamino natal, pero en el momento en el que notó su interés en ser jocketa intentó disuadirla y la anotó a salto ecuestre, para que optara por otro deporte ligado a los caballos que tanto le gustaban, pero esa no fue una gran idea ya que ella aún hoy recuerda cuánto “odiaba” esa disciplina. Finalmente convenció a su papá y a los 14 años comenzó a llevarla al hipódromo de La Plata, donde le daban la posibilidad de trotar los caballos.

Los salarios y las oportunidades

A diferencia de lo que ocurre en otros deportes, en el turf tanto mujeres como hombres perciben el mismo porcentaje de las ganancias, pero el problema radica en la falta de oportunidades para correr. Las jocketas indicaron que bajo ciertas excusas suelen ser marginadas y no son elegidas para correr, lo que las deja sin ganancias.

“Si no sos un jockey de renombre, tenés que galopar unos cuantos caballos gratis para el entrena dor que querés que te dé una oportunidad. El problema llega cuando después de haber trabajado no te tienen en cuenta. Es injusto, porque nadie vive del aire”, aseveró María y sentenció que para las mujeres “la gran mayoría de las veces eso no existe, ni siquiera la chance de poder demostrar” sus condiciones.

Uno de los fundamentos en los que se basa esta discriminación es el de la fuerza, “pero a veces no es cuestión de fuerza sino de ser baqueano arriba de un sangre pura de carrera”, manifestó Romina.

Para María se trata de un “estereotipo mal formado”, ya que si “vamos a ser lógicos, esto no es boxeo, ni lucha libre. No es cuerpo a cuerpo. Hay que tener fuerza, sí, entre otras cualidades, pero no es empleada de la misma forma al tener un medio que es el caballo. Más aún, un ser vivo que decide cómo y cuándo reaccionar”.

Andrea Marinhas es una corredora con experiencia en el circuito, debutó hace 26 años y se encuentra próxima a romper el récord de 613 victorias que ostenta Lucrecia Carabajal. Ella compartió la mirada de sus colegas en torno a que “los hombres tienen más oportunidades que nosotras”, aunque reconoció que a pesar de eso tuvo “mucha suerte” y pudo trabajar con “grandes entrenadores, grandes caballerizas y montar muy buenos caballos”.

Las familias del turf

Los inicios de las tres jocketas en el turf se dieron de la misma manera, acompañadas por sus familias. Andrea tenía sólo 6 años y ya se subía a caballos de andar; en esa época comenzó a acompañar a su padre a las carreras que se realizaban en la provincia de Córdoba, de donde es oriunda.

A los 13 años, montaba caballos de carrera y antes de cumplir los 15 debutó en el hipódromo de Villa María. “Mi primer triunfo llegó rápido, fue en el hipódromo de Bell Ville, mi ciudad natal y con ‘El Monterito’, un caballo que me había comprado mi papá”, relató Andrea y enunció la fecha que guarda en su memoria, “fue un 24 de noviembre de 1996”.

Aparte de su papá y hermanos, el abuelo paterno de Romina, Bienvenido Villegas, también corría y cuidaba caballos, al igual que su tío materno Alberto Chirino. En la actualidad en Tucumán su primo Carlitos también ejerce como cuidador.

María también mamó el turf desde pequeña. Además de criarse en los studs de los amigos de su familia, su recuerdo más lejano viene de cuando tenía solo un año y medio “como no teníamos cable, mi papá nos pasaba una y otra vez un videocasette documental sobre Ricardo Retrivo y otro jockey más de la calle, en el que los nombraban como los mejores del país en cuadreras”, relató.

Deporte peligroso

En plena carrera los caballos llegan a una velocidad de 60 kilómetros por hora, por lo que una caída puede implicar graves consecuencias a los jinetes. Ese es uno de los riesgos a los que se exponen y ellas lo saben bien.

María aseguró que sufrió pocos accidentes, ninguno de gravedad, pero cuando enumera las lesiones que ha sufrido a lo largo de su carrera deja a más de uno con a boca abierta: “Un dedo quebrado, todas las costillas quebradas y fractura cervical”, además de cortes internos en la boca que le provocaron la pérdida de sus frenillos. A pesar de los golpes, “lo que me dolía era pasar tiempo sin trabajar ni correr. Y la peor parte era ver a mi familia cuidándome cuando estaba internada”, afirmó.

La clave es mantener la concentración, aconsejó Andrea, ya que como aseguró Romina los riesgos de la profesión son muchos y en “milésimas de segundos puede pasar cualquier cosa”.

Los potenciales peligros y las barreras de género parecen no influir en estas mujeres que, como los caballos con sus anteojeras, solo miran hacia adelante sin importar los obstáculos que aparezcan en su camino.

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