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Mikael Persbrandt: “Soy de clase trabajadora, bailo cuando alguien quiere que baile”

El actor reconocido por su trabajo en “Sex Education” y “El hobbit” protagoniza “The Kingdom Exodus”, de Lars Von Trier, donde el director danés regresa al universo de la extraña serie televisiva que rodó en los 90

Mikael Persbrandt: “Soy de clase trabajadora, bailo cuando alguien quiere que baile”

Mikael Persbrandt es una de las caras más reconocidas de suecia

4 de Diciembre de 2022 | 07:48
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A Mikael Persbrandt la audiencia argentina lo conoce como Jakob Nyman, el interés romántico de Gillian Anderson en la serie de Netflix “Sex Education”. Alguno también quizás lo reconoce por sus días en la trilogía “El hobbit”. Y hasta allí llegan sus participaciones angloparlantes. Sin embargo, en diálogo con EL DIA, el actor sueco cuenta que su poca participación en la industria hollywoodense no es casualidad, y que los trabajos mencionados no fueron un gran salto para él. Al contrario, dice, es feliz actuando con libertad en producciones más pequeñas y osadas y “no me gustan las producciones de más de 100 millones”.

Lo dice en referencia a la serie que protagoniza y que estrena episodios en Mubi cada domingo: “The Kingdom Exodus”, tercera temporada de la serie de Lars Von Trier, cineasta genial, megalómano, amado y odiado que, 25 años después del final de la segunda parte de su serie absurdista y sobrenatural que explora en cada episodio un día en la vida de un excéntrico y oscuro hospital.

Descrita por el director como “una historia de fantasmas condimentada con algunos elementos de telenovela”, la serie es el equivalente danés a “Twin Peaks”: un misterio sobrenatural compulsivamente entretenido, cargado de potente melodrama y poblado por un elenco recurrente de excéntricos entrañables.

Cuando los cuatro episodios que componen “The Kingdom” se transmitieron en la televisión danesa en 1994, von Trier ya se había hecho una reputación en su país con su trilogía “Europa” (1984-1991), cuya última película le valió el Premio del Jurado en Cannes. Pero fue The Kingdom la producción que le dio fama, sobre todo por sus enigmáticas y traviesas declaraciones durante los créditos finales de cada entrega. El cineasta, que pronto se convertiría en sinónimo de provocación artística, no mostró mucho interés en moderar su idiosincrasia creativa para el público más amplio de la televisión, rompiendo con el refinado formalismo de sus primeros largometrajes en favor de un estilo manual que anticiparía los falsos documentales de The Office y el propio manifiesto Dogma 95 de Von Trier.

“Me encantaría ir a Argentina, me gustaría bailar tango. Y ver un poco de fútbol”

“Hicimos todo tipo de cosas para hacer que se viera terrible”, dijo, pícaramente, sobre la cinematografía de 16mm de “The Kingdom”, de tono sepia oscuro, sucio, que puede verse también en la mencionada plataforma.

EL REGRESO

¿Por qué Von Trier vuelve al pasado y trae de vuelta la serie? Persbrandt lanza su hipótesis: “Lars estaba al final de algunas investigaciones y experimentaciones en ciertas áreas, y quería volver a un modo más convencional de contar historias, aunque, claro, esta historia también es bien compleja, pero para una audiencia más amplia”.

Ahora, 25 años después del final de las dos temporadas, Von Trier vuelve al hospital embrujado original de su programa televisivo de los años 90 con una historia ambientada en vísperas de Navidad, que brinda una mezcla de horror y humor en un camino, compulsivamente entretenido, hacia la promesa del Armagedón. Para Persbrandt significa meterse en una ficción bien diferente a lo que la audiencia espera de él tras “El hobbit” y “Sex Education”. Pero, avisa el actor, no se trata de un cambio de paso para desafiar esas expectativas.

Mikael Persbrandt como el plomero sexy en “Sex education”

“Si quisiera mi carrera en Hollywood lo hubiera hecho hace años”, tira. “No miro así el trabajo, no tengo estrategias así cuando elijo trabajos. He hecho, incluso, trabajos grandes que no debería haber hecho, pero es lo que es, soy de clase trabajadora, bailo cuando alguien quiere que baile. Diría que no necesito viajar a Los Ángeles, si puedo cruzar el puente y trabajar con Lars y ser feliz. Y es perfecto. Pero me encantaría ir a Argentina, me gustaría bailar tango. Y ver un poco de fútbol”.

En la ficción, Persbrandt encarna al hijo de Stig Helmer, director del área de neurocirugía donde transcurre la serie, encarnado por Ernst-Hugo Järegård, muerto tras la segunda temporada. Järegård, cuenta Persbrandt, es un actor muy reconocido en Suecia, y de gran carisma, por lo que le preguntaron muchas veces si sentía el peso en ponerse en sus zapatos. Él les respondía que al ser “junior”, “soy mitad de mi padre, así que no sentí la obligación de ser más que mi padre”.

Helmer Jr. heredó, de todos modos, mucho de su padre: como él, odia a los daneses, una rivalidad que, chicanea Persbrandt, es “similar a su rivalidad con Chile: una rivalidad entre un país chico y un país grande”.

“Hace algunos siglos, Suecia había conquistado Noruega, Dinamarca, Polonia, éramos un gran reino… y creo que nos odian por eso, vamos a ser por siempre los hijos de puta”, se ríe el actor. Huelga decir, claro, que el director, Von Trier, es danés...

Mikael Persbrandt, en una escena de “The Kingdom Exodus”, de Lars Von Trier

UN EXTRAÑO RODAJE

Reconocido para el gran público sueco por su rol protagónico en la serie policial “Beck”, Persbrandt, galán de 59 años, volvió a ver los episodios que estremecieron la televisión sueca en 1994 mientras grababa “Sex Education” en una de esas burbujas pandémicas donde no se podía tener mucho contacto con nadie.

“Ya las había visto cuando las dieron en televisión, y las volví a ver en mi cuarto de hotel, mientras estaba aislado: tenía una cinta para correr en la pieza, y ponía la computadora arriba y miraba las temporadas, para meterme en la atmósfera de ‘The Kingdom’”, cuenta el intérprete.

Era preparación mental, apunta, para un rodaje que anticipaba como potencialmente bizarro, bien loco. Y Von Trier, cuenta, no defraudó. Fue “un viaje muy especial”, se ríe Persbrandt, para quien era “un sueño mío hecho realidad trabajar con Lars, desde que era un actor joven”.

“No sé cómo era Von Trier en los rodajes cuando era joven: seguramente mucho más malo. Pero ahora es un pequeño, amable y querible Papá Noel”

Lars “es un amigo, lo quiero mucho, pero nunca había trabajado con él: fue como un regalo de Navidad que no me haya olvidado”. Un regalo de Navidad que se hizo esperar: desde que Lars le comentó su idea de reflotar “The Kingdom” al rodaje, pasaron tres años. En el medio, para colmo, recuerda el actor sueco, las versiones de la historia iban y venían. Todo hacía pensar que no se filmaría.

Pero finalmente se rodó, y en un hospital real, para utilizar esa atmósfera tan particular de los nosocomios, y eso que “Lars odia los hospitales, así que lo tuvo duro. Pero era conveniente”, comenta risueño Persbrandt.

Para el actor, trabajar con Von Trier fue “totalmente liberador: no había marcas en el piso, ni muchas indicaciones, y de repente, estábamos en un hospital conviviendo con muchos personajes… era una locura. Incluso, te podías ir del cuarto donde estás y la cámara te iba a seguir”.

“Si quisiera mi carrera en Hollywood lo hubiera hecho hace años. He hecho, incluso, trabajos grandes que no debería haber hecho”

La experiencia fue tan divertida que “a veces era difícil contener la risa”, como cuando el equipo del hospital experimenta la gravedad cero, recuerda. “Después del rodaje, te sentís un poco triste: probablemente todo de acá en adelante va a ser aburrido…”

De formación clásica, el actor pinta una imagen de Von Trier alejada de la del déspota caprichoso y provocador. “No sé cómo era en los rodajes cuando era joven: seguramente mucho más malo. Pero ahora es un pequeño, amable y querible Papá Noel”, dice Persbrandt. “Aunque con alguna arista filosa. Por ahí, por ejemplo, después de alguna escena complicada, me decía: ‘Muy bien Mikael. 15.000% menos. Intentalo de nuevo’. O ‘muy bien Mikael, sos muy buen actor, ¿por qué no lo has mostrado en tu carrera?’”

Pero para el actor, esos insultos velados eran “como cartas de amor”, se ríe. Y dice de Lars: “Para mi hay una verdad sobre los buenos directores: mientras más saben, menos tienen que decir en el set. Dicen ‘un poquito menos, un poquito más’, y tratamos de nuevo. Pero nada más que eso como dirección, ya han hecho todo su trabajo al escribir su guión, hacer el casting. Y después, también, claro, en la sala de edición”.

“Para mi hay una verdad sobre los buenos directores: mientras más saben, menos tienen que decir en el set”

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