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Información General |Reconocen más llamados de víctimas a la línea 102
Maltrato infantil: cada vez son más los niños que denuncian

Aunque confundidos y naturalizados muchas veces como una práctica de crianza, los castigos físicos que sufren muchos chicos en sus hogares constituyen una forma de violencia que ellos mismos comienzan a hacer notar

Maltrato infantil: cada vez son más los niños que denuncian

Los niños que sufren castigos en su hogar tienen mayor probabilidad de mostrar menor autoestima/telam

22 de Mayo de 2022 | 03:20
Edición impresa

Aunque muy nueve de cada diez familias argentinas considera que no debe usarse el castigo físico como forma de disciplina contra los niños, gran cantidad de padres y madres siguen recurriendo al maltrato físico o verbal como forma de educar. Y los chicos muchas veces callan por miedo, culpa e impotencia. Y es que al sus referentes más cercanos quienes muchas veces ejercen esos maltratos, sienten que no tienen con quien hablar.

Con todo, en los últimos años y a raíz de la difusión de distintas líneas telefónicas y canales de WhatsApp, cada vez son más los niños que “se animan” a denunciar los abusos y el maltrato a que son sometidos, aunque en muchas ocasiones las “prácticas burocráticas y la invisibilización” de sus derechos en ciertos sectores de la Justicia, hace que el Estado llegue tarde para protegerlos

“La recepción de denuncias al 102 por parte de los propios niños afectados a sus hermanos es cada vez mayor”, cuentan desde la Secretaria de la Niñez, , Adolescencia y Familia, organismo a cargo de este servicio gratuito y confidencial de atención especializada ante situaciones de amenaza, vulneración de derechos o necesidad información.

Lo cierto es que pese a que niños y niñas parecen venir ganando protagonismo en la defensa de sus derechos, con frecuencia los distintos tipos de violencias a los que son sometidos no son detectadas a tiempo por los sistemas de protección existentes debido al ocultamiento de pruebas físicas por parte de las propios familiares o porque quienes deberían denunciarlo a “naturalizan y confunden” una situación de violencia con una práctica de crianza”, coinciden en señalar especialistas.

TODOS PODEMOS INTERVENIR

En 2005, la Ley 26.061 que derogó el viejo Patronato de la Infancia vigente desde 1919, estableció un sistema de protección a la niñez en el que instruye a toda persona a denunciar cualquier situación de maltrato físico o abuso y, en este sentido, los médicos y las docentes se convirtieron en los principales detectores de esta alarmas.

La importancia de este cambio de paradigma radica en que “el Estado no puede actuar cuando no hay denuncia; es imposible que se haga un monitoreo en cada familia para detectar casos de violencia intrafamiliar: Los efectores de salud y la escuela son los que más atentos deben estar”, sostiene la Defensora de los Derechos de los Niños, Niñas y Adolescentes, Marisa Graham,

“La recepción de denuncias al 102 por parte de los propios niños es cada vez mayor”

“La violencia contra los niños está invisibilizada por un lado y naturalizada por otro. Así como las mujeres conseguimos que haya más conciencia social sobre nuestros cuerpos todavía no lo hemos conseguido sobre los niños, posiblemente porque los niños no marchan”, afirma la Defensora de la niñez.

Muchos madres o padres nos dicen que “no ejercen violencia sobre sus hijos, cuando los zamarrean o les pegan una bofetada o los insultan, nos dicen que no los pueden corregir sin esa práctica”, explica Graham, para quien la violencia contra los niños sigue ejerciendo en forma extendida “como algo cultural”.

TRANSICIÓN GENERACIONAL

¿Por qué, pese a que no lo reconocerían abiertamente, muchos padres y madres siguen recurriendo a la violencia física para educar? Según el estudio “Conocimientos, Actitudes y Prácticas con relación a la violencia en la niñez” realizado por UNICEF, el fenómeno se explicaría por un transición generacional.

“La violencia contra los niños está invisibilizada por un lado y naturalizada por otro. Así como las mujeres conseguimos que haya más conciencia sobre nuestros cuerpos todavía no lo hemos conseguido sobre los niños, posiblemente porque los niños no marchan”

Marisa Graham
Defensora de la Niñez

 

Existe una hoy una generación de padres y madres “en transición, desde una cultura que valida la crianza basada en prácticas violentas y de castigo físico, hacia una que valora una crianza basada en la cercanía, la comunicación y la reflexión, pero que en muchos casos, carece de herramientas concretas para llevarlo a la práctica”, señala la investigación.

De acuerdo con el trabajo de UNICEF, esto “genera que padres y madres utilicen estrategias intermedias que oscilan entre lo punitivo, es decir, castigo en sus diferentes manifestaciones, que resulta relativamente efectivo para el control de la conducta, pero con consecuencias negativas para el vínculo afectivo y desarrollo socioemocional del niño, niña o adolescente; y lo permisivo, con ausencia de consecuencias ante conductas trasgresoras o disruptivas que resulta inefectivo para regular la conducta, pero que aparentemente preserva el vínculo afectivo”.

“Un niño que esta en una dinámica violenta en su familia, en su adultez tenderá a seguir los parámetros violentos. Este circuito de retroalimentación se ve en el hecho de que un 61% de padres que ejercieron violencia contra sus hijos son hijos de padres violentos”

Pilar Molina
Ministerio Público Tutelar

 

EL COSTO DEL CASTIGO

Lo cierto es que la disciplina violenta tiene un impacto directo en el desarrollo y en el comportamiento de los niños y niñas. Como muestran diversas investigaciones, aquellos que han estado expuestos a castigos corporales presentan un desarrollo menor que otros niños y niñas de su edad, lo que se intensifica cuando han sido víctimas de prácticas severas de castigo físico.

Además, “la exposición sostenida y prolongada a un estrés tóxico de esta naturaleza puede alterar el desarrollo fisiológico del cerebro y repercutir en el crecimiento físico, cognitivo, emocional. Aquellos que crecen con padres autoritarios, que emplean métodos disciplinarios violentos de forma regular, tienen mayor probabilidad de mostrar una menor autoestima”, señala la misma investigación de UNICEF.

Los castigos tienen un impacto directo en el desarrollo y comportamiento de los niños

Otros trabajos han puesto en evidencia además que los niños y niñas que sufrieron castigos físicos en su hogar tienen mayores probabilidades de replicar esas conductos con otros al crecer. “Este circuito de retroalimentación de las violencias se ve en el hecho de que el 61% de los padres que utilizan la violencia contra sus hijos son a su vez hijos de padres violentos”, señala Pilar Molina, secretaria general de gestión del Ministerio Público Tutelar.

“Hay que ir a buscar a las niñas y niños que son hijas/os de madres víctimas de violencia de género, los chicos también sufren violencia. Un niño que esta en una dinámica violenta en su familia, en su adultez tenderá a seguir los parámetros violentos”, sostiene la especialista, quien reconoce a la escuela y los hospitales como “los grandes detectores” de casos de violencia contra la niñez.

SE MULTIPLICAN LAS DENUNCIAS

El año pasado la linea 102 para denunciar maltrato físico y negligencia contra niñas y niños atendió más de 45.500 llamadas de todo el país, de las cuales unas 20.300 correspondieron a situaciones de violencia contra niñas y niños, según un informe presentado por la Secretaría de Niñez, Adolescencia y Familia.

El “Informe de llamadas a las líneas provinciales de atención especializada en derechos de niñas, niños y adolescentes” indica que se recibió un total de 45.589 llamadas, realizadas en su mayoría por personas adultas del entorno afectivo o comunitario, de las cuales más de 20.354 correspondieron a situaciones de violencia contra niñas y niños.

Además, se registró que los principales motivos de consulta se debieron a situaciones de maltrato físico, seguido de negligencias, cuestiones legales, abuso sexual infantil, maltrato psicológico emocional y abandono, dentro de los 40 motivos de consulta clasificados por la línea 102.

De todas estas llamadas, un total de 20.721 fueron solicitudes de información y orientación, mientras que 24.868 fueron consultas que requirieron intervención del Órgano de aplicación u otro actor pertinente. Durante la pandemia la cantidad total de niñas y niños que sufrieron estos tipos de violencias se incrementó un 23%, mientras que hubo un aumento del 28% en violencia familiar y del 13% en violencia sexual.

 

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