Un pacto histórico con EE UU: oportunidades, riesgos y la disputa por la influencia en la región
Edición Impresa | 15 de Noviembre de 2025 | 02:52
Mariano Pérez de Eulate
mpeulate@eldia.com
La excitación que se vivía ayer en el Gobierno por el anuncio del acuerdo comercial con Estados Unidos era notable, mucho más alta de la que se vio cuando se comunicó el salvamento financiero de la secretaría del Tesoro de ese país. Se entiende: aunque disfrazada de buena noticia la intervención de Scott Bessent, en definitiva, fue resultado de una realidad negativa, una crisis económica que había puesto a la gestión libertaria al borde del abismo justo antes de las últimas elecciones de medio término.
El acuerdo macro anunciado el jueves es otra cosa. Objetivamente, proyecta el ingreso de productos argentinos a un mercado inmenso (340 millones de habitantes) y con una voracidad consumidora de leyenda. También, ratifica el inédito grado de alineamiento de la Argentina con la principal potencia mundial, tal vez encaminado a superar a las famosas “relaciones carnales” de los años 90 de supremacía menemista.
Dentro de una lógica general de la administración Trump de profundizar el proteccionismo en el que cree el republicano (viene de subir aranceles a todo producto que ingrese a su país, venga de donde venga), Javier Milei ha logrado lo contrario: que se reduzcan los impuestos que le cobran a ciertas mercaderías argentinas. Acaso la envidia de sus colegas de Europa y de otras partes de Latinoamérica. Salvo Ecuador, Guatemala y El Salvador que también entrarán en un programa de beneficios semejante.
El anuncio supondría, además, que el reciente padrinazgo financiero por parte de la Casa Blanca sobre la Argentina no será efímero o que sólo se evidenció en la etapa pre-electoral para ahuyentar el eventual fortalecimiento de expresiones populistas locales. Como el pero-kirchnerismo, todavía sin capacidad de reacción luego de la piña del domingo electoral de octubre. Así, la relación bilateral sería un romance perdurable. Mensaje fundamental para los mercados, esa entidad que decide buena parte de los vaivenes financieros locales.
HACER RETROCEDER A CHINA
Lo dicho: es verdad que con este acuerdo Estados Unidos plasma algunas concesiones en el plano del intercambio comercial pero lo hace, claramente, con el objetivo táctico de acrecentar cada vez más su presencia en esta parte del mundo y la idea estratégica de hacer retroceder a la poderosa China, su ya clásico enemigo comercial global.
Así, Milei deberá manejar con extrema cautela la aceptación de la serie de condiciones que estarán en la letra chica del convenio, y que aún no se conocen, para no detonar por completo la relación comercial con Beijing, uno de los tres principales compradores de productos argentinos junto a Brasil y al propio Estados Unidos. Lo firmado no es un acuerdo de libre comercio, algo que haría explosionar el Mercosur, sino un entendimiento comercial bilateral y para ciertos ítems que deberían conocerse en detalle en las próximas semanas.
Lo que está claro es que, en ese entendimiento, la relación no es simétrica. Washington fija las reglas y maneja los tiempos, priorizando sus propios intereses, como quedó demostrado con el acto mismo del anuncio del acuerdo: corrió por cuenta de la Casa Blanca mientras Milei daba una conferencia en Corrientes y su canciller, Pablo Quirno, estaba en una reunión con el secretario de Estado norteamericano, Marco Rubio.
Es arriesgado hacer pronósticos sin conocer los detalles de la negociación pero, al ser Argentina y Estados Unidos países que compiten internacionalmente en ciertos rubros (venta de granos, por ejemplo) es casi cantado que el acuerdo tendrá sectores enojados en ambas naciones. ¿Industria farmacéutica, productores agroindustriales, siderurgia? A priori, y por lo que pudo leerse del comunicado, difícilmente Trump acceda a firmar algo en lo que salga perdiendo en términos totales.
CUESTIONAMIENTOS
Una vez conocido el acuerdo, desde sectores de la oposición enseguida salieron a cuestionarlo. En especial el gobierno de Axel Kicillof, que habló de entrega de soberanía y de que perjudicará, puntualmente, a la provincia de Buenos Aires. Aventurada declaración sin conocer la letra chica pero no sorprende: el gobernador es un sistemático opositor y/o refutador de todo lo que haga, diga o proponga Milei, enfocado como está en su proyecto presidencial de cara a 2027.
Como el acuerdo en principio también supone compromisos de inversiones del norte, es imposible negar que, aún desde la posición de actor más débil de la entente, lo firmado ofrece oportunidades comerciales para la Argentina. Los países que más comercian al exterior, en especial en occidente, suelen ser los más prósperos y, casi siempre, los que además tienen mejor calidad democrática. Convendría que el oficialismo entienda que lo comunicado el jueves no es la solución a todo. Es, en todo caso, un desafío que habrá que complementar con otras cuestiones de responsabilidad meramente internas. La incógnita es si se estará a la altura.
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