Hasta los pitbull andan con miedo
Edición Impresa | 2 de Febrero de 2025 | 04:51

Alejandro Castañeda
afcastab@gmail.com
Las jaurías de Villa Gesell vivieron una jornada vergonzante el domingo pasado. Todo sucedió en una casa del balneario. Cuando la Policía llegó, respondiendo al llamado de una dueña desesperada, encontró que un hombre desnudo estaba abusando de Toni, un pitbull que es la mascota del hogar. Un hecho increíble, aberrante y temerario. Todo se inició cuando la mujer empezó a llamar a Toni, pero no respondía ni ladraba. En su búsqueda se encontró de pronto con una escena que jamás había imaginado: su suegro en plena porfía zoofórica obligaba a ese sabueso tan mimado a cumplir otra faena. Pidió auxilio y la policía, que respondió prestamente, pudo asistir a tiempo, aunque el perro, que fue trasladado a una veterinaria, no parece haber sufrido nada. Por supuesto que las entidades proteccionistas y la nuera acongojada salieron a pedir que se haga justicia con este paraguayo depravado que abusó de un canino, que parece no haber rechazado esta novedad que lo dejó un rato sin ladridos.
Hay que andar con muchas ganas atrasadas para animarse con un pitbull, un ejemplar que, cuando la noticia trascendió, generó el repudio de sus colegas de raza, pichichos de mal talante, con fama bien ganada de guapos y mordedores, canes que pueden ser letales y que más de una vez, con propósitos nada festivos, sembraron terror y se llevaron puestos a más de un vecino. La indiferencia con que Toni desempeñó su nueva rutina, no cayó bien entre los suyos.
Sin duda al hombre, un paraguayo calentón y depravado, habrá que agregarlo mal o bien al panteón de los perversos corajudos. Bajarse la cremallera en las inmediaciones de un pitbull, no es para cualquiera. ¿Lo hizo para vengarse de la ex nuera que le profesaba un cariño exagerado a ese pichicho de mirada fría? ¿O apeló a este enfermizo desahogo porque Toni le despertaba raras sensaciones a este desquiciado? Pero, insistimos, más allá de calificar y repudiar estas desviaciones en su justa medida, hay que atreverse a bajarse los pantalones frente al representante de una raza que ha hecho del tarascón desgarrante casi su razón de ser. No es fácil convencer a un pitbull de algo así. Quizá, como se ha visto, esta estirpe tenga algunos ejemplares que, hartos de su fama depredadora, quieren salir al ruedo luciendo nuevos modales. Pero este paraguayo, un degenerado más que ya podrá sumarse a la casta, lo interpretó a su gusto.
El caso ocurrió el domingo, en Paseo 129 bis y Avenida 15, de esa Villa. Fue la dueña del animal, un pitbull de color negro, quien alertó a la Policía sobre el aberrante hecho que se desarrollaba, en ese momento, en su propia casa, ubicada al lado de la del abusador, su suegro. En la exposición se lee que el atacante “fue hallado desnudo en flagrancia mientras cometía el acto sexual. Cuando los uniformados llegaron a la dirección indicada por la mujer de 31 años, se encontraron con una escena espeluznante”.
“Al ingresar al domicilio sorprendieron a F.P.B. desnudo mientras abusaba sexualmente de Toni”, ante el estupor de los concurrentes y la tranquilidad de la mascota.
En la causa que busca esclarecer lo ocurrido interviene el fiscal Walter Mercuri, titular de la UFI N°6 de Villa Gesell. El depravado fue arrestado al instante por el delito de malos tratos y acto de crueldad a los animales. En tanto, Toni, su víctima, fue asistida y quedó a disposición de la Justicia, avergonzado quizá porque su currículum de ser un guardián intocable que va siempre al frente, ahora quedó en suspenso hasta el próximo vecino quisquilloso.
Hay que reconocer que pobladores de esa ciudad veraniega, temerosos por los ataques de algunos ejemplares zarpados de esta raza súper violenta, quizá se sintieron resarcidos por la descarriada y audaz conducta de este suegro violento, retorcido y aventurado que tal vez venía repitiendo estos encuentros para poder vengar a esos vecinos lastimados por la furia de otros Toni, menos mansos y más rencorosos y pendencieros.
La violencia cada vez es más extendida: ahora hasta los pitbull necesitan presencia policial cuando la cosa se les pone peliaguda.
Hay que andar con muchas ganas atrasadas para animarse con un pitbull
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