“Los suicidas del fin del mundo”: la herida abierta de un pueblo
Edición Impresa | 31 de Agosto de 2025 | 04:47

En 2005, Leila Guerriero publicó “Los suicidas del fin del mundo”, una crónica que se transformó en un referente del periodismo narrativo en la Argentina. El libro nace de una pregunta incómoda y brutal: ¿qué sucede cuando, en un pueblo pequeño, los jóvenes empiezan a suicidarse uno tras otro sin que nadie pueda —ni quiera— dar explicaciones?
El escenario es Las Heras, un pueblo petrolero en el norte de Santa Cruz. Allí, entre 1997 y 2000, veintidós jóvenes —la mayoría de alrededor de 25 años, hijos de familias trabajadoras y vecinos conocidos— decidieron quitarse la vida. La estadística es tan atroz como esquiva: no hay registros oficiales, no hay listas, apenas relatos dispersos y recuerdos a media voz. Guerriero viajó en 2002 a ese territorio castigado por el viento y la desolación, y permaneció varios meses entrevistando a familiares, amigos y habitantes del lugar. El resultado es un libro que no busca resolver el enigma sino enfrentarlo, narrarlo y, sobre todo, transmitir el desgarro.
La autora dibuja un mapa humano de contradicciones. Hay padres que repiten rumores sobre sectas satánicas, madres que confiesan supersticiones vinculadas a los “indios enterrados” en el pueblo, hermanos que intentan con desesperación hallar un motivo. Lo que aparece, en realidad, es la imposibilidad de comprender lo incomprensible. Cada testimonio es un fragmento de verdad subjetiva que se estrella contra el muro del silencio. Guerriero recoge esas voces con precisión quirúrgica: no juzga, no acomoda, no editorializa. Deja que el lenguaje de los entrevistados, con sus quiebres, sus rituales y su dolor, sea el que cargue de sentido las páginas.
En ese entramado, el petróleo aparece como trasfondo y metáfora. Antes de su explotación, Las Heras era un pueblo de lana y calma, donde la vida transcurría entre precios de esquila y rutinas previsibles. Con la llegada de la industria, llegaron también la fragmentación, la precariedad laboral, el alcohol, la violencia, y una sensación de desamparo. La modernidad, entonces, puede ser un paisaje nuevo que arrasa con los antiguos lazos comunitarios y deja a la intemperie a quienes no encuentran un lugar en él.
La crónica, de 240 páginas, avanza como un descenso a la oscuridad. No hay romanticismo posible frente al suicidio. Tampoco hay espectacularización. Guerriero narra con frases cortas, secas, y convierte la desolación en ritmo narrativo. El libro es, en ese sentido, una denuncia contra el olvido: muestra cómo un pueblo entero puede quedar sumido en la indiferencia nacional, condenado a cargar en soledad con sus fantasmas.
Editorial: Tusquets
Páginas: 240
Precio: $39.999
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