VIDEO.- Basura, olor nauseabundo y contaminación: el abandono del camino negro que atraviesa la Reserva de Punta Lara
| 22 de Enero de 2026 | 10:47
El camino negro que une Villa Elisa con Punta Lara, desde la Autopista La Plata–Buenos Aires, atraviesa hoy una situación crítica que genera indignación y preocupación entre vecinos y visitantes. Se trata de una traza clave no solo para la conectividad de la región, sino también por encontrarse dentro de la Reserva Natural de Punta Lara, una de las áreas protegidas más importantes de la provincia de Buenos Aires.
A lo largo del recorrido, el estado del asfalto es deplorable: pozos profundos, sectores completamente destruidos y grandes charcos de agua estancada convierten la circulación en un riesgo constante para automovilistas, ciclistas y peatones. En algunos tramos, el camino parece directamente intransitable, obligando a maniobras peligrosas para esquivar los cráteres formados sobre la calzada.
Pero el deterioro vial no es el único problema. A la vera del camino se acumulan residuos de todo tipo: bolsas plásticas, restos de basura domiciliaria, desechos quemados y materiales abandonados entre la vegetación. El panorama se completa con un olor nauseabundo, producto de la descomposición de residuos y posibles vertidos, que invade el ambiente y contradice por completo el carácter de área natural protegida.
La situación resulta aún más grave por el impacto ambiental que implica. La Reserva Natural de Punta Lara es un espacio de alto valor ecológico, con flora y fauna autóctonas que hoy conviven con contaminación, abandono y falta de controles. Vecinos advierten que la presencia de basura y agua estancada no solo degrada el paisaje, sino que también favorece la proliferación de insectos y pone en riesgo el equilibrio del ecosistema.
Además, el camino es utilizado diariamente por quienes se trasladan entre Villa Elisa, Punta Lara y la zona ribereña, así como por turistas y ciclistas que buscan contacto con la naturaleza. Lejos de ofrecer un acceso seguro y acorde a su entorno, el trayecto se transformó en un símbolo de desidia, en un lugar donde el abandono estatal parece imponerse sobre la preservación ambiental.
La falta de mantenimiento, limpieza y señalización en un corredor estratégico dentro de una reserva natural plantea un interrogante urgente: ¿quién se hace cargo del cuidado de este camino y del patrimonio ambiental que lo rodea? Mientras tanto, el deterioro avanza y el reclamo de los vecinos crece, en defensa de un espacio que debería ser protegido y no ignorado.
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