Cambiar el entorno, no el carácter: lo que dice la psicología sobre el autocontrol y la voluntad

Advierten que el empeño no alcanza para sostener cambios duraderos en un mundo saturado de tentaciones. Modificar el contexto y alejar las distracciones resulta mucho más eficaz

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Durante años, la fuerza de voluntad fue presentada como la llave maestra para cambiar hábitos: comer mejor, hacer ejercicio, estudiar más, usar menos el celular o sostener un propósito de Año Nuevo. Si algo no funcionaba, la explicación parecía sencilla y cruel a la vez: faltó voluntad. Sin embargo, cada vez más investigaciones en psicología —y también cada vez más psicólogos— coinciden en que esa idea no solo es incompleta, sino que puede resultar contraproducente.

La escena es universal. Rana y Sapo, los entrañables personajes del cuento infantil de Arnold Lobel, deciden dejar de comer galletas porque saben que les hará mal. Juran que será “una última”, pero la tentación se repite una y otra vez. Ni siquiera los adultos somos muy distintos. Encuestas internacionales muestran que las personas consideran a la falta de fuerza de voluntad como el principal obstáculo para cambiar conductas, y al mismo tiempo se autoevalúan muy bajo en autocontrol. Resistir cuesta, agota y genera malestar. Y, aun así, seguimos insistiendo con la misma receta: “Poné más voluntad”.

UNA MIRADA PSICOLÓGICA

Desde la psicología contemporánea, esa mirada está siendo revisada. En artículos publicados, hay especialistas explican que la fuerza de voluntad no es un músculo mágico ni un recurso infinito. Más bien, el autocontrol es un conjunto de habilidades que incluye anticipación, planificación, regulación emocional y, sobre todo, diseño del entorno. Dicho de otro modo: el éxito a largo plazo tiene menos que ver con resistir tentaciones en el momento y mucho más con lograr que esas tentaciones no estén todo el tiempo al alcance de la mano.

La evidencia científica va en esa dirección. Estudios citados por psicólogos en medios argentinos muestran que las personas que alcanzan sus metas rara vez dependen de decisiones heroicas tomadas “en caliente”. En cambio, organizan su vida cotidiana para reducir al mínimo la necesidad de autocontrol. Es lo que algunos investigadores llaman autonomía situacional: modificar las condiciones externas para que la opción saludable, productiva o deseada sea la más fácil.

Los ejemplos abundan y no siempre vienen del mundo del alto rendimiento. Artistas, deportistas y profesionales exitosos suelen aplicar estas estrategias sin romantizarlas. Algunos evitan las redes sociales directamente, otros no compran alimentos ultraprocesados para no tener que resistirlos en casa, otros preparan con anticipación su ropa deportiva o su espacio de trabajo. No es falta de carácter: es inteligencia práctica.

Reprimir las ganas puede despertar más deseo, por lo que es mejor reducir la exposición a tentaciones / Freepik

MOTIVACIÓN VS. AUTOCONTROL

Algunos psicólogos insisten en que muchas personas confunden motivación con autocontrol. Tener ganas no alcanza cuando el entorno juega en contra. En ese sentido, remarcan que culparse por “no tener voluntad” suele generar frustración, abandono y una sensación de fracaso personal que no se corresponde con la realidad. El problema no es individual, sino ambiental.

 

Hay psicólogos que insisten en que las personas confunden motivación con autocontrol

 

Esto se vuelve especialmente visible entre adolescentes y jóvenes. En debates recientes sobre salud mental y rendimiento académico, docentes y especialistas advierten que las nuevas generaciones viven expuestas a un nivel de tentaciones sin precedentes: pantallas, notificaciones, desplazamiento infinito, contenidos diseñados para captar atención las 24 horas. En ese contexto, pedirle a un adolescente que “se concentre más” sin modificar el entorno es, como mínimo, ingenuo.

INVESTIGACIONES

Un estudio citado por psicólogos y educadores mostró que los estudiantes que guardaban el celular lejos mientras estudiaban obtenían mejores calificaciones que quienes lo tenían cerca, incluso apagado. No se trató de sermones ni castigos, sino de distancia física, que también genera distancia psicológica. Lo mismo ocurre con la alimentación, el descanso o el ejercicio: cuanto más accesible es la tentación, mayor es el desgaste mental para resistirla.

Las instituciones también juegan un papel clave. Escuelas que piden a los alumnos dejar los teléfonos en lockers, empresas que promueven pausas reales sin pantallas o políticas públicas que regulan la oferta de productos ultraprocesados son ejemplos de cómo el entorno puede facilitar mejores decisiones sin apelar a la culpa individual. Como señalan especialistas, cambiar la situación suele ser más efectivo que exigir autocontrol permanente.

En este punto, la metáfora del “mundo ultraprocesado” resulta esclarecedora. Así como la industria alimentaria concentra azúcar, grasa y sal para volver irresistibles ciertos productos, las plataformas digitales concentran estímulos diseñados para capturar la atención. Enfrentarse a eso solo con fuerza de voluntad es una batalla desigual. La psicología actual propone otra estrategia: elegir qué entra en nuestro espacio personal.

 

La psicología actual propone elegir qué entra en nuestro espacio personal

 

Esto no significa que la fuerza de voluntad no exista ni que no sea necesaria. Incluso cambiar el entorno requiere un primer acto de decisión. Pero, como señalan los especialistas, una vez que el contexto acompaña, el esfuerzo se reduce drásticamente y la constancia se vuelve posible. La disciplina, lejos de erosionarse, se fortalece.

El final del cuento de Rana y Sapo lo resume con simpleza infantil y sabiduría adulta. Incapaces de dejar de comer galletas apelando solo a la voluntad, deciden tirarlas al césped y llamar a los pájaros para que se las lleven. No fue falta de carácter. Fue una solución inteligente. Tal vez, en tiempos de agendas saturadas, pantallas omnipresentes y promesas de cambio que duran poco, la psicología nos esté diciendo algo similar: no se trata de ser más fuertes, sino de diseñar mejor nuestras vidas.

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