Bolsitas de nicotina: sin humo, pero con polémica, desembarcan en la Ciudad

Llegaron a las plataformas virtuales, y a algunos kioscos. Expertos advierten sobre su poder adictivo y otros riesgos. Testimonios, alertas oficiales y un debate que recién empieza

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A simple vista, cuesta distinguir a las bolsitas de nicotina -conocidas como “pouches”- de un producto inocuo. Es que vienen en envases coloridos, del tamaño de una latita de pastillas, y se suelen exhibir en los kioscos junto a golosinas, chicles y bebidas energéticas. Sin embargo, contienen una sustancia altamente adictiva que, según advierten cada vez con mayor énfasis las autoridades sanitarias y organizaciones médicas, puede generar efectos nocivos, especialmente entre los cerebros aún en desarrollo.

En La Plata, el fenómeno comenzó a hacerse visible, tímidamente, en el último año. No tan presentes en la calle, por el momento, en el plano local los pouches están a tiro de delivery, a razón de unos $5.500 pesos la unidad de 1,5 a 6 miligramos de la sustancia activa, saborizada como mentol, menta fresca o cereza. Y sus principales consumidores son jóvenes, que los usan en plan recreativo, o como un supuesto reemplazo del cigarrillo, a partir de una narrativa de “consumo sin humo” que gana adeptos empujada por el marketing y el boca a boca.

Qué son y cómo se consumen

Las bolsitas de nicotina son pequeños sobres que se colocan entre la encía y el labio. Allí liberan nicotina durante unos 20 a 30 minutos, que se absorbe directamente a través de la mucosa oral. No requieren combustión, no producen vapor y no generan olor, una característica que sus defensores destacan como ventaja frente al cigarrillo tradicional.

“No hay humo, no molesta a nadie y lo podés usar en cualquier lado”, resume Marcos, 42 años, vecino de Tolosa y fumador desde la adolescencia. “Un amigo del laburo me las recomendó para dejar de fumar. Me dijo que eran más sanas. Al principio me pareció una buena idea”.

Al final, el tolosano no dejó el pucho y hoy ambos “vicios” se complementan. “En el trabajo uso las bolsitas para no salir a fumar. Y cuando llego a casa sigo prendiendo un cigarro, pero en el global fumo un poco menos que antes”, sentencia.

Lo del vecino excede lo anecdótico, si se tiene en cuenta que los patrones de consumo de la nicotina en saquitos han disparado una de las principales bengalas de alerta para los especialistas, que sostienen que no reemplaza al cigarrillo, sino que lo sostiene o lo amplifica.

El atractivo entre jóvenes

En el caso de adolescentes y jóvenes adultos, el atractivo de los pouches es múltiple. Sabores frutales o mentolados, ausencia de humo y facilidad para el “canuto”. En algunos círculos ligados al fitness, la nicotina circula como potenciador de concentración y energía.

“En el gimnasio varios han probado. Dicen que te enfocás más y te cansás menos”, cuenta Lucía, una estudiante universitaria que vive en el centro del casco urbano platense. “Probé una vez por curiosidad. Me dio un picor en la boca y una especie de mareo. La verdad, no me gustó mucho”.

De 21 años, Lucía aclara que a nadie se le cruzó hablar de riesgos. “Dicen que es mejor que fumar. Recién después leí en Internet que tenía demasiada nicotina”.

Según el Ministerio de Salud bonaerense, este compuesto químico puede afectar el desarrollo cerebral hasta los 25 años, con impactos en la memoria, la atención y el control de impulsos. En adolescentes, además, aumenta el riesgo de ansiedad, depresión y dependencia temprana.

La cartera sanitaria acaba de emitir al respecto un comunicado en el que, textualmente, “alerta a la población y equipos sanitarios respecto al crecimiento de la circulación, promoción y consumo de bolsas de nicotina (pouches). Son desechables, no requieren combustión ni vapor, y se disuelven en la boca sin necesidad de escupir. Se venden como libres de tabaco, pero contienen nicotina y un alto poder adictivo”.

“Sin humo”, pero no sin riesgos

Uno de los argumentos más repetidos por quienes defienden los pouches es su condición de consumo “sin humo”. Técnicamente es cierto: no hay combustión. Sin embargo, eso no lo es todo.

Las autoridades de Salud advierten que, entre los efectos documentados, figuran el aumento de la frecuencia cardíaca y la presión, alteraciones cardiovasculares y un mayor riesgo de adicción severa.

Además, estudios internacionales alertan sobre daños en la salud bucal y una posible asociación con cáncer oral, especialmente en consumos prolongados.

“La reducción de daños es un discurso engañoso”, señalan desde el Programa Provincial de Control de Tabaco. “No existe ningún producto con nicotina que sea seguro, ni tampoco evidencia concluyente de que estos dispositivos ayuden a dejar de fumar”.

“Las bolsitas de nicotina suelen tener una concentración de nicotina incluso mayor que la de los cigarrillos tradicionales. Esto genera un fuerte efecto vasoconstrictor, que puede favorecer la aparición de infartos, incluso en personas jóvenes”, advierte Gustavo Vigo, consultor en Cardiología del Hospital Italiano local.

El especialista platense explica que los infartos en jóvenes suelen estar asociados al consumo de nicotina o de cocaína, y remarcó que estos productos también aumentan de manera significativa la frecuencia cardíaca -entre 20 y 25 latidos por minuto durante el consumo-, además de elevar la presión arterial. “Son altamente adictivos y pueden incrementar el riesgo de arritmias y de muertes súbitas”, agrega.

Vigo, con vasta experiencia en prevención y tratamiento de pacientes cardiológicos, subraya que el uso de estos dispositivos no debe considerarse inofensivo, especialmente -pero no solamente- en las poblaciones jóvenes.

Vacíos legales y góndolas compartidas

En Argentina, las bolsitas de nicotina comenzaron a comercializarse en 2025 y no cuentan con autorización sanitaria específica. Aún así, se consiguen online con facilidad. Organizaciones de la sociedad civil sostienen que deberían estar alcanzadas por la legislación vigente que regula los productos de tabaco, mientras reclaman controles más estrictos sobre su venta y publicidad.

La preocupación aumenta cuando estos productos se exhiben en comercios que también ofrecen mercadería destinada a niños y adolescentes, normalizando su presencia y reduciendo la percepción de riesgo.

“Que estén en las góndolas, o en una estantería especial pero cerca de las galletitas y caramelos, es un mensaje en sí mismo”, advierten desde el ámbito sanitario. “Instala la idea de que no hacen nada”.

Una discusión en estado embrionario

En La Plata, el desembarco de las bolsitas de nicotina abre un debate que excede al producto en sí: cómo se construyen los consumos novedosos, qué rol juega el marketing y cuán preparados están el Estado y la sociedad para anticipar sus efectos.

Mientras tanto, entre slogans “sin humo” y alertas médicas, las bolsitas avanzan sin prisa y sin pausa. Y con ellas, una pregunta ineludible: ¿se trata de una eventual puerta de entrada a las adicciones?

Debates en altas esferas

En el plano internacional, organizaciones como Smoke Free Sweden y referentes de la llamada “reducción de daños” sostienen que los “nicotine pouches” pueden funcionar como una alternativa menos cruenta para fumadores adultos que no logran dejar el cigarrillo.

El grupo, junto a dirigentes políticos suecos -que incluyen al primer ministro Ulf Kristersson-, pone como ejemplo al país nórdico, que tiene una de las tasas de tabaquismo más bajas de Europa, como ejemplo del impacto positivo de estos productos sin combustión.

“La ‘reducción de daños’, es un uso discursivo engañoso de las tabacaleras”

Concretamente, el gobierno sueco llegó a oponerse formalmente ante la Unión Europea a la prohibición de las bolsitas de nicotina propuesta por Francia, tras realizar un planteo similar, meses atrás, contra la legislación española que buscaba restringir el producto.

Sin embargo, en Salud bonaerense salen con los tapones de punta: “la narrativa de marketing sobre supuestos ‘productos de nicotina más seguros’ ha evolucionado desde los cigarrillos tradicionales hacia nuevas presentaciones como estas bolsas, pero la evidencia científica es concluyente: ningún producto con nicotina es seguro para la salud ni tampoco sirve para dejar de fumar o fumar menos. La nicotina es una toxina cardiovascular biológicamente activa, tal como lo respaldan la Organización Mundial de la Salud, la Sociedad Europea de Cardiología, la Asociación Americana del Corazón, y la FDA (Food and Drug Administration) del gobierno de los EEUU”.

 

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