Cuando el corazón exhibe el ruido exacto

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Se conocieron en una fila eterna. Ella miraba el celular sin leer; él contaba las baldosas rotas del piso. Cuando hablaron fue por cansancio, no por destino, aunque el cansancio a veces también empuja. Hablaron del calor, del precio de las cosas, de lo absurdo de esperar. En algún punto apareció algo raro: el silencio dejó de ser incómodo. Se rieron, se miraron sin apuro. Él notó su manera particular de fruncir la nariz; ella, que él escuchaba de verdad. Salieron de la fila juntos, aunque ya no hiciera falta, y caminaron sin plan. El amor no llegó como un relámpago, sino como un pulso constante y suave. Más tarde, cuando se besaron, no pensaron en el para siempre, sino en el ahora.

 

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