En Altos de San Lorenzo el dolor se pintó en color

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Reunidos bajo el sol, entre abrazos, mates y un fuego que empezaba a encenderse, amigos y familiares de Fernando Celeste pintaron ayer un mural en 16 y 75 para homenajear al metalúrgico, músico y vecino de Altos de San Lorenzo que murió el 6 de diciembre, tras permanecer internado por un grave accidente. Fue, dicen, la manera en que a él le hubiese gustado ser recordado: en el barrio, con música y rodeado de los suyos.

El hecho ocurrió cuando circulaba en bicicleta por el paso bajo nivel de 1 y 32 y perdió el control, impactando contra una de las paredes del túnel. La noticia, no solo generó una profunda conmoción entre sus seres queridos, sino también en gran parte del barrio, donde Fernando era parte activa de la vida cotidiana y un referente querido por vecinos.

“Más que un homenaje es un reconocimiento a la persona que era”, explicó Cristian Mansanel, amigo desde la adolescencia y uno de los impulsores de la iniciativa. Lo definió como “el bohemio de Altos de San Lorenzo”, alguien que transmitía solidaridad, amor por la cultura y compromiso social. Metalúrgico en Ternium Siderar desde hacía 15 años, dicen que combinaba la vida de fábrica con la pasión por los libros, el cine y la música.

La idea surgió en un grupo de WhatsApp donde amigos del barrio, del colegio y del trabajo comenzaron a organizarse. Recaudaron dinero, pidieron permiso para usar la pared y convocaron a la muralista Patricia Enriqueta, quien trabajó durante varios días para plasmar su imagen. “Arrancamos blanqueando el muro el jueves y hoy (por ayer) lo terminamos. Después se va a laquear para que dure”, detalló la artista.

Para su hermano Leandro, verlo pintado en una pared del barrio fue movilizante. “No tenemos palabras más que de gratitud. Es como que sigue acá”, dijo, atravesado por “sensaciones encontradas”.

Sus compañeros de trabajo también participaron del evento. “Lo extrañamos un montón. Era humilde, compañero, un lujo de persona”, expresó Cristian Berdu.

La jornada cerró con palabras, música y una “choriceada” compartida. Entre aplausos y emoción, el barrio dejó en claro que Fernando no es solo una imagen en una pared: es parte de una memoria colectiva que decidió quedarse.

 

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