Tras la felicidad de la compra, el riesgo del “shock de mantenimiento”
Edición Impresa | 15 de Febrero de 2026 | 02:17
Lograr la firma de la escritura y recibir las llaves de la casa propia es, para miles de argentinos en este inicio de 2026, el fin de una larga carrera de obstáculos financieros. Sin embargo, el mercado inmobiliario actual está advirtiendo sobre un nuevo fenómeno: el “shock de mantenimiento”.
Con la consolidación de los créditos UVA y la actualización de las tarifas de servicios públicos, el costo fijo mensual de sostener una propiedad se ha vuelto una variable tan determinante como el valor de la cuota bancaria.
Hoy, la planificación financiera no termina en la calificación crediticia. Según datos de cámaras de administradores de consorcios, las expensas en el Área Metropolitana de Buenos Aires (AMBA) han iniciado el año con una presión al alza impulsada por las paritarias del sector de encargados y los incrementos en los abonos de mantenimiento técnico (ascensores, calderas y seguridad). En edificios de categoría media, las expensas ya representan un gasto que puede oscilar entre los $120.000 y los $250.000 para una unidad de tres ambientes, dependiendo de los servicios comunes.
SERVICIOS Y TASAS MUNICIPALES
A este esquema se suma el nuevo cuadro tarifario de 2026. La quita total de subsidios para los niveles de mayores ingresos y la actualización por costos de generación han llevado a que las facturas de luz y gas tengan un peso específico inédito en el presupuesto hogareño. Para un comprador que accede a un crédito de 80.000 dólares y paga una cuota cercana a los 750.000 pesos, los gastos sumados de expensas, electricidad, gas, agua y la tasa municipal (ABL) pueden añadir una carga extra de 200.000 a 300.000 pesos mensuales.
Esta “mochila” de costos fijos significa que, en términos reales, el propietario debe disponer de casi un 35% más de dinero de lo que calculó originalmente solo para la cuota del préstamo. Es lo que los analistas denominan el “Costo Total de Vivienda”. Ignorar esta cifra puede llevar a un sobreendeudamiento peligroso, especialmente en los primeros meses de mudanza, cuando suelen aparecer gastos imprevistos de puesta a punto.
LA EFICIENCIA COMO ESTRATEGIA
Ante este escenario, se advierte una tendencia creciente en el mercado local: el comprador de 2026 es mucho más inquisitivo respecto a la infraestructura del edificio. Ya no solo se consulta por la orientación o los metros cuadrados; la eficiencia energética es una prioridad. Los edificios que cuentan con iluminación LED en áreas comunes, sistemas de recuperación de agua o calderas centrales de alta eficiencia son los más demandados, ya que permiten diluir el impacto de las tarifas en las liquidaciones mensuales.
Como señalan los martilleros, el perfil del comprador ha evolucionado. Ya no se trata solo de “llegar” a la propiedad, sino de poder “habitarla” con previsibilidad. En un mercado donde la estabilidad cambiaria parece asentarse, la verdadera batalla se libra hoy en la planilla de gastos fijos, donde cada peso ahorrado en mantenimiento es un peso que fortalece la capacidad de pago del crédito hipotecario.
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