Cuando la ingeniería le ganó terreno al mar
Edición Impresa | 15 de Febrero de 2026 | 02:22
Durante más de una década, China protagonizó una de las obras de ingeniería más sorprendentes del planeta: fabricar tierra firme en medio del mar. Donde antes solo había arrecifes y agua abierta, hoy emergen islas artificiales visibles desde el espacio, con pistas de aterrizaje, puertos y edificios que parecen sacados de una película futurista. El proceso fue tan simple como colosal. Dragas gigantes succionaron arena y sedimentos del fondo marino y los volcaron sobre arrecifes poco profundos del mar de China Meridional. Capa sobre capa, el terreno fue creciendo hasta formar superficies estables, luego reforzadas con muros, compactadas con maquinaria pesada y finalmente pavimentadas. En menos de dos años, entre 2013 y 2015, aparecieron unos 12 kilómetros cuadrados de nueva tierra, una cifra inédita por su velocidad y escala. Más allá del asombro técnico, estas islas funcionan como auténticas plataformas en medio del océano. Sirven como puntos de apoyo para la navegación, la investigación científica y la observación meteorológica, aunque su sola presencia ya ha cambiado el paisaje marítimo de la región. El costo invisible está bajo el agua. La construcción provocó la pérdida de grandes extensiones de arrecifes y alteró ecosistemas frágiles, afectados además por las nubes de sedimentos que se expanden con las corrientes. El caso marca un precedente claro: hoy los mapas ya no los dibuja solo la naturaleza. Con suficiente tecnología, incluso el mar puede convertirse en tierra firme.
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