Cuando salir da miedo: cómo ayudar a perros y gatos

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En muchas ciudades argentinas, cada vez más perros y gatos pasan la mayor parte de su vida dentro de departamentos, PH o casas sin patio. Para muchos, ese entorno cerrado es su zona de confort. Pero cuando llega el momento de salir a la calle, el paseo puede transformarse en una escena de miedo: perros que se frenan en la puerta, tiemblan o intentan volver corriendo, y gatos que directamente se paralizan ante el arnés o el ruido exterior. Lejos de ser un simple “capricho”, especialistas en conducta animal advierten que se trata, en la mayoría de los casos, de respuestas de estrés o de malas experiencias previas.

En los perros, el temor suele estar asociado a estímulos intensos como bocinas, motos, otros animales o incluso al recuerdo de una situación traumática. También puede influir el dolor físico, por lo que siempre se recomienda descartar primero un problema veterinario. Una vez hecho eso, el abordaje más eficaz es la desensibilización gradual: acostumbrar al animal al arnés y la correa dentro de casa, premiarlo por acercarse a la puerta sin obligarlo a cruzarla y avanzar paso a paso, asociando cada pequeño logro con algo positivo. Forzarlo a salir o arrastrarlo solo refuerza el miedo.

El mismo principio rige para los gatos, aunque con matices. Animal territorial por excelencia, el gato necesita sentirse seguro antes de explorar. El entrenamiento con arnés debe comenzar en el interior del hogar, con sesiones breves y refuerzos positivos. Si hay balcón o patio, esos espacios pueden funcionar como transición antes de intentar la vereda. El objetivo no es que el gato “aprenda a pasear” como un perro, sino que incorpore nuevas experiencias sin perder la sensación de control y refugio.

Los especialistas coinciden en que la clave está en la paciencia y la previsibilidad. Rutinas claras, horarios estables y estímulos mentales dentro del hogar —juegos de búsqueda, rascadores, plataformas en altura, juguetes interactivos— ayudan a reducir la ansiedad general y facilitan el entrenamiento. En algunos casos, incluso, puede aceptarse que el animal no necesite salir si su bienestar está garantizado puertas adentro.

 

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