¡Las mascotas también sienten!

Estrés, miedos, cambios de conducta y procesos de adaptación atraviesan la vida cotidiana de perros y gatos mucho más de lo que solemos notar. Cómo reconocer las señales de malestar emocional, por qué los cambios impactan tanto en ellos y cómo acompañarlos

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Durante años, el cuidado de las mascotas estuvo centrado casi exclusivamente en lo físico: vacunas al día, alimentación balanceada, controles veterinarios y paseos regulares. Sin embargo, en los últimos tiempos comenzó a tomar fuerza una dimensión igual de relevante y muchas veces invisibilizada: el bienestar emocional. Porque un animal puede estar clínicamente sano y, aun así, manifestar conductas que hablan de un profundo malestar interno.

“El bienestar emocional se refiere a cómo la mascota transita sus experiencias, vínculos y cambios. Un animal puede estar sano físicamente, pero si emocionalmente está alterado, eso impacta en su conducta, su equilibrio y su calidad de vida”, explica Nicole Papazian, terapeuta floral especializada en bienestar emocional en mascotas y personas.

SEÑALES SILENCIOSAS QUE HABLAN

Uno de los mayores desafíos es aprender a leer lo que las mascotas expresan sin palabras. Muchas veces, las señales de estrés o angustia no son evidentes y terminan normalizándose dentro del hogar. “Aislamiento, hiperapego, irritabilidad, cambios en el sueño, lamido excesivo, conductas repetitivas o alteraciones en la alimentación. Son señales sutiles que suelen normalizarse, pero indican malestar emocional”, advierte Papazian.

Estas manifestaciones pueden aparecer de forma gradual y ser interpretadas como “mañas”, “caprichos” o rasgos de personalidad, cuando en realidad funcionan como un llamado de atención. El lamido compulsivo, por ejemplo, puede ser una vía de descarga de ansiedad; el aislamiento repentino, una respuesta al miedo o a la inseguridad; y la demanda constante, una forma de buscar contención.

Las mascotas encuentran seguridad en la previsibilidad. Rutinas claras, horarios estables y entornos conocidos les permiten anticipar lo que viene y sentirse a salvo. Por eso, los cambios -aunque para las personas sean positivos o necesarios- pueden resultar profundamente desestabilizantes para ellos.

“Mudanzas, viajes, separaciones o la llegada de un nuevo integrante al hogar impactan porque las mascotas se sostienen en la rutina y la previsibilidad. Cuando el entorno cambia, pueden sentirse inseguros o desorientados, y eso se expresa a través de ansiedad, miedos o conductas nuevas”, señala la especialista.

No todas las especies ni todos los animales reaccionan de la misma manera. En términos generales, los perros suelen exteriorizar más su malestar. “En ellos es frecuente ver ansiedad, demanda constante o conductas destructivas”, explica Papazian. Los gatos, en cambio, tienden a manifestarlo de forma más silenciosa: “Suelen replegarse, esconderse, aislarse o modificar hábitos como el uso del arenero”.

LA SINTONÍA EMOCIONAL CON LAS PERSONAS

Quienes conviven con animales suelen notar que algo cambia cuando el clima emocional del hogar se vuelve tenso. Y no es casualidad. Las mascotas son especialmente sensibles al entorno afectivo que las rodea.

“Las mascotas son muy sensibles al clima emocional del hogar. No es un contagio directo, pero sí una fuerte sintonía: el estrés o la angustia sostenida de las personas puede reflejarse en el comportamiento del animal”, explica Papazian. Estados prolongados de nerviosismo, tristeza o ansiedad en los humanos pueden traducirse en inquietud, hipervigilancia o cambios de conducta en perros y gatos.

 

En términos generales, los perros suelen exteriorizar más su malestar

 

Esta conexión emocional refuerza la idea de que el bienestar animal no puede pensarse de forma aislada, sino como parte de un sistema vincular donde todos los integrantes influyen entre sí.

ADOPCIONES Y FORMAR UN VÍNCULO

La adopción es uno de los momentos más sensibles en la vida de una mascota. Especialmente cuando hay historias previas de abandono, maltrato o múltiples cambios de hogar. En esos casos, el proceso de adaptación suele estar atravesado por emociones intensas.

“Suelen aparecer miedos, desconfianza e hipervigilancia. El acompañamiento emocional, junto con tiempo, paciencia y coherencia, es clave para que el animal pueda reconstruir seguridad y vínculo”, señala la terapeuta. No se trata de forzar una adaptación rápida, sino de respetar los tiempos internos de cada animal y ofrecer un entorno previsible y contenedor.

LA TERAPIA FLORAL

Dentro de los abordajes complementarios para el bienestar emocional, la terapia floral ocupa un lugar cada vez más elegido por tutores y profesionales. Según Papazian, su función es acompañar de manera suave y personalizada los procesos emocionales.

“La terapia floral actúa como un apoyo emocional personalizado y suave. Ayuda a equilibrar estados como miedo, ansiedad o inseguridad, siempre como complemento y respetando los tiempos de cada animal”, explica. En el caso de las flores de Bach, se trata de una terapia natural, segura y sin efectos secundarios, que se adapta a las necesidades particulares de cada mascota. “Se les realiza una fórmula personalizada para cada animal”, agrega.

La especialista destaca que no se trata de soluciones mágicas ni inmediatas, sino de procesos que requieren observación y constancia. “He acompañado mascotas con ansiedad intensa luego de mudanzas o adopciones que, con trabajo emocional sostenido, lograron relajarse, mejorar el vínculo con su familia y recuperar conductas más equilibradas”, relata.

MOMENTOS CLAVE PARA PRESTAR ATENCIÓN

Si bien el bienestar emocional debería ser una constante, existen etapas especialmente sensibles en la vida de las mascotas. “Adopciones, mudanzas, viajes, vejez, enfermedades, duelos y cambios importantes en la dinámica familiar. Son momentos donde el acompañamiento emocional es fundamental”, enumera Papazian.

 

Mudanzas, viajes y separaciones impactan en las rutinas de las mascotas

 

En la vejez, por ejemplo, pueden aparecer miedos nuevos o desorientación; en situaciones de enfermedad, ansiedad o tristeza; y frente a la pérdida de un compañero humano o animal, procesos de duelo que muchas veces no se reconocen.

Detectar a tiempo el malestar emocional puede evitar que se transforme en problemas de conducta más complejos. Para eso, la observación atenta es clave. “Observar sin minimizar, respetar sus tiempos, sostener rutinas claras y consultar a un profesional. Atender lo emocional a tiempo puede prevenir que el malestar se profundice”, recomienda la terapeuta.

Entender que las mascotas sienten, procesan y se ven afectadas por lo que ocurre a su alrededor es un paso fundamental hacia una convivencia más empática. Porque cuidar de ellas no es solo garantizar su salud física, sino también ofrecerles un entorno emocionalmente seguro donde puedan desarrollarse con equilibrio y bienestar.

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