“Tres luces”: la otra obra íntima que descubre una gran ternura
Edición Impresa | 15 de Febrero de 2026 | 02:36
En la Irlanda rural de comienzos de los años ochenta, una niña es enviada a pasar una temporada a la casa de unos parientes lejanos. Su madre, desbordada por las urgencias económicas, necesita un respiro. Lo que parece una solución práctica se transforma, para la protagonista, en una experiencia fundante. En el hogar de los Kinsella, lejos de la austeridad conocida —donde la letrina era regla y el silencio, costumbre—, descubre gestos mínimos de cuidado: un baño limpio, un freezer reluciente y una frase que se graba en su memoria infantil como una promesa absoluta: “aquí no hay secretos”.
Sin embargo, como suele ocurrir, esa promesa se revela frágil. La niña, observadora precoz y sensible, no solo percibe una verdad callada, sino que aprende que el dolor más hondo puede convivir con una ternura inesperada. Esa es la premisa de “Tres luces”, la primera novela corta de la escritora irlandesa Claire Keegan, una obra breve pero de una densidad emocional notable.
Aunque la historia se inscribe en una tradición irlandesa de crianza compartida, trasciende lo cultural para indagar en experiencias universales: el crecimiento, la pérdida, el peso de los silencios y la frontera ambigua entre el secreto y la vergüenza. Con un final abierto y conmovedor, la novela invita a una pregunta persistente: ¿cuántas verdades ocultamos sin advertir que, del otro lado, puede esperarnos la ternura?
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