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Séptimo Día |“EL HOMBRE QUE AMABA A LOS PERROS” (2009)

Una obra sobre las utopías que devoran

Padura reconstruye el asesinato de León Trotski y el derrotero de su verdugo para narrar, también, la derrota moral de una época. Oscila entre la historia y la ficción

Una obra sobre las utopías que devoran

autor cubano de obras como “Ir a la habana” / web

15 de Febrero de 2026 | 02:45
Edición impresa

Publicada en 2009, “El hombre que amaba a los perros” no es solo una novela histórica. Es, ante todo, una indagación profunda sobre el poder, la traición, el miedo y el precio que pagan los individuos cuando las grandes ideas se convierten en sistemas cerrados y despiadados. Leonardo Padura construye una obra monumental donde tres destinos —el de León Trotski, el de Ramón Mercader y el de un escritor cubano frustrado— se entrelazan hasta revelar una verdad incómoda: las utopías también pueden destruir a quienes creen en ellas.

LA TRAMA

La novela se inicia en La Habana, en 2004. Iván, un hombre que quiso ser escritor y terminó sobreviviendo como veterinario, asiste a la muerte de su pareja en una Cuba deteriorada. Ese duelo se convierte en el disparador de un recuerdo que lo persigue desde hace décadas: los encuentros, a fines de los años setenta, con un hombre misterioso que paseaba por la playa acompañado de dos galgos rusos. A lo largo de varias charlas, ese desconocido comienza a confiarle una historia extraordinaria, ligada al asesinato de Trotski en México, en 1940.

A partir de allí, Padura despliega una narración múltiple. Por un lado, reconstruye el largo exilio de Trotski tras ser expulsado de la Unión Soviética por Stalin: Turquía, Francia, Noruega y finalmente México, siempre bajo vigilancia, siempre perseguido. Por otro, sigue la vida de Ramón Mercader desde su juventud en la Barcelona burguesa, su paso por la Guerra Civil Española y su progresiva conversión en un agente soviético entrenado para matar. Ambos recorridos, paralelos y trágicos, confluyen inevitablemente en Coyoacán, donde Mercader asesina a Trotski clavándole un piolet en la nuca.

Padura no se limita a relatar un crimen histórico conocido. Lo que le interesa es el proceso: cómo se fabrica un asesino, cómo se aísla a un enemigo político, cómo el poder absoluto elimina cualquier resto de disidencia. Stalin aparece como una figura ominosa, casi siempre en segundo plano, pero determinante: un líder capaz de planificar con obsesión la muerte de su adversario y, al mismo tiempo, borrar toda huella documental del crimen.

La tercera línea narrativa es la más cercana y quizás la más dolorosa. Iván encarna a una generación de intelectuales cubanos que aprendió pronto que escribir podía ser peligroso. Celebrado mientras obedecía, silenciado cuando insinuó una mirada crítica, su vida refleja la censura, el miedo y la autocensura en la Cuba contemporánea. En ese sentido, la novela no solo revisa el estalinismo, sino que también interpela al presente cubano, sin nombrarlo de forma explícita.

LA PROSA

El título funciona como un símbolo poderoso. Trotski amaba a los perros. Mercader también. Iván, veterinario improvisado, es el tercero. Los perros representan la capacidad de afecto que subsiste incluso en vidas atravesadas por la violencia, la manipulación y la culpa. Padura logra algo poco frecuente: que el lector sienta compasión por sus tres protagonistas, incluso sabiendo que dos de ellos fueron responsables de actos terribles.

Con una prosa precisa, contenida y de gran potencia emocional, El hombre que amaba a los perros se impone como una reflexión sobre los sueños rotos del siglo XX, sobre la forma en que la Historia aplasta a las personas y las convierte en víctimas o verdugos. Padura no absuelve, pero tampoco juzga de manera simple. Su mirada es humana, compleja y profundamente incómoda.

Por todo eso, la novela no se sostiene en el suspenso ni en los giros narrativos —el final es conocido desde la primera página—, sino en el viaje interior que propone. Leerla es aceptar una pregunta que atraviesa toda la obra: qué queda de los ideales cuando el poder los transforma en una maquinaria de destrucción.

Una novela exigente, dolorosa y necesaria. Y una de las grandes obras de la literatura en español de este siglo.

EL HOMBRE QUE AMABA A LOS PERROS
LEONARDO PADURA
Editorial: Tusquets
Páginas: 573
Precio: $50.900
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