Un cuadro, un barco y las huellas del desarraigo

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En Herejes, Leonardo Padura vuelve a combinar historia, política y ficción. El punto de partida es un episodio tan real como estremecedor: en 1939, el barco S.S. Saint Louis, con cerca de novecientos judíos que huían de la Alemania nazi, permaneció varios días frente al puerto de La Habana esperando un permiso de asilo que nunca llegó. Entre ellos viajaban miembros de la familia Kaminsky. Desde el muelle, el pequeño Daniel y su tío aguardaban con la esperanza de salvarlos gracias a un tesoro oculto: un lienzo de Rembrandt que había pasado de generación en generación. El permiso fue negado y el barco regresó a Europa; muchos de sus pasajeros morirían en los campos de concentración. Padura utiliza la trama policial para desplegar una reflexión más amplia sobre el exilio, la identidad y la pérdida de las utopías. Como en otras novelas de la serie, Conde aparece como un personaje entrañable, marcado por el desencanto, la precariedad y la obstinación por aferrarse al amor como último refugio. Con una prosa cuidada, rítmica y detallista, Herejes confirma la ambición literaria de Padura, aunque en algunos pasajes la minuciosidad ralentiza el avance de la historia. Aun así, la novela deja una marca profunda: la de una memoria herida que se resiste a desaparecer.

 

Leonardo Padura
Herejes

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