Nicolás Barros Schelotto no para de sorprender con su pegada de zurda
Edición Impresa | 3 de Febrero de 2026 | 02:04
¡Que momento de Nicolás Barros Schelotto! El Heredero lo hizo de nuevo: bajo la atenta mirada de su padre en uno de los palcos, volvió a colgar la pelota de un ángulo. Esta vez fue de tiro libre desde el costado, casi sin ángulo, pero con el suficiente espacio para darle rosca a la pelota y que se clave contra la pared de la red. En el mismo arco del gol olímpico ante Racing, el juvenil ratificó que es una pieza vital de este equipo albiazul.
“Le apunté al segundo palo para que fuera complicado para el arquero. Había mucha gente en el área y pensé que le iba a costar ver la pelota. Intenté y se metió en el ángulo. Tengo la confianza de mis compañeros para pegarle directamente al arco”, contó Barros Schelotto tras la victoria albiazul.
Las cosas pasan por algo: así, este pibe que hace un año se preparaba para viajar nuevamente a Los Ángeles para jugar en el desapasionado fútbol de la MLS terminó superando una prueba, jugando dos o tres partidos en Cuarta (que le quedaba chica), siendo titular indiscutido de la Reserva durante todo el año y sin deslumbrar pero siempre en crecimiento, llegó a Primera de la mano de Zaniratto, que se jugó una patriada personal en el clásico disputado en UNO. Los que se preguntaron ¿por qué lo puso? hace unos meses, hoy seguramente entienden y felicitan la decision.
En un fútbol en el que algunos cracks llegan y les cuesta la adaptación (caso Carboni en Racing), Nicolás Barros Schelotto hizo toda la escalerita de nuestro fútbol peldaño tras peldaño. Fue un curso acelerado de nueve meses para “recuperar el tiempo perdido” desde aquellas tardes interminables en El Bosquecito, sede del fútbol infantil tripero.
“Tuve nueve, casi diez meses en la Reserva y creo que eso me hizo madurar. Meterme en el roce, en lo que es la competitividad de este fútbol. Pude adaptarme rápido y el grupo me da mucha confianza. Mis compañeros me permiten jugar tranquilo y mucho de lo que vivo parte de ellos”, expresó el autor del primer tanto de la tarde en el Juan Carmelo Zerillo.
Su pegada viene abriendo partidos que terminaron dándole puntos claves a este equipo. En un equipo en el que juegan Nacho Fernández o Lucas Castro, el dueño de la pelota parada es un pibe de 19 años. Por algo es. Pero Nicolás Barros Schelotto es más que el beso a la pelota y una zurda que lastima, sea en un tiro directo al arco o en un centro envenenado que cualquier cabeza que lo roce puede generar un lío bárbaro para el arquero. Es un jugador con panorama que sabe asociarse con los que saben y que puede ponerse al hombro el funcionamiento de un equipo. Por eso pidió la camiseta número 10 (que el año pasado fue de Alan Sosa), se la dieron y supo responder a esa confianza con juego y goles.
“Intento hacer lo que me inculcaron y dejar la vida por esta camiseta, la más linda que hay”
“En el físico salí Carriquiriborde”, dijo cuando le consultaron por su físico. “Mi abuelo es alto, mi mamá y sus hermanos también”, contó. Más alto que su padre y su tío, además salió zurdo. “Intento hacer lo que mi papá y mi tí me inculcaron de chiquito y dejar la vida por esta camiseta que es la más linda que hay”.
Con la 10 en la espalda, por ahora es el Heredero, pero ya está escribiendo las páginas de una historia propia.
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