VIDEO. De Rappi a Pedido Ya, las cifras del delivery en La Plata: $2.000.000 al mes, gastos y peligros

  

El crecimiento de las aplicaciones de delivery transformó el paisaje urbano de La Plata y también el modo de ganarse la vida de cientos de repartidores que, día a día, recorren la ciudad enfrentando diversos riesgos en moto o bicicleta. Detrás de las mochilas rojas de Rappi y PedidosYa, se esconde una rutina exigente, atravesada por largas jornadas laborales, ingresos variables y riesgos constantes.

Según un relevamiento realizado por el móvil de EL DÍA, los repartidores de delivery en La Plata ganan entre 30 y 40 mil pesos por día, cifra que puede duplicarse durante los fines de semana, cuando la demanda aumenta de manera significativa. De esta manera, quienes logran sostener una alta carga horaria y trabajar todos los días del mes pueden alcanzar ingresos cercanos a los 2 millones de pesos mensuales, aunque no sin costos.

Detrás de cada repartidor hay una historia. Lucas, por ejemplo, hace seis años trabaja como delivery en La Plata. Llegó desde Daireaux, un pequeño pueblo del interior de la provincia de Buenos Aires, en busca de mejores oportunidades laborales. Como muchos de sus compañeros, alquila, tiene familia y responsabilidades que lo empujan a sostener jornadas extensas para llegar a fin de mes.

En una entrevista con este medio, el repartidor que trabaja hace seis años en la Región, Lucas, comentó: "Yo hace seis años que arranqué con esto luego de la pandemia, gano más con esto que con otros trabajos. Yo trabajo diez horas por día para llegar a fin de mes, hago horarios cortado, según como este el día. Los fin de semana uno trabaja el doble y se gana mucho más. Un fin de semana laburando 10 horas se gana 70 o 80 mil pesos al día. Yo en mi caso, trato de meter diez horas, porque alquilo soy de interior y está muy difícil". 

Para llegar a esos números, la mayoría debe cumplir jornadas de entre 8 y 10 horas diarias, muchas veces sin francos fijos y dependiendo de los picos de pedidos. A eso se suman los gastos inevitables: combustible, mantenimiento del vehículo, datos móviles y, en algunos casos, el alquiler del equipo de trabajo.

En tanto, otro joven que subió a su motocicleta a entregar un pedido, Samuel, expresó: "Desde diciembre que trabajo en esto y me rinde mucho. Un día habitual gano entre 30 y 40 mil pesos, la verdad que me va bastante bien, cubro mis gastos de la motos. Son dos millones de pesos o dos millones y medio por mes que gano pero hay que estar muchas horas arriba de la moto. Uno es el dueño de elegir las horas que querés trabajar, Si querés esclavizarte tenés que laburar 12 o 20 horas al día, pero tenés que tener ganas de trabajar, que te de la moto y la batería del celu", dijo Samuel en la zona de la calle 3 entre la avenida 44 y 45. 

Pero el ingreso no es el único factor que marca la vida del delivery. El riesgo es una constante. Accidentes de tránsito, caídas y el temor permanente a la inseguridad forman parte del día a día. Los repartidores aseguran que los robos son una preocupación central, especialmente por la presencia de motochorros que apuntan directamente a quienes trabajan en la calle.

Ante este escenario, muchos optan por trabajar en pareja: uno conduce y el otro acompaña, tanto para cuidarse mutuamente como para agilizar las entregas y reducir los tiempos de exposición. La estrategia, aunque informal, se volvió habitual en distintos puntos de la ciudad.

Por otro lado, otro joven oriundo de La Matanza que estaba sentado en la esquina de 8 y 51, explicó:  "Yo hace unos meses trabaja en una empresa de limpieza y ganaba muy poco las cuatro horas. Hoy hago 14 pedidos al mediodía y 16 a la noche maso menos. Está jodido a la noche el tema de la inseguridad pero nos cuidamos entre todos", finalizó. 

Por último, el fenómeno del delivery sigue creciendo, pero también deja al descubierto una realidad compleja: ingresos que parecen altos en los números, pero que exigen un esfuerzo físico y mental enorme, en un contexto donde la inseguridad y la falta de cobertura ante accidentes siguen siendo una deuda pendiente.

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