Transgredir la ley y atacar a los agentes viales exige sanciones ejemplares

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Las faltas de respeto por las normas de tránsito que causan tantas muertes deben ser sancionadas con la mayor severidad. Un episodio ocurrido ayer, cuando se detuvo al conductor de un vehículo que llevaba en su falda a un niño de corta edad, refleja claramente la necesidad de aplicar las máximas penas previstas para situaciones de ese tipo.

Además de haber cometido la más que peligrosa imprudencia de llevar a un niño de esa manera, cuando los agentes quisieron labrar el acta en la que constara la infracción de transportar a un menor sin los sistemas de retención infantil obligatorios, la famosa “sillita” adaptable para la seguridad de los niños, el conductor reaccionó violentamente.

Los representantes del orden vial fueron agredidos hasta el extremo de tener que resguardarse en el interior del vehículo. Debieron recurrir al auxilio de la policía para evitar que el infractor escalara aún más en las actitudes violentas.

La experiencia demuestra que casi no existen los accidentes de tránsito. Las decenas de muertes producidas en las primeras semanas del año demuestran la imperiosa necesidad de terminar con la impunidad de quienes asesinan o lesionan a terceros con el uso del auto como un arma.

El homicidio causado por un vehículo debe merecer el mismo trato que cualquier otro homicidio. La desaprensión de conductores que llegan al extremo de reaccionar violentamente cuando se labra el acta en la que conste la infracción, debe tener también su correlato en sanciones que quiebren la sensación de impunidad.

Los agentes viales de la Provincia y de la Ciudad de La Plata no pueden estar expuestos a peligros físicos por el simple hecho de constatar una violación a las normas y labrar un acta.

Demasiadas veces esos agentes han sufrido agresiones como para que se ignore que esos hechos son un agravante de cualquier acto cometido por un conductor que no acepta la aplicación de las leyes.

En demasiados casos, asesinos al volante han recibido leves condenas, aun cuando no existen atenuantes de ninguna especie para no respetar el límite de velocidad o un semáforo cuya luz roja indica que debe detenerse.

Hechos de ese tipo han ocurrido hasta en las arterias del centro de La Plata, sin siquiera mencionar, las imprudencias que se cometen en las rutas.

Es la hora de aceptar que ya son inútiles todas las campañas de educación vial, y que los violadores de las normas de tránsito no son menos imprudentes. Se trata de una cuestión que ha costado ya demasiadas vidas.

 

 

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