El sol también quema el pelo: cómo prevenir el daño invisible de los rayos UV
Edición Impresa | 1 de Marzo de 2026 | 04:19
El verano pone al cabello en una situación de estrés constante. El combo de mar, pileta, viento y humedad suele llevarse todas las culpas cuando el pelo termina reseco, opaco y difícil de manejar. Sin embargo, hay un factor silencioso que muchas veces pasa desapercibido: la radiación ultravioleta. Así como impacta en la piel, el sol también deteriora la fibra capilar y puede convertirse en el principal enemigo durante las vacaciones.
De hecho, en determinados tipos de cabello —sobre todo en los más sensibles, como los rubios, decolorados o canosos— la exposición solar prolongada puede generar un daño incluso mayor que el cloro o la sal. La consecuencia no es solo estética. El pelo pierde resistencia, elasticidad y uniformidad en el color.
EFECTOS
Los especialistas advierten que el primer signo de consecuencia suele ser un aclaramiento desigual en el pelo, lo equivalente a una quemadura solar.
A ese efecto se suman una textura más áspera, aumento del frizz, puntas abiertas y una pérdida progresiva de brillo.
La radiación actúa en distintos niveles. En primer lugar, degrada la película lipídica que recubre la fibra capilar. Esa capa externa cumple una función clave: mantener la hidratación y actuar como barrera frente a las agresiones externas. Cuando se deteriora por el sol y el contacto con el agua, pierde su capacidad impermeable. En ese contexto, los rayos UV penetran con mayor facilidad y alcanzan zonas más profundas de la fibra, donde generan daños estructurales.
Suele aparecer un aclaramiento desigual en el pelo, equivalente a una quemadura solar
No todos los rayos impactan del mismo modo. La radiación UVB afecta principalmente las proteínas superficiales, mientras que la UVA penetra hasta la corteza del cabello. Esa combinación repercute en la integridad interna del pelo y se traduce en menor resistencia y mayor fragilidad. La exposición sostenida, típica de jornadas enteras al aire libre, acelera el proceso.
QUÉ HACER PARA EL CUIDADO
Frente a este escenario, los especialistas insisten en que la prevención es clave. Así como el protector solar forma parte de la rutina diaria en la playa o la pileta, el cabello también necesita una estrategia de cuidado. La recomendación principal es incorporar fotoprotectores capilares, productos diseñados para crear una película protectora que minimice el impacto de la radiación.
La forma de uso es sencilla pero requiere constancia: aplicarlos con el cabello húmedo antes de la exposición, reaplicarlos después del mar o la pileta y reforzar con protección física, como gorros o pañuelos, especialmente en las horas de mayor intensidad solar. En cabellos claros o con procesos químicos, la indicación es sumarlos directamente a la rutina diaria durante toda la temporada estival.
El cabello también necesita una estrategia de cuidado como el protector para la piel
Además de los protectores específicos para el pelo, existen fórmulas multifunción que permiten proteger rostro, cuerpo y cabello en un solo gesto.
Más allá del producto elegido, el mensaje es claro: el daño solar en el cabello no es un mito ni un detalle menor. Se acumula con el tiempo y sus efectos se vuelven evidentes hacia el final del verano, cuando el pelo luce más apagado y debilitado. Incorporar hábitos de protección no solo mejora el aspecto inmediato, sino que permite llegar a marzo con una fibra capilar más fuerte, uniforme y saludable.
Cuidar el cabello del sol no es una cuestión superficial. Es entender que, al igual que la piel, también necesita defensa frente a una radiación que, aunque invisible, deja huella.
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