Tiene cosas por mejorar, pero el ciclo está sano
Edición Impresa | 2 de Marzo de 2026 | 04:04
Por MARTIN MENDINUETA
Gimnasia jugó y empató uno de esos partidos que sirven para medir el carácter del equipo. Con errores (especialmente en el juego aéreo defensivo), pero también con saludable personalidad para luchar de principio a fin, dio un paso hacia adelante en el proceso de afianzamiento del ciclo que conduce Fernando Zaniratto.
Mucho mejor en el primer capítulo que en el complemento, el Lobo ratificó que está convencido de buscar asociaciones entre sus mediocampistas y ese parece el rumbo que deberá seguir puliendo. El punto más bajo se advirtió a la hora de defender pelotas aéreas y allí Insfrán, que tuvo atajadas muy valiosas, quedó en evidencia en el tiro de esquina que terminó en el segundo gol de Tigre.
EL GOLAZO DE MARCELO TORRES FUE UNA CONSTRUCCIÓN EXQUISITA
Imperfecto y seductor al mismo tiempo, Gimnasia se mostró vivo y hambriento para llevarse el primer tiempo.
Sufrió la presión constante de Tigre, lo salvó Insfrán y el travesaño, pero siempre le hizo saber al equipo de Dabove que estaba dispuesto a hacerle daño. El primer gol fue producto de una linda pegada coronada con un preciso cabezazo. Pero lo del segundo alarido en las casas triperas se gestó gracias a la brillante habilitación de Nacho Fernández y a una definición notable del artillero Marcelo Torres.
¿Jugó siempre bien Gimnasia en ese primer capítulo? No, aunque entregó en cada pelota dividida la certeza de que estaba dispuesto a todo y eso es exactamente lo que quiere percibir su gente en cada presentación.
EL COMPLEMENTO LO MOSTRÓ CON MENOS CONVICCIÓN PARA ATACAR
El partido de anoche ratificó que cuando se cansa Nacho Fernández y baja su movilidad Marcelo Torres, el equipo lo siente demasiado.
El capítulo final lo ubicó siempre lejos del arco rival, corriendo y metiendo en cada sector, aunque sin la convicción para atacar que había mostrado cuando complicó mucho al equipo de Diego Dabove.
La mejor sensación que entregó Gimnasia fue la de estar transitando un ciclo que está sano. Tiene, como la mayoría de los equipos de primera división, varios aspectos por mejorar, aunque su manera de luchar ante un rival muy intenso lo exime de escuchar ácidos reproches. Luego de ocho fechas disputadas se instala lejos de los extremos. No muestra lo mejor del torneo, pero mucho menos lo peor.
Está vivo en el campo. Luce comprometido con la idea que le inculca su director técnico y, cuando se encienden sus hombres de mejor técnica, realiza combinaciones seductoras.
La prueba era brava, exigente y traicionera. No haber perdido lo deja, justo ante del vergonzoso paro de la AFA, posicionado como para seguir trabajando con tranquilidad. Pedirle que enamore a todos sus hinchas sería arrastrarlo a una cruel utopía.
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