Ventas en baja y números en rojo potencian la crisis del sector textil
| 20 de Marzo de 2026 | 21:08
La industria de la indumentaria atraviesa uno de sus momentos más delicados de los últimos años. Con ventas en retroceso, acumulación de stock y márgenes cada vez más ajustados, el sector enfrenta un cuadro que impacta de lleno en la cadena de pagos, donde ya ocho de cada diez empresas registran dificultades para cumplir con sus compromisos.
Según el último relevamiento de la Cámara Industrial Argentina de la Indumentaria (CIAI), correspondiente al primer bimestre de 2026, las ventas promedio cayeron 8,4% interanual y consolidaron una tendencia negativa que se extiende desde hace dos años. De hecho, 12 de los últimos 13 bimestres relevados muestran caídas, lo que confirma un deterioro sostenido de la actividad.
El impacto es generalizado. El 63% de las empresas reportó bajas en sus ventas, frente a apenas un 30% que logró incrementarlas. El resto se mantuvo sin cambios. Aunque el informe señala una leve mejora respecto del bimestre previo, el escenario sigue siendo crítico y sin señales claras de recuperación.
El principal factor detrás de esta dinámica es la caída de la demanda. Ocho de cada diez firmas la identifican como su mayor problema, una constante que se repite en todos los relevamientos de los últimos dos años. Con un mercado retraído, las empresas no logran sostener los niveles de facturación ni compensar los aumentos de costos.
Ese punto resulta clave para entender el deterioro financiero. La mitad de las compañías no pudo trasladar subas de costos a precios, mientras que un 43% solo logró hacerlo de manera parcial. En la práctica, esto implica una pérdida directa de rentabilidad que termina tensionando la estructura de pagos.
El resultado es un fuerte estrés financiero. El 80% de las empresas enfrenta dificultades en la cadena de pagos, en un contexto donde se duplicaron los atrasos ocasionales: hoy afectan a seis de cada diez firmas. En paralelo, el grupo de compañías sin inconvenientes significativos se redujo del 40% al 21% en apenas un bimestre, lo que evidencia un deterioro acelerado.
A la par, el sector acumula mercadería sin salida. El 50% de las empresas declaró tener niveles de stock excesivos, el registro más alto desde mediados de 2024. La falta de demanda, combinada con la imposibilidad de ajustar precios, genera un cuello de botella que inmoviliza capital y agrava los problemas financieros.
El impacto también alcanza al empleo. Las renuncias no reemplazadas representan el 25% de las medidas adoptadas por las empresas, mientras que los despidos escalaron al 21%, con un aumento de siete puntos porcentuales respecto del bimestre anterior. El ajuste en las plantillas refleja la necesidad de reducir costos frente a la caída de la actividad.
Las perspectivas, lejos de mejorar, se deterioran. Crecen las expectativas negativas sobre la economía y solo el 16% de las empresas espera una mejora en sus ventas en el corto plazo. En cambio, uno de cada cuatro anticipa nuevas caídas y seis de cada diez proyectan un escenario sin cambios.
Con dos años de retroceso acumulado, el sector no logra revertir la tendencia. La combinación de menor consumo, rentabilidad en baja y tensiones financieras configura un escenario complejo, donde la cadena de pagos aparece como uno de los puntos más frágiles y determinantes para la supervivencia de las empresas.
Números en rojo en la indumentaria
El deterioro de la industria de la indumentaria se refleja en una serie de indicadores que muestran un cuadro cada vez más comprometido para las empresas del sector. En el primer bimestre de 2026, las ventas registraron una caída interanual del 8,4%, en una tendencia que ya acumula dos años consecutivos en terreno negativo. De hecho, 12 de los últimos 13 relevamientos muestran retrocesos.
El impacto es amplio: el 63% de las firmas reportó bajas en sus ventas, mientras que solo el 30% logró mejoras. En ese contexto, la falta de demanda se consolida como el principal problema estructural: ocho de cada diez empresas la señalan como su mayor preocupación.
La debilidad del mercado también limita la capacidad de recomponer márgenes. La mitad de las compañías no pudo trasladar aumentos de costos a precios y un 43% apenas logró hacerlo de manera parcial. Este desfasaje golpea directamente sobre la rentabilidad y explica buena parte de las tensiones financieras.
Uno de los datos más críticos es el de la cadena de pagos. El 80% de las empresas enfrenta dificultades, con un fuerte crecimiento de los atrasos: seis de cada diez firmas reconocen demoras ocasionales. En contraste, las compañías sin problemas significativos cayeron del 40% al 21% en apenas un bimestre.
A esto se suma la acumulación de stock. El 50% de las empresas declara niveles excesivos, el valor más alto desde 2024.
Stock
El 50% de las empresas declara niveles excesivos, el valor más alto desde 2024, lo que implica capital inmovilizado en un contexto de ventas en baja. Con menor ingreso de fondos y mayores costos, el equilibrio financiero del sector se vuelve más frágil.
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