Vanity Fair: glamour y audacia
Edición Impresa | 22 de Marzo de 2026 | 05:37
La ceremonia de los Oscar marca el pulso del cine global, pero hay un momento donde la moda se libera de toda solemnidad: la fiesta posterior organizada por Vanity Fair.
En su edición 2026, el evento estrenó locación en el Museo de Arte del Condado de Los Ángeles (LACMA), y el cambio de escenario no fue menor. El nuevo entorno aportó una atmósfera más contemporánea, ideal para una alfombra gris donde el dress code se reinterpretó con mayor libertad.
Si durante la gala predominan los códigos clásicos, en esta segunda instancia la consigna parece ser otra: sorprender. Y eso fue exactamente lo que ocurrió. Las estrellas no solo cambiaron de vestuario, sino también de actitud. Las siluetas se volvieron más relajadas, los escotes más pronunciados y los tejidos, más experimentales.
Uno de los grandes focos estuvo puesto en quienes dominaron la noche cinematográfica. Michael B. Jordan, consagrado por su trabajo en “Los pecadores”, llevó su estatuilla a la fiesta y optó por una versión más distendida del traje clásico, con líneas limpias y una impronta moderna.
Jessie Buckley, otra de las figuras destacadas, apareció con un vestido de Chanel que sintetizaba elegancia y carácter: una pieza que combinaba tradición con una lectura actual del lujo.
Pero la fiesta no es solo territorio de actores. Modelos, empresarias, figuras del entretenimiento y hasta magnates tecnológicos se mezclan en un mismo espacio donde la visibilidad es moneda corriente. Las hermanas Kardashian, fieles a su estilo, apostaron por looks que enfatizan la silueta y el impacto visual. Kylie Jenner, acompañando a Timothée Chalamet, eligió un conjunto que dialogaba con las tendencias más actuales: minimalismo con un giro sensual.
También hubo lugar para íconos consagrados. Nicole Kidman, Kate Hudson y Cara Delevingne mostraron cómo reinterpretar el glamour sin caer en lo previsible. Desde vestidos con transparencias estratégicas hasta conjuntos sastreros que desdibujan las fronteras de género, la diversidad estética fue una constante.
El denominador común, sin embargo, fue el concepto de “segundo look”. Esta tradición, cada vez más instalada, permite a las celebridades expresar otra faceta de su identidad estilística. Si el primer outfit responde a la industria y sus reglas, el segundo parece responder al deseo personal, a la comodidad o incluso al juego.
En ese sentido, la fiesta de Vanity Fair funciona como un termómetro más fiel de las tendencias. Aquí se ven adelantadas muchas de las claves que dominarán las próximas temporadas: el regreso de los brillos, el protagonismo de las texturas, la reivindicación de la sastrería y el auge de piezas híbridas que cruzan lo formal con lo informal.
A lo largo de sus más de tres décadas, esta celebración se consolidó como una cita imprescindible. Desde los años en que adquirió estatus legendario hasta la actualidad, su esencia sigue intacta: ser el lugar donde el espectáculo continúa, pero bajo otras reglas. Hoy, con una nueva dirección y un aire renovado, la fiesta parece recuperar su brillo original.
En definitiva, si la gala de los Oscar consagra el talento, la noche de Vanity Fair celebra la imagen. Y en ese juego de luces, cámaras y flashes, la moda vuelve a demostrar que también es protagonista.
Michael B. Jordan, con su Oscar en mano, apostó por la sobriedad
Karol G mostró un minivestido plateado con cola escultural / AP
Demi Moore, dramatismo y elegancia: vestido negro off shoulder con capa de plumas / AP
Anya Taylor-Joy, minimalismo con impronta retro: body negro con transparencias / AP
Lewis Pullman, descontracturado y preciso, combina camisa a rayas, pantalón oscuro y corbata estampada / AP
Matt Bomer de esmoquin bordó con moño negro / AP
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