Como cuando eran niñas: un grupo de amigas se juntó tras 60 años

El barrio las unió pero la vida las distanció. Hoy, 20 de ellas se volvieron a juntar en la calle donde supieron jugar. Entre risas, llantos y anécdotas recordaron que la amistad también es sostener los vínculos sanos en el tiempo

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Macarena Mazzola

mmazzola@eldia.com

Dicen que la infancia es uno de los momentos más importantes de la vida. Que las amistades que hacés no solo te enseñan, sino que te marcan para siempre. Y así fue. En un rincón de Berisso, más precisamente en la intersección de 38 y 174, un grupo de alrededor de 20 mujeres nunca pudo olvidar sus raíces. Hoy, 60 años después, la vida las volvió a juntar para recordar la importancia de no perder esos lazos.

“Mágico es el reencuentro con personas que ves en pocas ocasiones pero que cada vez que las ves traen recuerdos hermosos”, decía el cartel sobre la torta de bienvenida. La casa elegida fue la de Ana María Pajak: el mismo lugar donde supieron ser niñas en la década del 60, en lo que ellas mismas bautizaron como “la vecindad de Villa Zula”. Muchas no se veían desde hacía más de medio siglo. Y el encuentro fue mucho más que una reunión.

Para varias, significó volver a una postal detenida en el tiempo. La vereda, las casas - aunque transformadas - y ese aire de barrio que todavía guarda historias. Allí, entre abrazos largos y miradas cómplices, empezaron a reconstruir una memoria compartida que nunca se fue del todo.

“Somos todas del barrio, de esta cuadra y de la otra. Jugábamos siempre acá”, contó Ana María, de 71 años. A su lado, Mabel, su hermana de 66, completó la escena asistiendo entre risas. El grupo - explican - se formó entre veredas, juegos y tardes interminables al aire libre.

No era la primera vez que intentaban reencontrarse. Hubo una reunión hace 11 años en una pizzería de la Ciudad, cuando muchas de ellas rondaban los 60. “Después nunca más. Esta es la segunda vez en todos estos años”, recordaron. Aquella vez fueron más, incluso algunas que hoy ya no están. “Fallecieron dos”, dijeron, con una mezcla de tristeza y cariño.

El paso del tiempo hizo lo suyo. Algunas se mudaron, otras formaron familias en distintos puntos del país. Hoy viven en La Plata, Ensenada e incluso hay una en Salta que no pudo viajar, pero que envió una foto y prometió sumarse a la distancia en una próxima juntada. El reencuentro, en gran parte, fue posible gracias a las redes sociales. “Nos fuimos encontrando por Facebook, empezamos a buscar nombres y así armamos todo”, explicó Mabel.

Las anécdotas empezaron a aparecer casi sin esfuerzo. Los juegos en la calle, las murgas improvisadas, los disfraces. “Venían los Reyes y hacíamos de todo acá, en la cuadra. Tengo fotos de esa época”, recordó Ana María. También reconoció estar “muy emocionada” porque hay vecinas que vinieron por primera vez . “Acá tengo una amiga que no la dejaban salir y jugábamos por el alambre. Yo iba y la saludaba desde la esquina”, rememoró.

Blanca Márquez, que entre risas se definió como “la más jovencita” del grupo - tiene 77 años - aportó otra mirada, cargada de picardía. “Éramos terribles”, dijo. Y enseguida aparecieron las travesuras: “Íbamos al fondo de la 38 y fumábamos ahí con los chicos”. Para ella, el barrio de entonces era “como un pueblito”, muy distinto al de hoy. “Esto me trae recuerdos hermosos, era gente sana, gente buena. Yo en algún momento me fui del barrio y me mudé a La Plata pero siempre quise volver”, resumió.

Nos fuimos encontrando por redes sociales, donde empezamos a buscar nombres

La emoción atravesó toda la jornada. “Un conjunto de emociones”, definió Maria Paula Parletta, otra de las amigas. “Tristeza por los que no están y alegría por estar juntas. Nuestros padres eligieron este barrio y seguro están contentos de vernos así”. En sus palabras, el reencuentro también fue un homenaje a quienes ya no están presentes en lo físico pero sí en lo emocional.

Lucy Palumbo, en tanto, no pudo contener las lágrimas al volver a pisar el lugar donde creció. “Estoy sentada donde vivía cuando era chiquita”, dijo. Y enseguida aparecieron los recuerdos: las casas humildes, los juegos compartidos, las visitas a los vecinos. “Esto lo hicimos una vez, pero no fue lo mismo. Volver acá, es hermoso”, aseguró.

Para muchas, el barrio nunca dejó de ser el mismo, aun cuando la vida las llevó por otros caminos. Algunas se fueron y volvieron; otras nunca se fueron. “Yo viví toda la vida acá”, contó Nelly Rak, que celebró más de cinco décadas de matrimonio y una vida entera en la misma cuadra. “Nos conocemos desde que nacimos. Éramos terribles, hacíamos de todo”, recordó entre risas.

En ese ir y venir de historias también apareció el contraste con el presente. “Los chicos ahora no vivieron esto”, coincidieron varias. Las tardes sin apuro, los juegos inventados, las fiestas improvisadas. “Juntábamos cosas para armar el arbolito de Navidad, hoy eso no pasa”, dijeron, con una mezcla de nostalgia y orgullo.

La escena también tuvo algo de presente. Cada una llevó algo para compartir: comida, fotos, recuerdos. Hubo souvenirs, carteles y una torta que simbolizó el reencuentro. Pero, sobre todo, hubo una idea que empezó a tomar forma entre ellas: que esta vez no sea la última.

“Ahora tenemos que hacer un grupo de WhatsApp”, se escuchó entre varias. La propuesta quedó flotando, pero con fuerza. Como si ese lazo que nació en la infancia encontrara hoy nuevas formas de sostenerse.

A más de seis décadas de aquellas tardes en la calle, la “vecindad de Villazula” volvió a latir como entonces. Y entre abrazos que parecían no terminar nunca, quedó claro que el tiempo puede pasar, los caminos separarse, pero hay amistades que, simplemente, siempre encuentran la manera de volver.

Como si el eco de aquellas niñas todavía corriera por la vereda, riendo sin apuro, ajenas al paso del tiempo. Hay lugares que no se olvidan y vínculos que, incluso después de años, siguen intactos.

 

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