Cambió la forma de viajar: eventos, cultura pop y escapadas cortas, el nuevo mapa del turismo

Después de la pandemia, la forma de viajar cambió: más planificación, estadías más breves y un crecimiento sostenido de viajes motivados por eventos o experiencias concretas. Desde agencias tradicionales advierten que el deseo de conocer nuevos lugares sigue vigente, pero se adapta a un contexto económico más exigente y a diferentes motivaciones culturales

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Durante décadas, viajar estuvo asociado a una idea bastante clara: descanso, desconexión y cambio de escenario. Las vacaciones eran el momento de parar, alejarse de la rutina y recuperar energías. Sin embargo, en los últimos años —y especialmente después de la pandemia— esa lógica empezó a transformarse. Hoy, cada vez más personas organizan sus viajes en torno a un objetivo concreto: asistir a un evento deportivo, ver un recital, participar de una experiencia cultural o simplemente cumplir un deseo puntual.

Ese cambio no solo se percibe en informes internacionales sobre turismo, sino también en el día a día de las agencias tradicionales, que observan cómo se modifican los hábitos y prioridades de sus clientes. Matías Lagomarsino, dueño de una agencia de viajes de La Plata, aseguró en diálogo con EL DIA que el comportamiento del viajero ya no es el mismo que antes del 2020.

“Hoy en día los viajes cambiaron un poco después de la pandemia”, explicó. Según su experiencia, las personas modificaron tanto la forma de organizarse como la manera de viajar. “Hay gente que ahora prefiere viajar en grupo, otros que eligen hacerlo solos o en familia, pero lo que se ve es que hay más planificación previa. Muchos pasajeros organizan su viaje con bastante tiempo para poder hacerlo con tranquilidad y también para poder pagarlo mes a mes”.

La anticipación, en este sentido, se convirtió en una herramienta clave. No solo para asegurar disponibilidad, sino también para distribuir los costos en un contexto económico complejo. La planificación temprana permite, además, aprovechar promociones y facilitar el acceso a experiencias que de otra manera resultarían inaccesibles.

VIAJAR MENOS TIEMPO, PERO CON UN OBJETIVO CLARO

Uno de los cambios más notorios que describen los operadores turísticos es la reducción en la duración de los viajes. Las escapadas cortas se volvieron una opción cada vez más frecuente, sobre todo en un escenario donde los costos de transporte y alojamiento subieron de manera sostenida.

“Como está complicado todo, hay más gente que busca viajes cortos y económicos”, señala Lagomarsino. Esa tendencia no implica necesariamente una menor demanda, sino una adaptación a las nuevas condiciones económicas. Las personas siguen queriendo viajar, pero ajustan tiempos y destinos.

También se observa que muchas salidas se concentran en fechas específicas. Feriados largos, eventos puntuales o momentos del calendario que permiten optimizar el tiempo son elegidos con mayor frecuencia que los tradicionales viajes largos de temporada.

En ese sentido, el turismo empieza a organizarse más por momentos que por destinos. No se trata únicamente de elegir un lugar para descansar, sino de aprovechar una oportunidad concreta que justifique el desplazamiento.

EL AUGE DE LOS VIAJES CON PROPÓSITO

Los datos globales refuerzan lo que se observa en el terreno local. En 2025, el turismo internacional registró más de 1.500 millones de llegadas en todo el mundo, consolidando la recuperación posterior a la pandemia. Pero más allá del volumen, el rasgo distintivo del nuevo turismo es el cambio en las motivaciones.

Cada vez más viajeros deciden moverse por razones específicas: asistir a un festival, participar de un evento deportivo, recorrer una ruta gastronómica o vivir una experiencia cultural que consideran significativa.

Ese fenómeno también tiene un correlato en el mercado local. Lagomarsino menciona que existen viajes que ya se saben que tendrán demanda porque responden a eventos masivos o pasiones compartidas.

“Hoy hay gente fanática que organiza viajes con mucha anticipación. Por ejemplo, ya hay fanáticos de Franco Colapinto que se interesan por viajar para ver la Fórmula 1, y también empieza a notarse el interés vinculado al Mundial”, comentó.

Estos viajes suelen implicar una inversión mayor que un viaje tradicional, lo que marca una clara segmentación entre distintos perfiles de viajeros.

“Viajar para ver una carrera de Fórmula 1 o un Mundial hoy ronda desde los 3 mil dólares en adelante. Es algo que queda más vinculado a un determinado nivel económico”, detalló.

El turismo vinculado a eventos deportivos o culturales no solo moviliza grandes cantidades de personas, sino que genera una relación emocional fuerte con el viaje. La experiencia deja de ser un complemento y se convierte en el eje central.

DE LA DESCONEXIÓN A LA EXPERIENCIA COMPARTIDA

Otro cambio significativo tiene que ver con la forma en que se vive el viaje. Ya no se trata únicamente de descansar, sino de construir experiencias que puedan ser compartidas, recordadas y, en muchos casos, mostradas en redes sociales.

 

“Ya hay fanáticos de Franco Colapinto que se interesan por viajar para ver la Fórmula 1, y también empieza a notarse el interés vinculado al Mundial”

 

Los informes sobre comportamiento del consumidor indican que las generaciones más jóvenes priorizan experiencias por encima de bienes materiales. Viajar, en este contexto, se convierte en una inversión emocional más que en un simple gasto.

Ese fenómeno se vincula con la cultura pop y con la expansión global de eventos masivos. Recitales internacionales, festivales culturales o competencias deportivas generan desplazamientos que antes eran menos frecuentes.

Desde festividades tradicionales hasta conciertos de artistas internacionales, los eventos se transforman en verdaderos motores de movimiento turístico. En muchos casos, son el motivo principal del viaje, y no una actividad secundaria dentro del itinerario.

LA PANDEMIA COMO PUNTO DE INFLEXIÓN

La pandemia marcó un antes y un después en la manera de pensar los viajes. Durante meses, la imposibilidad de trasladarse generó un deseo acumulado que, al reanudarse la actividad turística, se tradujo en nuevas prioridades.

Lagomarsino sostiene que, si bien el deseo de viajar sigue vigente, el comportamiento actual es más racional y planificado.

“Hoy hay mucha gente que organiza todo con tiempo, busca tranquilidad y trata de pagar de a poco. La forma de viajar cambió”, resume.

Ese cambio también se refleja en el tipo de compañía elegida. El crecimiento de viajes en grupo, familiares o individuales responde a una mayor diversidad de preferencias y estilos de vida.

La experiencia del confinamiento dejó una huella en la forma en que se valoran los momentos compartidos. Para muchos viajeros, el viaje se convirtió en una oportunidad para reencontrarse con otros o consigo mismos.

MÁS GASTO CUANDO HAY UNA MOTIVACIÓN FUERTE

Uno de los aspectos más llamativos del turismo actual es que las personas están dispuestas a gastar más cuando el viaje tiene un sentido claro.

Cuando el objetivo es asistir a un evento puntual o vivir una experiencia única, los viajeros suelen reservar con mayor anticipación, extender estadías y sumar actividades complementarias.

Esto representa una oportunidad para destinos y operadores turísticos, que pueden diseñar propuestas integrales que incluyan gastronomía, cultura y entretenimiento.

La experiencia deja de ser un producto aislado y se transforma en un sistema que combina múltiples elementos: transporte, alojamiento, actividades y narrativa.

EL DESAFÍO ECONÓMICO Y LA ADAPTACIÓN DEL MERCADO

Aunque el deseo de viajar continúa siendo fuerte, el contexto económico condiciona las decisiones. El aumento de costos obliga a buscar alternativas más accesibles, lo que explica el crecimiento de escapadas breves y viajes cercanos.

Las agencias tradicionales deben adaptarse a ese escenario, ofreciendo opciones flexibles y planes de pago que faciliten el acceso a los viajes.

 

Las “escapadas” se volvieron una opción cada vez más frecuente en este escenario

 

En ese sentido, la planificación anticipada se convierte en una estrategia tanto para los clientes como para las empresas.

La demanda no desaparece: se transforma. Y esa transformación obliga a repensar la oferta turística en función de nuevas expectativas y posibilidades.

UN TURISMO QUE COMPITE POR SIGNIFICADO

El cambio más profundo que atraviesa al turismo no es tecnológico ni logístico, sino cultural. El viaje dejó de ser únicamente un descanso para convertirse en una experiencia con sentido.

Hoy el turismo no compite solo por destinos atractivos, sino por experiencias memorables. La pregunta ya no es únicamente adónde ir, sino para qué ir.

Ese giro redefine la manera en que se planifican los viajes y también la forma en que se perciben.

Para Lagomarsino, el panorama actual refleja una adaptación constante a nuevas realidades.

“La gente sigue viajando, pero lo hace distinto. Busca opciones más cortas, más económicas o con un objetivo claro. La forma de viajar cambió, y eso se nota todos los días”, concluye.

En un mundo donde el tiempo y el dinero son cada vez más valiosos, viajar se convierte en una decisión estratégica. No se trata solo de escapar de la rutina, sino de construir recuerdos significativos.

En definitiva, el turismo del presente parece moverse menos por la distancia y más por el sentido. Ya no alcanza con elegir un destino: ahora importa, sobre todo, tener un motivo.

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