Por el bloqueo en Ormuz, JP Morgan advierte que la crisis se extenderá en abril de manera global
| 31 de Marzo de 2026 | 07:16
Mientras los inversores mantienen la mirada fija en las pizarras de precios, los analistas de JP Morgan han lanzado una advertencia que cambia el eje de la preocupación: el mercado petrolero está entrando en una fase mucho más delicada de lo previsto. El diagnóstico es claro: no es un simple problema de tráfico marítimo, sino ante una transición crítica de una “crisis de flujo” a una “crisis de existencias”.
La interrupción del paso por el estrecho de Ormuz no está generando un shock inmediato y global, sino una crisis secuencial que se desplazará de este a oeste a medida que los inventarios regionales se agoten y dejen de llegar los cargamentos enviados antes del bloqueo.
Debido a su proximidad geográfica y su extrema dependencia del crudo del Golfo Pérsico, Asia se posiciona como la primera víctima de este esquema. Con tiempos de viaje de entre 10 y 20 días, la región ya comenzó a sentir la desaparición de cargamentos, con una caída de la demanda de 300.000 barriles diarios en abril.
Así, las pérdidas podrían escalar a 3 millones de barriles diarios en junio si los países optan por el proteccionismo energético y limitan la liberación de reservas.
Siguiendo la cronología del suministro, Africa comenzará a notar el deterioro a principios de abril, con pérdidas estimadas de 250.000 barriles diarios. Aquí, el riesgo no es sólo el precio, sino la falta de capacidad operativa para absorber el golpe.
Por su parte, Europa percibirá el impacto a mediados de abril. Según el informe, el daño no será necesariamente una falta física de crudo inmediata, sino un golpe inflacionario masivo. La competencia agresiva con Asia por cada barril disponible disparará los costos, erosionando los márgenes empresariales y la estabilidad industrial.
"El verdadero daño no vendría solo de cuánto petróleo deja de pasar, sino de cuándo deja de llegar a cada región y de cuánto colchón tenga cada una para aguantar", destacan desde la entidad financiera.
Estados Unidos aparece como la región más resguardada en el corto plazo gracias a su producción doméstica y a que los tiempos de transporte son más prolongados. Sin embargo, la presión llegará vía precios de productos refinados y una inflación persistente que ya afecta el sentimiento del mercado.
Actualmente, el barril de Brent oscila entre los 108 y 110 dólares. No obstante, firmas como Macquarie no descartan que, de prolongarse el conflicto hasta junio, los precios alcancen niveles extremos.
Para el mercado, lo planteado por JP Morgan introduce la cronología del suministro como el factor determinante. Si esta lectura es correcta, abril será el mes en que la tensión energética se transforme oficialmente en un problema macroeconómico global.
En este escenario, mientras los sectores de energía y defensa encuentran un soporte relativo, las industrias de consumo y transporte quedan expuestas a un daño más persistente y difícil de gestionar: el paso de la tensión de mercado al agotamiento real de los inventarios.
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