Pasaron 8 jefes de Estado y uno solo en el Banco Central

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En la última década, Perú se ha convertido en un laboratorio político donde la estabilidad es la excepción y la crisis la norma. Mientras el sillón presidencial parece tener resortes que expulsan a sus inquilinos, la oficina principal en el Banco Central de Reserva (BCRP) permanece inalterable, configurando un país con dos realidades paralelas.

Desde 2016, la política peruana ha vivido en un estado de emergencia política permanente. En medio de serias denuncias de corrupción y protestas sociales, la fragmentación y el choque de poderes han forzado una rotación de mandatarios que desafía cualquier manual de ciencia política.

En el reverso de esta moneda de inestabilidad se encuentra Julio Velarde. Mientras la banda presidencial cambiaba de manos ocho veces, el timón de la economía peruana no se ha movido un milímetro. Ha sobrevivido a presidentes de todas las ideologías, desde la derecha empresarial hasta la izquierda radical. Ha mantenido la inflación a raya y las reservas internacionales sólidas, incluso cuando las calles de Lima ardían en protestas.

 

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