Un respaldo inédito
Edición Impresa | 30 de Abril de 2026 | 04:09
Por MARIANO PEREZ DE EULATE
Lo que se vio en el Congreso ayer fue algo inédito desde que se creó el cargo de jefe de Gabinete, con la reforma de la Constitución de 1994: nunca hasta ahora un Presidente había asistido a una sesión informativa que, de acuerdo al artículo 101 de la Carta Magna, debe encabezar el jefe de Gabinete para dar el informe de gestión. Y, por cierto, suele ser rutinaria.
Javier Milei, su hermana Karina (secretaria general de la Presidencia), casi todo el gabinete, rompieron esa tradición para dejar en claro la ratificación de Adorni en su cargo, justo cuando el hombre es investigado por la Justicia por presunto enriquecimiento ilícito.
En su exposición, Adorni actuó de propagador de “hitos” de la gestión libertaria, que fue actoralmente aplaudida por el Presidente desde el palco. Como si estuviera hablando él mismo.
Así, una vez más y acaso ayer desde el paroxismo del tema, Milei ató su gestión a la suerte de Adorni. Un gesto que va a contramano del manual de la política tradicional. Que dice que, en todo caso, el jefe de Gabinete -en rigor, cualquier funcionario-, es el fusible a descartar frente a una crisis como la que vive hoy el Gobierno para no desgastar el capital político del Presidente.
Adorni respetó el libreto que traía escrito y no abundó en explicaciones sobre su patrimonio, sobre los costosos viajes que hizo desde que llegó a Balcarce 50, ni sobre las compras de las propiedades en Capital Federal y Exaltación de la Cruz, provincia de Buenos Aires.
Es verdad que la convocatoria, desde lo formal, era para rendir cuentas de la gestión. No sobre situaciones personales. Pero el jefe de Gabinete tenía la chance de explicar sus viscosidades frente a los legisladores y también ante la gente -la sociedad- que eventualmente lo estuviera mirando. “No cometí ningún delito y voy a probarlo en la Justicia”, explicó el ministro coordinador. Le asiste el derecho. Eso sí, perduran las dudas y sospechas públicas.
Y AHORA, QUÉ
El gobierno concurrió ayer a este espectáculo con la certeza de que la jornada sería el pico máximo de exposición del escándalo y que luego de lo de ayer comenzará a bajar la espuma del caso y la gestión podrá retomar el ritmo habitual sin el peso del affaire Adorni como condicionante.
No hay datos objetivos que respalden esa tesis y tampoco elementos para explicar cómo el Gobierno se recuperará del daño que le hizo la prolongación del escándalo por 50 días, que es el tiempo que ha pasado desde que estalló la historia de viajes caros y gastos suntuosos.
La exposición de ayer en el Congreso no operará como factor de eliminación de la radiactividad que emana Adorni. En criollo: no le importó a nadie, salvo al micro mundo violeta. ¿Podrá el jefe de Gabinete volver a hacer una conferencia de prensa sin que salga el tema de su situación judicial? Luego de ayer, ¿volverá a vestir el estatus de candidato natural a jefe de Gobierno de la Ciudad de la Libertad Avanza como era antes del affaire? Respuestas: No y No.
Así y todo, como se dijo, Milei lo sigue respaldando. ¿Por qué? ¿Qué beneficios tiene ese costo?
UNA DEFENSA COSTOSA
Asumiendo que es un error del Presidente, el analista y politólogo Lucas Romero habla del ”sesgo del costo hundido”. Lo explica ante este diario: “Cuando uno hace una inversión de esfuerzo, recursos, prestigio o reputación por defender una posición y esa defensa se vuelve cada vez más costosa, a uno le cuesta pasar a pérdida todo ese esfuerzo e inversión. Y encima no quiere asumir el costo de la pérdida. Incluso quiere ver si puede revertir la posibilidad de perder esa inversión. Por eso uno insiste e insiste. Es como los que van al Casino y empiezan a perder”.
La idea cuaja con el caso Adorni, si se tiene en cuenta que la saga del funcionario se fue incrementando casi episódicamente: empezó con el dato de que subió a su esposa al avión presidencial cuando Milei fue a Nueva York -hoy un tema menor- y creció hasta mostrarlo casi como un millonario.
Romero interpreta que Milei no supo parar a tiempo la “inversión”, la apuesta, que hacía en Adorni para que no termine perjudicándolo. No supo pasarlo a pérdida, digamos.
Pero Milei afronta ahora otro costo en el caso de que decidiera correrlo, hoy algo que no asoma inmediato: buscar un reemplazante. No lo tiene. Porque el Presidente casi no comulga con personajes de extrema confianza para poner ahí (se mueve con un círculo muy pequeño y cerrado) y porque no es fácil encontrar, en el universo de los políticos profesionales, alguien que acepte lo que Adorni supone en el cargo. Esto es: revertir el orden jerárquico de la jefatura de Gabinete y aceptar realmente como jefa de todo a Karina Milei desde la secretaría general, puesto que en los papeles está por debajo del ministro coordinador. Con Guillermo Francos en ese sillón no se pudo hacer. Con Adorni, sí.
Así, pues, debería encontrar Milei alguien dispuesto a ser una suerte de lacayo de la hermana presidencial, subsidiario de su voluntad desde la Jefatura de Ministros. Este último un lugar formal que, por cierto, nunca ocupará Karina porque supone una alta exposición para la que, dicen en Balcarce 50, no está preparada.
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