“La situación sigue siendo terrible”, dice el sacerdote argentino en Gaza
Edición Impresa | 5 de Abril de 2026 | 02:35
El sacerdote argentino Gabriel Romanelli Sivori, que permanece desde hace años en la Franja de Gaza, describió que la tregua redujo la intensidad de los ataques, aunque la situación humanitaria sigue siendo crítica. “La situación en la franja de Gaza está un poco mejor a partir de la tregua ya que han cesado los bombardeos noche y día”, señaló, aunque advirtió que “eso no quiere decir que está bien la situación”.
Según explicó, los enfrentamientos no cesaron por completo y el peligro continúa siendo parte de la vida cotidiana. “Sigue habiendo bombardeos, sigue habiendo esquirlas. Nosotros estamos a 100 metros de la línea que divide la parte civil de la militar y los tanques, las esquirlas, los tiros llegan”, relató.
Esa cercanía con la zona de combate, explicó, obliga a suspender actividades y a resguardar a niños y refugiados cada vez que se intensifican los ataques.
Crisis humanitaria
Romanelli sostuvo que la situación humanitaria en la Franja es extremadamente delicada debido a la falta de asistencia constante. “Las necesidades son acuciantes para toda la franja de Gaza, particularmente la ciudad de Gaza, ya que las ayudas humanitarias no están llegando de manera consistente”, afirmó.
En ese sentido, remarcó que la escasez de suministros agrava la situación de una ciudad devastada por el conflicto. “Para una ciudad triturada, el hecho de que no entre la ayuda de afuera es verdaderamente una cosa que hace más terrible la situación”, expresó.
El sacerdote describió un escenario de destrucción generalizada en la infraestructura urbana. “La mayor parte de la ciudad está destruida. No existen los vidrios, el sistema eléctrico hace más de dos años que no existe, el sistema sanitario, el sistema de agua, la mayor parte de las calles están destruidas”, enumeró.
El colapso de esos servicios básicos, agregó, genera además graves problemas sanitarios. “El agua de lluvia se mezcla con las aguas servidas de las cloacas que están todos destruidos”, explicó.
Según detalló, la vida diaria en Gaza se volvió completamente imprevisible. “El despertarse es sin saber qué se va a encontrar: quizás una mañana tranquila, quizás una madrugada donde no pegamos un ojo”, describió.
La actividad económica prácticamente desapareció y el acceso al dinero también es muy limitado. “Hay un solo banco para un millón de personas y ese banco no da dinero. El efectivo es algo muy raro”, señaló.
En ese contexto, Romanelli destacó el trabajo de la pequeña comunidad cristiana para asistir a la población más vulnerable. “Tratamos de hacer el bien a todos, no solamente a la comunidad cristiana sino al barrio. Muchas personas vagan de un lado para otro para buscar algo para sobrevivir”, indicó.
También se refirió a la situación educativa, que atraviesa una fuerte crisis. “Tenemos unos 2.900 alumnos que no tienen ni cuadernos ni lápices y los maestros son ad honorem”, explicó.
Una población “quebrada”, pero sin deseos de venganza
Consultado sobre el estado emocional de los habitantes de Gaza, el sacerdote sostuvo que no percibe sentimientos de venganza entre la población. “No he visto rencores. La gente está quebrada y lo único que desea es que todo esto termine”, afirmó.
En ese sentido, agregó que el impacto de la guerra atraviesa a toda la sociedad. “No hay una sola casa con al menos un muerto o varios heridos. Lo que siento es que la gente dice: ‘Basta, queremos vivir’”, señaló.
Romanelli también cuestionó las promesas de reconstrucción que no se traducen en asistencia concreta en el corto plazo. “Quieren hacer ciudades nuevas y no nos hacen llegar ni siquiera electricidad, agua potable o medicamentos”, planteó.
Para graficar la situación, utilizó una comparación contundente: “Si te veo muerto de hambre y te digo que te voy a hacer un asado, fantástico, pero dame un pedacito de pan ahora”.
Sobre la ayuda internacional, aseguró que resulta insuficiente frente a las necesidades actuales. “Antes del 7 de octubre entraban entre 400 y 600 camiones diarios. Ese número no existe ahora y las necesidades son muchísimas más. La ayuda es absolutamente insuficiente”, subrayó.
Romanelli vive en Gaza desde 2019 y trabaja en Medio Oriente desde hace tres décadas. Durante el conflicto también resultó herido en un ataque. “Murieron tres personas y fuimos heridos doce. Yo en una pierna, pero estoy bien”, relató.
Pese a ello, aseguró que decidió permanecer en el lugar. “Nadie me obliga a estar acá. Veo la necesidad y tengo la responsabilidad espiritual y humana. En esta circunstancia, aquí está mi misión”, concluyó.
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