La baja de la pobreza abre una fuerte polémica por la medición
Edición Impresa | 5 de Abril de 2026 | 02:43
La difusión del último índice oficial de pobreza volvió a poner en el centro de la escena un debate de fondo sobre cómo se mide el deterioro social en la Argentina y cuánto de esa cifra refleja la situación real de los hogares. El dato del INDEC, que mostró una caída al 28,2% en el segundo semestre de 2025 y ubicó el registro en el nivel más bajo de los últimos siete años, abrió una discusión técnica y política que excede el número final.
Desde la Universidad Católica Argentina, el director del Observatorio de la Deuda Social Argentina, Agustín Salvia, puso en duda una lectura lineal de la mejora y sostuvo que la reducción estadística incluyó un componente de “ficción metodológica” que distorsiona la interpretación del fenómeno.
Para el especialista, la baja existió, pero su magnitud no puede traducirse automáticamente en una mejora equivalente de la calidad de vida. “Hay cierta ficción en los datos o cierta levedad. Es muy difícil decir un sí rotundo”, planteó en declaraciones radiales.
El núcleo del cuestionamiento apunta a la estructura de medición utilizada para definir la línea de pobreza. Según explicó Salvia, las canastas de consumo que sirven como referencia continúan ancladas en parámetros de 2004 y 2005, cuando la composición del gasto familiar era sensiblemente distinta de la actual.
En aquel momento, la mayor parte del ingreso se destinaba a alimentos y bienes de consumo masivo. Dos décadas después, el peso de los servicios públicos, el transporte y las comunicaciones absorbió una porción mucho más significativa del presupuesto doméstico.
“La luz, el agua, el gas, el transporte y la comunicación ocupan una parte importante del gasto, y el componente disponible para otros consumos baja significativamente”, advirtió.
Desde esa óptica, una familia puede superar estadísticamente la línea de pobreza por contar con ingresos suficientes para afrontar servicios y tarifas, pero al mismo tiempo ver deteriorada su capacidad de compra para alimentos, salud, educación o mantenimiento del hogar.
Ese desfasaje entre estadística y percepción cotidiana es uno de los puntos que más remarcó la UCA. Según Salvia, la población no percibe una mejora equivalente en su bolsillo. Por el contrario, el consumo masivo continúa mostrando señales de debilidad, con retrocesos en productos básicos como lácteos, yerba y otros alimentos de primera necesidad.
El sociólogo vinculó esta situación con una redistribución del ingreso dentro del hogar: una mayor proporción se destina a gastos fijos, mientras se reduce el margen para consumo discrecional.
A esto se suma otro elemento técnico: la actualización de la línea de pobreza se realiza con índices de precios cuyas ponderaciones también responden a estructuras antiguas.
De acuerdo con Salvia, esta combinación entre una mejor captación de ingresos y una canasta desactualizada genera resultados que pueden mostrar caídas “extraordinarias” sin que ello implique una mejora proporcional en el bienestar real.
El especialista, sin embargo, introdujo una distinción importante. A su juicio, la caída de la indigencia resulta más consistente con la realidad que la reducción general de la pobreza.
El debate técnico también encontró eco en informes recientes de la Gerencia de Estudios Económicos del Banco Provincia, que si bien reconocen la mejora del dato oficial, también señalan inconsistencias relevantes con otras fuentes estadísticas.
El informe destaca que la pobreza descendió desde el 38,1% del segundo semestre de 2024 al 28,2% de la segunda mitad de 2025, un nivel que no se observaba desde 2018.
Sin embargo, advierte que la evolución de ingresos relevada por la Encuesta Permanente de Hogares no coincide con otros registros administrativos del propio INDEC.
Por ejemplo, según el Índice de Salarios, los ingresos reales de trabajadores privados formales durante el tercer trimestre de 2025 se ubicaron 1,4% por debajo de la media de 2023 y 12,1% por debajo del nivel de la segunda mitad de 2018.
En cambio, la EPH mostró para ese mismo segmento una mejora de 17,5% respecto de 2023 y prácticamente paridad con 2018.
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