“Top Gun” cumple 40: Maverick vuelve al cine y no piensa jubilarse

El clásico de Tom Cruise, que marcó un antes y un después en el cine de acción, y su secuela, que salvó al cine tras la pandemia, regresan a las salas para celebrar su cumpleaños, a días del anuncio de que habrá tercera parte

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Hay películas que envejecen bien y hay películas que envejecen como Tom Cruise, que es básicamente lo mismo que decir que no envejecen. “Top Gun” cumple este año cuatro décadas desde su estreno, el 16 de mayo de 1986, y para celebrarlo como corresponde, es decir, a los gritos, con lentes de aviador y “Danger Zone” sonando de fondo, la película regresa a las salas de cine: desde mañana, por una semana, se podrán ver tanto la primera entrega como la secuela en salas platenses.

Vuelve porque puede, porque sigue funcionando, y porque hay algo en esa mezcla de aviones, testosterona (¿homoerótica?) y vóley playero que el tiempo no logró oxidar. Cuarenta años es una cifra que impone respeto. En ese tiempo cayeron imperios, cambiaron los formatos, murió el VHS, sobrevivió el vinilo y desaparecieron los videoclubes. “Top Gun”, en cambio, sigue ahí, con Maverick al mando y Goose en el recuerdo eterno de todo aquel que alguna vez lloró en el cine y después fingió que tenía algo en el ojo.

EL FENÓMENO

Para entender por qué “Top Gun” fue un antes y un después, hay que imaginarse el Hollywood de mediados de los ochenta. Las películas de acción existían, sí, pero no tenían el formato de evento que hoy damos por sentado. Fueron los productores Don Simpson y Jerry Bruckheimer quienes perfeccionaron esa fórmula: tráilers que prometían adrenalina pura, estrellas carismáticas, imágenes espectaculares y una banda de sonido que vendía tanto como la película. “Top Gun” fue una de las primeras en apostar por esa lógica del espectáculo sin disculpas, donde la trama importaba menos que la experiencia de estar en la sala.

Y la experiencia era, literalmente, única. El director Tony Scott revolucionó la forma de filmar aviones al montar cámaras dentro y sobre los propios cazas, sin los trucos de estudio que se usaban hasta entonces. El resultado fue un tipo de imagen aérea que nunca se había visto antes: cruda, veloz, casi física. El propio Cruise recordó años después que la tecnología que usaron estaba al límite de lo disponible en esa época, mucho antes de que existiera una GoPro. Lo que se ve en pantalla no era magia del montaje: era real.

Luego está el asunto de la estrella. Antes de “Top Gun”, Tom Cruise era un tipo prometedor que había hecho “Risky Business”. Después de “Top Gun”, era el actor más taquillero del planeta, con todo lo que eso implica. La película lo catapultó de una manera que pocas veces se repite en la historia de Hollywood: de golpe y para siempre. “Cocktail”, “Rain Man”, “Algunos hombres buenos” vinieron después, pero el despegue ocurrió sobre el océano Pacífico, a bordo de un F-14.

Y si faltaba algo para medir el impacto cultural de la película, este dato lo dice todo: cuando “Top Gun” se estrenó en 1986, la Marina de los Estados Unidos instaló mesas de reclutamiento en la puerta de los cines. Ni una campaña publicitaria millonaria logró lo que dos horas de Maverick en la pantalla grande: jóvenes haciendo fila para alistarse. La cultura pop como herramienta de seducción estatal, aunque eso en aquel momento nadie lo llamaba así.

LA PELÍCULA QUE SALVÓ AL CINE

Treinta y seis años después del original, en mayo de 2022, llegó “Top Gun: Maverick”. El mundo salía todavía con cuidado de la pandemia, las salas de cine estaban en terapia intensiva y los estudios dudaban de si el público volvería a pagar una entrada cuando podía quedarse en casa viendo series en pijama. La respuesta llegó en forma de avión supersónico: “Maverick” recaudó más de 1.500 millones de dólares en todo el mundo y se convirtió en la película más taquillera de la carrera de Cruise. No solo fue un éxito: fue una declaración de principios. La gente quería ir al cine. Solo necesitaba una razón lo suficientemente buena.

“Maverick” la dio. Y no por nostalgia: la secuela que respetaba el espíritu de la original sin quedar atrapada en ella. Y con Cruise haciendo aquello que lo distingue de cualquier otro actor de su generación —y de las que vinieron después.

Es el último artesano. En la era del CGI omnipresente, donde los superhéroes vuelan por ciudades generadas en computadora y las explosiones se fabrican en servidores, Tom Cruise insiste en hacer las cosas a la antigua. No por capricho ni por fobia a la tecnología: por convicción. Para “Maverick”, los actores volaron de verdad en aviones de combate reales, soportando fuerzas G que los dejaban al borde del desmayo. Cruise no solo lo hizo, sino que se entrenó durante meses para que su cuerpo aguantara lo que ningún estudio habría asegurado jamás.

Hay algo profundamente seductor en eso. En un paisaje audiovisual donde casi todo puede fabricarse en posproducción, donde lo “real” es una decisión estética más que una necesidad técnica, el espectáculo artesanal de Cruise genera una reacción que el CGI más sofisticado no logra replicar: la certeza de que lo que estás viendo ocurrió de verdad. Que hubo un cuerpo ahí, arriesgándose. Que el vértigo que sentís en la butaca es, en algún punto, compartido con el hombre en pantalla. Es una forma de pacto con el espectador que muy pocos actores actuales están dispuestos —o son capaces— de sostener.

Ese compromiso con lo real, con la materialidad del peligro, es la columna vertebral de la saga. Y también es lo que hace que el regreso al cine, cuarenta años después, tenga sentido: “Top Gun” siempre fue una experiencia física antes que narrativa. Una película para sentir en el cuerpo.

Y hay más. Como si cuatro décadas de franquicia no alcanzaran, en la CinemaCon 2026, la convención donde Hollywood muestra sus cartas, se confirmó que viene una tercera entrega. Cruise volverá a ponerse el casco, Jerry Bruckheimer regresará como productor y Paramount apuesta a que Maverick tiene combustible para otro vuelo.

 

LAS CLAVES DEL FENÓMENO

La revolución visual

“Top Gun” cambió para siempre la forma de filmar aviones. Tony Scott montó cámaras dentro de los cazas reales y obtuvo imágenes que ningún truco de estudio podía replicar. En 1986, eso era ciencia ficción.

El nacimiento de una estrella

Antes de “Top Gun”, Tom Cruise era un actor prometedor. Después, era la mayor estrella de Hollywood. Pocas películas en la historia produjeron ese efecto tan inmediato y tan duradero.

La banda de sonido como personaje

“Danger Zone”, “Take My Breath Away”, el álbum completo vendió cuatro millones de copias y llegó al tope del Billboard 200. No era música de película: era la película misma.

El último héroe de carne y hueso

Mientras el cine se llena de efectos digitales, Cruise vuela de verdad, soporta fuerzas g reales y arriesga el cuerpo en cada toma. En tiempos de CGI infinito, eso vale oro.

La secuela que salvó al cine

En 2022, cuando las salas todavía se recuperaban de la pandemia, “Top Gun: Maverick” recaudó 1.500 millones de dólares. Demostró que el público no abandonó el cine: solo esperaba una buena razón para volver.

 

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