Emmanuel Horvilleur: “Siempre hice canciones bailables, buscando la luz”

El ex Kuryaki trae a La Plata su fiesta y su último disco, “Mi año gótico”, un nombre, relata en diálogo con EL DIA, contaminado por los tiempos que corren

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A Emmanuel Horvilleur lo conocemos desde bien joven. Incluso antes de subirse al escenario con Illya Kuryaki and the Valderramas, ya había grabado una canción con Luis Alberto Spinetta y ya circulaba por el backstage del mundo musical de la mano de su padre, el fotógrafo Eduardo Martí: “Estaba atento a lo que pasaba alrededor: acompañaba a mi viejo a hacer fotos y miraba a todos, veía a Gustavo Cerati hablarle a la banda, o Luis, o Fito… Los observé mucho, sin estar monitoreando: era parte, tuve esa suerte de chico, y ya me entusiasmaba todo eso”, relata, en diálogo con EL DIA.

Hasta fue parte de una película seminal del cine nacional: “Un día le dije a Dante (Spinetta) que no iba a ir al estudio, estábamos grabando ‘Fabrico cuero’, nuestro primer disco, y me fui a filmar ‘Rapado’”, la película de Martín Rejtman que sería clave para contar el Nuevo Cine Argentino.

De aquellos días han pasado más de 30 años que lo vieron ascender primero con Illya Kuryaki (al principio con resistencia, hoy ya reconocidos como sumamente influyentes en la historia del rock latino), y luego con una carrera solista que ya lleva 8 discos: el último, “Mi año gótico”, lo trae mañana a la sala Ópera de nuestra ciudad.

El show, sin embargo, recorrerá su carrera, avisa Horvilleur: no hará eje en el disco de título engañoso porque de gótico, en su sonido, tiene poco.

“Es una referencia que terminé tomando porque sentía que había en el aire una sensibilidad… Son tiempos góticos, no solo míos, del mundo, de lo que se vibra: tiempos de guerra, de cambio, de tecnología, de gente sin laburo en todo el mundo, de fachismo cíclico”, explica. “Yo siempre hice canciones más bailables, buscando la luz, pero estoy en un contexto: uno, por más que sea un músico pop, entre comillas, se tiñe de toda esta cosa que nos rodea, y para mí se terminó colando en un título de un disco, aunque quizás no en la música o en las letras”.

La música, en ese sentido, cuenta, ha sido clave en su vida para hacerle frente a la oscuridad: “A mi como persona siempre me ayudó, siempre fue un regulador de emociones. Hace 30 años hago esto, sé que también hay un ida y vuelta con la gente: mucha gente siente eso. De un tiempo para acá, me tomo los shows de esa manera, sin hacer bajada de línea, que podría hacerla: quiero que la pasen bien, que bailen, que saquen para afuera, que disfruten de un pequeño viaje durante una hora y media. Sé que cuento con ese poder, confío en ese poder de lograr cambiar un poco la cosa durante una hora y media”.

“Son tiempos góticos, no solo míos, del mundo: tiempos de guerra, de cambio, de gente sin laburo”

Y cuenta que “mi hija el otro día fue a ver ‘Annie’: tiene 2 años y medio, y volvió y estuvo dos días cantando las canciones. Toda esa fantasía que se le abre a la gente para mi es importante, no es algo menor”.

- Durante mucho tiempo, en los 80 y los 90, se decía que la música para bailar era banal. Se los dijeron a ustedes también. ¿Hoy creés que se entiende el baile como una manera de resistencia?

- Creo que con el paso del tiempo… bueno, se demostró que muchos estaban equivocados. Se criticaba mucho cada estilo: en un momento El Expreso Imaginario criticaba la música disco, pero el funk, el disco, viene de donde viene, de los barrios bajos, es una expresión de ese mundo, y dentro de ese mundo hay tantas cosas increíbles… Pero Argentina siempre fue un poco facho, un poco criticón de la música, había toda una “intelligentsia” que decía que Genesis y Pink Floyd eran lo más y que la música negra de los 70 no iba. Y para mi no es así. Después vino el hip hop, y nosotros levantamos esa bandera mezclada con otras cosas… Y ahí se dio nuestro comienzo. Me fui un poco por las ramas, pero bueno, el arte es de cada uno: hacer un juicio a la música, a los estilos… Pero bueno, yo también lo hago ahora, con mucha de la música de esta época, la critico, siento que en otras épocas se buscaba más, había más experimentación, más búsqueda. Ahora hay mucha música que suena muy igual, y hay más posibilidades.

- Hablás de la música de hoy. Tu disco, frente a la música de los chicos de hoy, sigue sonando fresco, experimental. A la vez esos chicos de los que hablás les deben mucho a Dante y a vos, ¿reconocen esa influencia que tuvieron?

“La libertad de Kuryaki fue un aporte a la cultura, y es un sonido ahora mucho más abrazado”

- Sí… creo que sí, ¡ja! Re humilde. Pero creo que sí. Porque Illya Kuryaki mezcló estilos, no fuimos una mera copia del rap yanqui, lo mezclamos con un montón de cosas, y esa cosa de libertad sí creo que fue un aporte importante a la cultura. Y es un sonido ahora mucho más entendible y abrazado en muchas propuestas de esta era, eso seguro.

- “Mi año gótico” tiene mucho de Kuryaki, el humor, el erotismo, el desparpajo, avenidas que quizás tampoco están tan exploradas hoy…

- Puede ser. Creo que en “Mi año gótico”, a diferencia de otros discos, escuché más Kuryaki, está más presente, me influenció más, toco con músicos que me sugieren cosas de Illya Kuryaki o suenan los temas mientras viajamos… Un poco jugué a “kuryakizarme” en ciertas cosas, como también Dante en su último disco. Cada uno va por su lado pero, de manera natural, cada vez hay más puntos en común.

 

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