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El después de Messi: empieza otra era y estos son los desafíos que tendrá la "nueva" Selección

Por Redacción

La Selección argentina ya está frente a una realidad que durante muchos años pareció imposible: Lionel Messi ya no forma parte de su futuro. El capitán cerró este martes ante Benín una historia de 21 años con la camiseta celeste y blanca y dejó atrás una etapa que excedió largamente lo futbolístico. Ahora comienza una transición que no tendrá un reemplazo individual para el número 10, sino la necesidad de repartir entre varios futbolistas una influencia que durante más de dos décadas estuvo concentrada en un solo jugador.

Messi se despidió con 208 partidos, 126 goles y cuatro grandes títulos con la Selección: la Copa América 2021, la Finalissima 2022, el Mundial de Qatar 2022 y la Copa América 2024. Además, fue protagonista de la campaña que llevó a Argentina a la final del Mundial 2026. Su último partido, ante más de 85.000 personas en el Monumental, terminó con otra demostración de su vigencia: marcó un gol y dio dos asistencias en el triunfo 3-0 frente a Benín. 

Pero el desafío que comienza ahora no pasa solamente por encontrar quién llevará la camiseta número 10. La pregunta es mucho más amplia: ¿cómo funciona una Selección que durante años tuvo la certeza de que, en cualquier momento, Messi podía resolver un partido? Ese es probablemente el vacío más difícil de cubrir.

La función del 10

Messi no cumplía una sola función. Era organizador, asistidor, goleador, ejecutor de pelota parada, referencia ofensiva y, al mismo tiempo, el futbolista al que los rivales debían prestar una atención permanente. Su sola presencia modificaba los planteos. Dos defensores podían estar pendientes de él, un mediocampista podía retrasarse para tapar una línea de pase y un equipo podía cambiar su estructura solamente por saber que enfrente estaba el argentino. A partir de ahora, esa amenaza desaparece.

Argentina tendrá que encontrar otra forma de generar desequilibrio y, probablemente, deberá hacerlo de manera colectiva. Lionel Scaloni ya comenzó ese proceso durante las últimas convocatorias, con una renovación que incluye nombres como Nicolás Paz, Franco Mastantuono, Giuliano Simeone, Valentín Barco, Santiago Castro y otros futbolistas jóvenes que aparecen en el horizonte de la Selección. 

Entre los nombres que pueden asumir mayores responsabilidades aparece Nicolás Paz, uno de los futbolistas que más naturalmente puede acercarse a la función creativa que dejó Messi. Thiago Almada también puede aportar juego entre líneas, mientras que Mastantuono representa una alternativa de talento y desequilibrio todavía en desarrollo.

Pero tampoco hay que buscar un clon de Messi. La otra posibilidad es que la Selección deje de intentar reemplazarlo y construya una estructura diferente.

Julián Álvarez y Lautaro Martínez aparecen como referencias ofensivas. Enzo Fernández y Alexis Mac Allister pueden asumir una mayor responsabilidad en la elaboración. Y jugadores como Nico Paz, Almada, Mastantuono, Garnacho, Soulé o Echeverri tendrán la oportunidad de disputar un espacio que durante años estuvo reservado, de una manera u otra, por el 10. Algunos de esos nombres ya forman parte del radar de renovación hacia el próximo ciclo mundialista.

El otro gran cambio estará en el vestuario

Sin Messi y Nicolás Otamendi, la Selección pierde a dos de sus principales referencias de la última década. Y el encargado de tomar la posta será Cristian “Cuti” Romero. Lionel Scaloni confirmó que el defensor será el nuevo capitán, mientras que Emiliano “Dibu” Martínez y Lautaro Martínez aparecen como otros referentes dentro de la nueva estructura de liderazgo.

La elección de Romero no es casual. El defensor ya había utilizado la cinta en anteriores oportunidades y se convirtió en uno de los futbolistas más identificados con el carácter competitivo de esta generación. También tiene una personalidad muy diferente a la de Messi: mientras el rosarino ejercía buena parte de su liderazgo desde el juego y el respeto ganado durante años, Romero representa una conducción mucho más física, expresiva y temperamental.

El nuevo capitán tendrá, además, una tarea adicional: convertirse en uno de los puentes entre la generación campeona y los jugadores que recién empiezan a aparecer.

Y hay una particularidad que hace todavía más especial su designación. Romero contó que fue el propio Messi, junto con Scaloni, quien decidió que él debía llevar la cinta. “Me eligió para que sea el capitán de la selección”, reveló el defensor.

De alguna manera, el último acto de liderazgo de Messi dentro de la Selección fue elegir a quién le entregaba simbólicamente el equipo.

Pero Messi no desaparece completamente de la Selección. Su relación con la camiseta argentina probablemente cambie de naturaleza. Ya no estará dentro del campo, pero puede convertirse en un espectador de enorme peso simbólico.

La presión que puede generar Messi incluso sin jugar

Durante años, los futbolistas argentinos crecieron observando cómo el 10 resolvía partidos imposibles. Ahora deberán hacerlo sabiendo que él estará del otro lado, como hincha, mirando desde afuera. Una mala actuación será inevitablemente comparada con la época en la que Messi estaba en cancha. Y una nueva generación deberá aprender a construir su propia historia sin vivir permanentemente bajo la sombra del mejor jugador de la historia de la Selección.

Al mismo tiempo, tener a Messi cerca puede convertirse en un estímulo. Su presencia dentro del grupo, sus consejos y su experiencia pueden seguir teniendo un valor enorme, aunque ya no tenga la obligación de resolver nada con la pelota.

Argentina seguirá siendo campeona del mundo, bicampeona de América y una de las selecciones más respetadas del planeta. Pero ya no existirá ese factor diferencial que significaba enfrentar a Messi. Los entrenadores rivales podrán preparar sus partidos sin tener que diseñar una parte importante de su estrategia para controlar al 10.

Eso no significa que Argentina vaya a ser menos competitiva. Significa que tendrá que demostrar que su identidad sobrevivió al futbolista que durante años fue su máxima expresión.

Ese será uno de los grandes desafíos de Scaloni: conseguir que la Selección no dependa de la nostalgia de la etapa anterior y pueda desarrollar nuevas herramientas.

El problema también alcanza al negocio

Messi no solamente llenaba estadios. Su presencia incrementaba el interés televisivo, la exposición internacional, la venta de camisetas y el atractivo para sponsors y organizadores. La despedida ante Benín fue un ejemplo extremo: con más de 85.000 personas en el Monumental y entradas que llegaron hasta los $480.000, se estimó que solamente la venta de localidades podía generar alrededor de 13 millones de dólares. El desafío económico, entonces, será diferente después de Messi.

La AFA construyó durante los últimos años una marca que excedió a un jugador. En 2025, la entidad informaba más de 65 sponsors internacionales y una facturación cercana a los 100 millones de dólares anuales por derechos comerciales. La propia estrategia comercial ya contemplaba qué ocurriría cuando Messi dejara la Selección y planteaba la posibilidad de mantener su vínculo como embajador de la marca AFA. 

El objetivo será demostrar que la camiseta argentina puede seguir siendo un producto global aunque Messi ya no la vista.

También cambiará el atractivo de determinados amistosos. No será lo mismo anunciar un Argentina-Brasil, Argentina-Francia o Argentina-Italia con Messi en el campo que hacerlo sin él. El interés seguirá existiendo por la Selección, por sus resultados y por sus nuevas figuras, pero una parte del público internacional que se acercaba específicamente para ver al 10 tendrá ahora otro motivo para hacerlo.

La buena noticia para la AFA es que Messi deja algo mucho más grande que una camiseta.

Deja una marca Selección fortalecida por títulos, millones de seguidores y una identificación global que no desaparece con su retiro. La discusión ya no es cuánto vale Messi como jugador de Argentina, sino cuánto de todo lo que construyó alrededor de la Selección puede mantenerse sin él. El desafío comercial será convertir el fenómeno individual en un patrimonio colectivo. 

En ese sentido, la Selección tendrá que pasar de una lógica de “Messi y el resto” a otra en la que varios futbolistas compartan protagonismo.

Romero será el rostro del liderazgo. Dibu, Lautaro, Julián, Enzo y Mac Allister tendrán que asumir responsabilidades mayores. Y detrás de ellos aparecerá una camada que ya no tendrá que esperar a que Messi deje espacio: tendrá que ocuparlo.

Quizás esa sea la diferencia más importante entre la Selección que se va y la que empieza.

Durante años, Argentina tuvo a Messi como solución. Ahora deberá demostrar que puede construir nuevas soluciones.

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