Espías en el barro
| 22 de Octubre de 2015 | 01:27
Durante años vimos en nuestras pantallas agentes vestidos con impecables trajes italianos con minucias, puro artificio, gadget, martini y cerebro al servicio de la nación de los buenos, que mantenían impecable el peinado sin importar las explosiones y los disparos que los rozaban sin poder tocarlos.
Y James Bond, claro, era el emblema de aquellos héroes demasiado seductores para que cuestionáramos su licencia para matar. Pero hoy sabemos que el mundo del espionaje no es así.
Hicieron falta numerosos escándalos suscitados por documentos publicados por Wikileaks, profundizados por Edward Snowden, para que el mundo comprendiera la profundidad de las acciones de los servicios de inteligencia en el mundo. Hizo falta un fiscal muerto, una reestructuración de los servicios de inteligencia y una nueva denuncia, realizada anteayer por las diputadas del PRO Laura Alonso y Patricia Bullrich, sobre espionaje a periodistas y políticos, para que Argentina abriera los ojos.
Lejos del glamour que les supo envestir el Hollywood de antaño, hoy los espías televisivos y cinematográficos reflejan los cambios en una audiencia que descree de las intenciones de sus agentes en las sombras y cuestiona la falta de límites que enfrentan de parte de los gobiernos encargados de controlarlos. Si hasta Bond ha pasado del aristocrático Pierce Brosnan al más muscular y desalineado Daniel Craig...
¿El punto de quiebre? Tras el 11 de septiembre de 2001, la forma en que el mundo era concebido para los estadounidenses mutó: de sentirse seguros pasaron a considerar a todos como enemigos potenciales. Y, así, resurgió el género de los espías aunque, claro, el mundo había cambiado: las certezas sobre buenos y malos se diluían y se comenzó a cuestionar, particularmente desde el arte, las represalias que ensayaba Estados Unidos con sus guerras de drones y espionaje global.
Ese mundo sin certezas y con la brújula moral estallada es el que retratan hoy las numerosas series y películas que continúan agrandando el prolífico género del espionaje.
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