Víctor Pessacq
| 8 de Enero de 2016 | 02:11
Bioquímico de vasta trayectoria en nuestra ciudad, Víctor Pessacq, quien falleció a los 72 años, supo conjugar con su aquilatada solvencia técnica y su inalterable ética la cordialidad, la contención y el buen humor, virtudes que le valieron el afecto de colegas, pacientes y convecinos.
Hijo de María Teresa Rodríguez Lenci (“Chola”) y Víctor Pessacq -dueños de uno de los laboratorios clínicos con más historia en la Ciudad-, hermano menor de María Teresa y mayor de Alicia, había nacido el 18 de junio de 1943.
El barrio aledaño con plaza España fue el paisaje de su infancia y adolescencia, entre la casona que compartió con los suyos en 64 entre 7 y 8, el laboratorio por entonces ubicado en 7 y 63, y la Escuela Nº65 “Bartolomé Mitre” de 8 y 67.
Tras completar los estudios secundarios en el Colegio Nacional, ingresó en la facultad de Ciencias Exactas de la UNLP; en sus claustros se graduó como Licenciado en Química con Orientación Biológica,
Desde entonces, su vida profesional transcurrió entre los microscopios y tubos de ensayo del centro de análisis clínicos familiar y los del Instituto Médico Platense (IMP), de cuyo servicio estuvo a cargo durante más de 40 años.
Allí se destacó por su don de gentes y su buena predisposición para facilitar el trámite a los pacientes, se tratase de recibirlos fuera de los horarios estipulados, explicar procedimientos o entregar informes.
En el plano institucional, integró la comisión directiva de la Federación Bioquímica. Atento a las múltiples innovaciones tecnológicas en su campo de acción y el desarrollo permanente de nuevo instrumental, fue uno de los fundadores en el ámbito nacional de la Asociación de Laboratorios de Alta Complejidad.
Casado desde 1970 con Ana María Monachesi, también bioquímica y socia en su laboratorio -ahora situado en 7 entre 64 y 65- y el IMP, se radicó en Villa Elvira, cerca del Aeropuerto local.
Allí convirtió lo que era un descampado en un vergel. Apasionado por la forestación y la jardinería, consideraba que convivir con el verde era una forma de mejorar la calidad de vida.
Aficionado a la carpintería en años de juventud, en tiempos recientes se había volcado junto con su esposa al cultivo de diferentes variedades de orquídea.
Accesible y solidario entre amigos, para quienes era cariñosamente “Vitucho”, eximio narrador de anécdotas y chistes, tuvo cuatro hijos -Víctor, Pedro, Jorge y Andrés-, quienes se prolongaron en un nieto: Víctor, nacido el mismo día que su padre homónimo y que su abuelo, con exactos 34 años de diferencia entre cada generación; una simetría del destino que fue metáfora de tradiciones compartidas y vínculo entrañable.
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