Los mayores de 80 ya superan el millón en nuestro país

Por SILVIA GASCÓN*

El envejecimiento poblacional es un fenómeno que tiene que ver fundamentalmente con tres factores: el descenso de la natalidad, el descenso de la mortalidad y aunque en menor medida, las migraciones.

Mientras que a lo largo del siglo XX el envejecimiento poblacional fue consecuencia de la disminución de la natalidad y de la mortalidad en edades tempranas (particularmente de la mortalidad infantil, mortalidad materna y por enfermedades infecciosas), a partir de los años 70 comienza a verificarse la disminución de la mortalidad después de los 50 años de edad debido a un mayor acceso a la educación, mejoras en las viviendas y avances en el sistema de atención de la salud. Y esto ha redundado en un aumento de la expectativa de vida, es decir los años que viven las personas.

La longevidad es sin duda uno de los acontecimientos más importantes del siglo. Como muestran los últimos dos censos realizados en el país, entre 2001 y 2010 el segmento de las personas mayores de 80 años no sólo fue el que registró el mayor crecimiento relativo (un 32%) sino que ya superó el millón.

En poco tiempo más, Argentina va a tener más habitantes mayores de 60 años que menores de 15, lo que implica un cambio absoluto en la estructura de su población. La pirámide poblacional -conformada por una gran base de jóvenes y un pequeña cúspide de adultos mayores- está adoptando una forma cada vez más cuadrada por la presencia de más personas en su cúspide y menos en su base.

Este fenómeno tiene consecuencias en todos los planos. El sistema previsional deberá estar atento y anticipar los cambios necesarios. Pero también el sistema de salud deberá hacer profundas transformaciones. Para ello los recursos humanos deberán conocer más acerca del proceso de envejecimiento y las nuevas modalidades de gestión a implementar, tales como tele-asistencia, cuidados en domicilio, centros de día y residencias para mayores. Y se deberán rediseñar además las viviendas y las ciudades para que sea posible disfrutar de ellas siempre. En fin, más que pequeños cambios hace falta toda una revolución”.

(*) Psicóloga especialista en tercera edad, embajadora global de Help Age

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SILVIA GASCÓN
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