Una mirada en los océanos a través de los ojos de un tiburón
| 28 de Mayo de 2016 | 23:58
Especial para EL DIA
de National Geographic
Por primera vez, un grupo de científicos estudió los ojos y la piel de un grupo de tímidos tiburones que viven en aguas profundas, en el reino azul oscuro de las penumbras. El equipo descubrió que estos animales poco conocidos se valen de la biofluorescencia para hacerse más visibles, presumiblemente para aparearse.
El equipo también encontró nuevas pruebas de la historia evolutiva de la biofluorescencia en peces que sugieren que el fenómeno es más generalizado e importante de lo que se creía. Hace pocos años que se descubrió la biofluorescencia en peces, y recién se empieza a analizar cómo funciona. Se cree que está presente en más de 200 especies de tiburones y peces óseos, y en las tortugas marinas.
Una nueva investigación publicada en Scientific Reports describe la biofluorescencia en dos especies de tiburones, el Scyliorhinus rotifer y el Cephaloscyllium ventriosum.
Estos pequeños tiburones no superan el metro de longitud y pasan la mayor parte del tiempo en el fondo, a una profundidad de 500 a 600 metros. Son tímidos y de hábitos nocturnos, y suelen esconderse en grietas.
“Lo bueno de esta investigación es que literalmente echa luz sobre animales que suelen ser ignorados”, dice David Gruber, autor principal del estudio e investigador del Baruch College, la Universidad de Nueva York y el Museo Americano de Historia Natural.
“Estas dos especies suelen ser atrapadas por los pescadores sin querer y las estudiamos no lejos de las mejores playas de surf de San Diego, pero nadie les había prestado atención”, explica Gruber.
Los tiburones gato suelen vivir lo suficientemente profundo como para ser iluminados sólo por luz azul, dado que el resto de las longitudes de onda son bloqueadas por el agua.
Los tiburones tienen en su piel un pigmento especial aún no identificado que absorbe la luz azul y la re emite como verde, proceso llamado biofluorescencia. Esta difiere de la bioluminiscencia, en la que los animales o bien producen su propia luz mediante una serie de reacciones químicas, o albergan otros organismos que emiten luz.
Para comprender mejor el funcionamiento de la biofluorescencia, Gruber y su equipo examinaron los ojos de los tiburones. Descubrieron un pigmento visual para la detección del color que les permite a estos animales ver en el espectro azul y verde. Los seres humanos, por contraste, tienen tres pigmentos de color rojo, verde y azul- los que nos permiten ver una gama más amplia de colores. El langostino mantis tiene 12 pigmentos y puede ver en una gama de colores aún más amplia.
Una vez que los científicos calcularon cómo deben ver los tiburones, crearon una cámara “ojo de tiburón” para aproximar la visión. Lo hicieron añadiendo filtros a la lente de una cámara Red Epic para restringir las longitudes de onda de la luz que atravesaba, imitando el ojo de un tiburón. Para realzar el efecto de flourescencia, también a veces encendieron luces azules.
El equipo buceó en Scripps Canyon, en San Diego, en busca de tiburones gato. Con luz natural apenas podían verse contra las paredes del cañón.
Pero a través de la cámara ojo de tiburón, parecían desprender un color verde brillante, gracias a su biofluorescencia, y resaltaban contra el fondo, por contraste, explica Gruber.
“Es como estar en un boliche sólo con luz azul, todo se ve azul”, continúa Gruber. Algunas cosas se ven azul más claro, otras más oscuro. “De repente, alguien entra a la pista con un traje cubierto de pintura fosforescente que convierte la luz azul en verde. Se destacaría del resto. Eso es lo que hacen estos tiburones”.
LA BATALLA DE LOS SEXOS
Las dos especies de tiburones mostraron patrones de brillo distintos y también diferencias entre los sexos. El Cephaloscyllium ventriosum tenía gran parte del cuerpo cubierto de pequeños puntos verde fluorescente (esos puntos se ven beige claro con la luz blanca). Pero las hembras tenían una máscara en la cara formada por puntos brillantes y más densidad de puntos ventrales que se extienden más hacia atrás que en los machos.
El tiburón gato tiene un diseño fluorescente que alterna entre claro y oscuro, pero no tiene manchas. En las hembras el esquema reticulado es aún más pronunciado. En los machos, los clásperos pélvicos, usados como ancla durante el apareamiento, brillan.
Se cree que los tiburones son mayormente nocturnos y solitarios, aunque poco se sabe de su comportamiento o de sus ciclos vitales. Es probable que la biofluorescencia sea importante para su supervivencia, opina Gruber. La explicación más probable es que facilita el encuentro de potenciales parejas.
“También podrían estar valiéndose de la biofluorescencia para comunicarse de alguna forma que aún no comprendemos”, añade Gruber. “Recuerdo cuando los investigadores supieron de la alta frecuencia de los sonidos de los murciélagos y descubrieron toda esa comunicación escondida. Debieron entonces descifrar qué significaba”.
Tampoco queda claro si los predadores de estos animales- tiburones más grandes- o su presa- peces e invertebrados más pequeños- pueden ver el brillo.
El equipo de Gruber dio un paso más y revisó todo lo que se había publicado sobre peces brillantes. Descubrieron que este rasgo pudo haber evolucionado al menos tres veces entre tiburones y rayas, en las familias lejanamente emparentadas de Urotrygonidae (raya redonda americana), Orectolobidae (tiburón alfombra) y Scyliorhinidae (tiburones gato).
Eso es importante porque sugiere que la biofluorescencia juega un papel central en la vida de estos animales. Además, es probable que aún queden muchos organismos brillantes por descubrir. El trabajo de Gruber y su equipo es “emocionante y está en la frontera de esta ciencia”, dice Victoria Elena Vázquez, investigadora de tiburones del Centro de Investigación de Tiburones del Pacífico.
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