El desencanto de las redes

Edición Impresa

LUCRECIA ARCEGUET
Socióloga

A fines de los ´90 apareció en nuestro país Internet y el grado de conexión a la red fue aumentando a lo largo de estos años de manera exponencial. Escuchar hoy que alguien dice que no tiene, por ejemplo Facebook, es considerado casi un extravagancia. Creo que todos, o casi todos hacemos uso y abuso de las redes de comunicación, pero, según noticias que nos llegan, hay ya muchos desencantados de estos medios, o saturados. Yo no he pensado en abandonar Facebook, o el e-mail, por el que estoy escribiendo esto. Pero cuando me enteré de la noticia de que existen grupos que ahora prefieren para comunicarse el teléfono o la mesa de un café, que cerraron sus perfiles, sus sitios, sus muros, sus posteos, que murieron para el sistema, quedé asombrada.Tal vez tenían razón, el tiempo en el que generalmente estamos conectados, sería mas provechoso con un libro, un paseo, escuchar música , y revisé lo que he escrito y lo que me han enviado. En el tema política, he tenido grandes desacuerdos, posiciones divergentes, que me han servido para revisar ideologías. Estoy harta de ver videos de recetas de cocina, platos que nunca haré, las imágenes de santos y vírgenes y el pedido de amén, y he protestado y sugerido que vayan a misa en vez de saturar los muros y también me asombra la gente que pide por la salud de alguien, pidiéndote que compartas una foto y reces. No digo nada, no quiero ofender a nadie diciendo que mejor sería confiar en los profesionales de la salud, porque que yo sepa, Facebook no curó a nadie. Y así, entre los “amén”, los “qué rico !”.y las caritas pesarosas, asombrosamente me doy cuenta, que sumando los test ridículos y los graciosos videos de todo tipo de animalitos, por lo menos un 40% de lo que diariamente vemos, es, al menos, raro. Y estoy pensando si no tendrán razón los desencantados de este tipo de comunicación. Son puntos de vista. También rescato la parte positiva. He forjado amistades con las que me he encontrado personalmente y no precisamente de lugares cercanos, y otras, a las que no conozco pero siento proximidad afectiva, porque eso de encontrarse para charlas, lo impide el tiempo y la distancia. Sería bueno no ser tan fundamentalista, porque cosas interesantes también existen en las publicaciones y uno siempre aprende cosas nuevas. Tal vez, los grupos claudicantes, son los que saben todo o no quieren saber mas.

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